¿Ciencia forense y bioética?

Al científico forense o al perito profesional o técnico que intervenga en la resolución de casos se le puede y debe exigir no sólo una conducta apegada a los principios científicos -cuya objetividad no se cuestiona-, sino también a una serie de principios éticos y bioéticos.

Por: Zoraida García Castillo

Existe una anécdota que se repite en el Poder Judicial federal mexicano: en un tribunal colegiado una secretaria proyectista esperaba impaciente a que terminara una sesión de los tres magistrados que lo integraban. Al terminar la reunión, se acercó a su jefe -uno de los magistrados- para preguntarle: “¿Cómo nos fue?” (se refería a si se habían aprobado los proyectos de sentencia que ella había preparado). Él le contestó lacónicamente: “pregúntese cómo les fue a los justiciables”.

Esta frase puede trasladarse de manera idéntica a la labor de quienes ejercen la ciencia forense; es decir, de todo aquél técnico o científico que, con la aplicación de sus conocimientos, auxilia en la resolución de casos controvertidos jurídicamente.

Esto es, en el ejercicio de sus funciones, el perito o el científico forense debe tener presente que lo importante no es su dictamen o su método, sino la repercusión de éste en la vida, bienes e integridad de las personas que intervienen en la controversia.

Se sostiene que la ciencia debe ser aplicada con objetividad, por ser precisamente ésta una característica que le es inherente ¿esto debe ser así?

Los estudios en torno a la bioética sostienen que no, precisamente porque debe existir una amplia y multidisciplinaria reflexión sobre los problemas que la ciencia y la tecnología traen a la vida y a los hechos biológicos; en otras palabras, la aplicación de la ciencia y la tecnología no debe ser ciega a la reflexión desde la ética.

¿Esto también se aplica a la ciencia forense? Sí. Precisamente porque el ejercicio de la ciencia en el ámbito forense repercute en innumerables ocasiones directamente en la vida del ser humano, en su integridad física y mental, en su salud, en el respeto a su autonomía y a su dignidad, incluso después de la muerte.

Esto significa que al científico forense o al perito profesional o técnico que intervenga, con la aplicación de sus conocimientos, en la resolución de casos, se le puede y debe exigir no sólo una conducta apegada a los principios científicos -cuya objetividad no se cuestiona-, sino también a una serie de principios éticos y bioéticos.

En el ámbito forense existen guías y protocolos que rigen el actuar de los técnicos y científicos que intervienen en las diversas áreas del conocimiento de aplicación forense. De hecho, estas guías y protocolos son fundamentales para garantizar la debida diligencia de los análisis, estudios y dictámenes científico forenses. Estas normas deben ser objetivas, claras y basadas en evidencia científica; esto es, en estudios previos en el ámbito científico que sustenten que la metodología es la ideal, la que mejor funciona, la probada.

Estas guías y protocolos constituyen las normas cuyo cumplimiento garantizan el trabajo científico forense correcto y objetivo; pero ¿en dónde queda la evaluación de la actitud bioética del científico forense? En el actuar bioético efectivo, basado en la observación de ciertos principios que, así como se hace en el diseño de las guías y protocolos de prácticas, tienen que ser definidos por la comunidad científica forense, complementada con la opinión externa desde el ámbito jurídico y filosófico.

Para ello, sería necesario constituir un Código de Ética para el Científico Forense, comprendido el perito. Estos principios bioéticos devienen de una actitud que debe asumir el científico de manera personal, libre y crítica; es decir, no impuesta –como ocurre con las guías de prácticas y protocolos-, sino voluntaria en el más amplio sentido. En otros términos, el ejercicio bioético del científico forense tiene que ser ejecutado con plena convicción de que su actuar es el correcto.

Esta “deontología forense” ya ha sido desarrollada en diversos ámbitos de la ciencia forense, sobre todo en países anglosajones, en donde el servicio a la justicia ha estado, tradicionalmente, basado en el prestigio de quien lo ejerce. Podemos rescatar de manera muy bien ejemplificada, los Principios de Responsabilidad Profesional de Laboratorios Científico Forenses, emitidos por la Sociedad Americana de Directores de Laboratorios de Criminalística: En el ámbito profesional, el científico forense habrá de ser independiente, imparcial, objetivo, sin sesgo; realizar las evaluaciones completa y justamente; ser consciente de sus limitaciones; comunicarse honestamente con todas las partes; reportar a las autoridades las conductas cuestionables de otros funcionarios; señalar conflictos de responsabilidad ética y profesional, y no aceptar participar en casos, a partir del pago de sus honorarios.

En cuanto a su competencia y capacidad; debe tener compromiso en el aprendizaje; estar entrenado; ser honesto, justo y objetivo; tener el máximo cuidado con el manejo de muestras y usar controles y estándares apropiados. En relación con la comunicación, tiene que presentar acuciosa y completamente los datos en reportes y testimonios; hacer y guardar los registros completos; no alterar los reportes; fundamentar sus técnicas; testificar sus resultados e intentar cualificar las respuestas más allá de un sí o un no.

Yo agregaría que el científico forense debe tener una perspectiva humanística y de género, al realizar sus investigaciones. En México tenemos un largo camino por andar en el trabajo profesional y bioético en el ámbito de la ciencia forense. Sigamos trabajando en ello.

 

* Zoraida García Castillo es doctora en Derecho, Profesora Titular “A” de Tiempo Completo definitiva y Coordinadora de la Licenciatura en Ciencia Forense en la Facultad de Medicina de la UNAM, desde su creación en 2013. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I, y consejera de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico.

 

@bioeticaunam

 

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