La bancarrota moral de la industria cosmética

En México los estudios que se realizan para probar la seguridad y eficacia de los cosméticos todavía utilizan un gran número de animales siguiendo procedimientos que no se han actualizado desde hace más de 50 años, pero que se exigen en nuestra normatividad.

Por: Poleth Reyes y Elizabeth Téllez

En los primeros días de octubre pasado, se anunció que en California estará prohibida la venta de cosméticos probados en animales y que la multa para quien continúe con este negocio será de 5 mil dólares. Afortunadamente, no sólo Estados Unidos tiene restricciones legales para evitar las pruebas en animales dentro de la industria cosmética, también Guatemala, India, Islandia, Israel, Noruega, Nueva Zelanda, Serbia, Suiza, Turquía y la Unión Europea las tienen.

Desafortunadamente, en México los estudios que se realizan para probar la seguridad y eficacia de los cosméticos todavía utilizan un gran número de animales siguiendo procedimientos que no se han actualizado desde hace más de 50 años, pero que se exigen en nuestra normatividad. Por ejemplo, el artículo 270 de la Ley General de Salud obliga a los fabricantes, importadores y comercializadores de productos cosméticos a contar con estudios de ese tipo. Para tal fin, el artículo 190 del Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios establece que, para comprobar que los productos de perfumería y belleza no causan daño a la salud, deberán llevarse a cabo pruebas de irritación en la piel de diversos animales, así como del índice de sensibilidad e índice de irritación ocular, que son pruebas lesivas y obsoletas que pueden reemplazarse con múltiples alternativas.

Anteriormente, en la NOM-039-SSA1 de 1993 se aceptaban las pruebas ya mencionadas, pero también proponía otras menos costosas y más rápidas, como las de parche por inducción en humanos (con su correspondiente proceso de consentimiento informado); las córneas de bovinos obtenidos de rastro para ser usado como órgano aislado; pruebas en embriones de pollo en los que la membrana interna del huevo se usa como tejido vascularizado, así como algunas pruebas in vitro para determinar toxicidad y destrucción celular, inhibición de crecimiento celular e integridad o permeabilidad de la membrana celular. En estas pruebas alternativas no se usan animales y se sabe que son efectivas, incluso se utilizan en otros países y son aceptadas en su normatividad.

Lamentablemente, dicha norma fue cancelada en el 2003, sustituida y supuestamente superada por la NOM-010-STPS-1999 y por los métodos generales de análisis (MGA) MGA0515 de irritabilidad en piel y MGA0516 de irritabilidad ocular, descritos en la undécima edición de la Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos (FEUM) [1]. Dichas pruebas requieren que los animales sean confinados en bioterios que frecuentemente no cubren con sus necesidades mínimas de bienestar, de libertad de movimiento, temperatura y luz adecuada, establecimiento de jerarquías, acceso a un sustrato para expresar comportamientos normales, etcétera, lo que les genera estrés y sufrimiento en detrimento de su bienestar.

Adicionalmente, las pruebas per se generan una situación de tortura ya que la técnica requiere maniobras invasivas y continuas como sucede con las repeticiones y redesafíos que se realizan sin suficiente manejo del dolor (sin uso de analgésicos), a pesar de que intencionalmente se están causando lesiones en los ojos o la piel que pueden producir desde irritación leve hasta dolorosas úlceras o heridas profundas, dependiendo de lo corrosivo que sea el producto que se está probando. Además, los animales se matan de manera arbitraria al culminar las pruebas debido a protocolos establecidos.

Contradictoriamente, dentro de nuestra legislación también existe la NOM-062-ZOO-1999 que establece estrictos lineamentos para la experimentación con animales que buscan garantizar su buen uso y cuidado a través de la aplicación obligatoria de las alternativas como la reducción del número de animales, el refinamiento de las técnicas experimentales y el reemplazo de los animales (principios conocidos como las 3Rs de Russell y Burch). De esto se infiere que no existe coherencia en la legislación, ya que la aceptación de nuevos métodos por las autoridades reguladoras es difícil porque estiman que la salud pública se puede ver comprometida si el método alternativo no parece tan seguro y fiable como el tradicional in vivo. Pero si en otros países ya se reemplazaron los animales con otras técnicas que funcionan (cultivos celulares, tejidos provenientes de humanos voluntarios, piel sintética), ¿cuál es la razón por la que en nuestro país no se implementan dichas tecnologías?

Desde 1993 se reconocían estas y otras alternativas como factibles, ¿por qué eliminarlas? Con base en el principio de progresividad según el cual se debe avanzar en normatividad para asegurar la no reversibilidad, al haber cancelado la NOM-039-SSA1-1993 se genera un retroceso en los métodos de análisis, pues la FEUM no establece el uso de alternativas éticas que reemplacen el uso de animales en los análisis de irritabilidad en piel y ojos.

Nuestra normatividad debe actualizarse y homologarse con las del resto del mundo reconociendo que este tipo de procedimientos no son éticamente aceptables y que deberían prohibirse todas aquellas pruebas innecesarias en las que la balanza se inclina a favor de un interés secundario del ser humano (como es el uso de cosméticos), en detrimento del interés vital de los animales sometidos a dolor y sufrimiento injustificado [2], especialmente si ya existen marcas que ofrecen productos desarrollados sin provocar crueldad en los animales.

Finalmente, consideramos que como consumidores y consumidoras tenemos la responsabilidad de informarnos acerca de cómo se elaboran los productos que utilizamos y posicionarnos críticamente frente a una industria que provoca dolor y muerte sólo para incrementar su capital y satisfacer necesidades que ella misma inventa.

 

* Poleth Reyes es estudiante de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, prestadora de Servicio Social en el Programa Universitario de Bioética (PUB) y activista en los grupos Anonymous for the Voiceless, The Save Movement y Greenpeace México. Elizabeth Téllez es médico veterinario zootecnista, maestra en Ciencias por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ), y doctora en Bioética, todos por la UNAM. Desde hace 10 años es Profesora de Asignatura del Seminario de Bioética en la FMVyZ y actualmente realiza el posdoctorado en el @bioeticaunam.

 

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

Fuentes:

[1] Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos, 11ª ed. 2014, pág. 411-413.

[2] Leyton, Fabiola. Dilemas bioéticos y controversiales de la investigación con animales. Gaceta CONBIOÉTICA. 2015.

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