El camposanto llamado México

Apenas en febrero de este año, la PGR señaló que desde el 2006 han localizado más de 400 fosas clandestinas, en las que se han encontrado más de 4 mil cuerpos. Desde 2009, las fosas se han localizado en 16 de los 32 estados, mientras que en el primer semestre del año se habían exhumado ya 192 cadáveres en diferentes fosas clandestinas a lo largo del país.

Por: Sergio Castro Bibriesca (@SergioBibriesca)

La esposa del alcalde José Luis Abarca de Iguala terminaba un discurso ante algunos funcionarios del municipio sobre servicios sociales a familias, mientras algunos vecinos esperaban para la celebración que incluía un baile. Ese 26 de septiembre, los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl isidro Burgos” de Ayotzinapa estaban terminando sus tareas de recaudación de fondos y se reunían para volver al mismo tiempo que la esposa del alcalde terminaba su discurso. Según fuentes estatales, la policía local salió disparando a los autobuses que los normalistas habían tomado para regresar.

Ese 26 de septiembre perdieron la vida seis personas, entre éstas tres estudiantes de la Normal; en ese momento se informó de 57 desaparecidos, de los cuales 15 se escondieron en sus casas y se supo de ellos horas después. En los operativos participaron policías municipales de Iguala y personas vestidas de civil. Después de las ejecuciones extrajudiciales de los tres normalistas, un jugador de futbol de un equipo de tercera división, el chofer del camión que transportaba a la escuadra chilpancingueña y una mujer que viajaba en un taxi, fueron detenidos 22 policías municipales y, con base a algunas declaraciones de los policías involucrados, fueron ubicadas cinco fosas clandestinas en Pueblo Viejo, Iguala. De esas fosas fueron extraídos 28 cuerpos.

El 10 de octubre se dio a conocer la existencia de otras cuatro fosas más. Ante la desconfianza de compañeros y familiares de los normalistas desaparecidos, trabajan en la zona nueve especialistas argentinos en las labores de identificación de los cuerpos. Un comité de la Normal de Ayotzinapa indicó que sólo aceptarán los resultados de las pruebas de ADN de sus compañeros desaparecidos si son avalados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que desde el 6 de octubre recaba datos en Guerrero.

El 14 de octubre el procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, anunció que los 28 cuerpos encontrados en las cinco fosas clandestinas no corresponden a los normalistas desaparecidos. Ese mismo día, el EAAF informó que aún no tiene sus propios resultados para descartar que los 28 cuerpos encontrados en las primeras cinco fosas de Iguala no corresponden a los estudiantes normalistas. El EAAF señaló que, “posiblemente dentro de tres semanas”, puedan dar sus resultados.

El 16 de octubre se dio a conocer que seis fosas clandestinas más fueron localizadas por la Policía Comunitaria de la Costa Chica, la cual realiza una tarea de búsqueda de los 43. Con el nuevo hallazgo son 15 las fosas localizadas hasta el momento en los alrededores de Iguala.

Las 15 fosas clandestinas encontradas en Iguala –hasta el momento- se suman a un número de fosas en el país, ya por sí mismo robusto; apenas en febrero de este año, la Procuraduría General de la República (PGR) señaló que desde el año 2006, en territorio mexicano, han localizado más de 400 fosas clandestinas. En esas fosas se han encontrado más de 4 mil cuerpos. Desde 2009 se han encontrado fosas con cuerpos en 16 de los 32 estados, tanto en el noroeste, el occidente, el norte y el sur del país. Apenas en el primer semestre del año, en el país se habían exhumado ya 192 cadáveres en diferentes fosas clandestinas a lo largo del país.

En junio pasado el Relator Especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó ante el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, el informe sobre su visita oficial a México llevada a cabo entre el 22 de abril y el 2 de mayo de 2013. El Informe demuestra que en México existen “no menos de 70 mil homicidios intencionales, cometidos entre 2006 y 2012”, relacionados con la “Guerra contra el narcotráfico” emprendida por el ex presidente Felipe Calderón. La Secretaría de Gobernación (SEGOB) ha declarado que en el país existen 26 mil 121 desaparecidos. Con esta premisa, según Amnistía Internacional (AI), en los últimos seis años hay 15 mil cuerpos sin identificar en el país. Como botón de muestra, tan sólo en 2013 se encontraron 419 cadáveres en territorio mexicano, de ellos, sólo se identificaron 35.

Ante esta problemática de resultados de las instituciones del Estado, y como parte de la reparación de daños, en México se formó en mayo del año pasado el Equipo Mexicano de Antropología Forense (EMAF), y para uno de sus integrantes, que prefiere no dar su nombre por motivos de seguridad, “las instituciones en México carecen de expertos de otras áreas para hacer el trabajo forense”. El integrante del EMAF explica que las instituciones no cuentan con arqueólogos, “lo cual es esencial para hacer excavaciones”, ya que añade que han visto trabajos que hace personal de la PGR, en donde “sólo van antropólogas y eso dificulta un poco el trabajo”.

Esa dificultad se encuentra “al no saber qué tipo de trabajo se lleva a cabo con la Arqueología y la Antropología. También creo que les hace falta una capacitación continua, pues siempre te enfrentas a variantes de los hechos, puede ser desde una exhumación, una fosa, una cisterna o al aire libre. Entre más casos lleves, podrías acumular más experiencia en el trabajo de recuperación y registro”.

El equipo mexicano busca integrar diferentes disciplinas, como la Antropología Social, Arqueología Social, Etnohistoria, Etnoligüistica “y llevarlos a nuestro trabajo”. Por lo tanto, el trabajo que se intenta en el EMAF es integral, “y eso lleva tiempo”. Muchos de los integrantes ya han formado parte de las instituciones gubernamentales: “Uno de nosotros trabajó por cuatro años en el Equipo de Antropología Forense en Ciudad Juárez, pero los ritmos de trabajo y la presión es muy fuerte” y en los casos con los que se trabajaban “no tenías tanta injerencia, pues tú trabajo sólo se quedaba en eso, en la identificación de los restos y ya, es por eso que queremos ampliar la visión de nuestro trabajo”.

El equipo argentino en Iguala dio un plazo de 15 días a dos meses –en un inicio- para tener resultados de sus investigaciones en la identificación de los cadáveres encontrados hasta el día de hoy en las fosas. El integrante del EMAF explica que el tiempo que se puede tomar para una investigación depende mucho del estado de conservación del cuerpo para establecer un perfil genético, tanto de la familia como de los restos que se encuentren en el lugar. “Una de las partes más laboriosas se hace desde campo, desde una fosa por ejemplo, donde se tienen que individualizar los restos para saber a quién corresponden, y poder saber la secuencia de los hechos”.

Ya teniendo plenamente identificados estos hallazgos, “podríamos hablar que para obtener un perfil podríamos tardar de 15 días a tres meses, pues depende también de las pruebas que se manden al laboratorio”. Sin embargo, como ha ocurrido en Iguala, “las autoridades pueden entorpecer la investigación, o bien, como en algunos casos, incomodar a la hora de trabajar, pues incluso te puede tocar un militar a tu lado con un arma en sus manos”.

Siendo un perito independiente, “en ocasiones el Ministerio Público (MP) te confronta, porque ellos creen que estamos peleando con el Estado. Es difícil trabajar con la autoridad mexicana, pero si uno les da un argumento contundente te permiten involucrarte de forma directa”.

Frente a los 15 mil cadáveres sin identificar en México en los últimos seis años, “no debemos olvidar que hay muchos restos y que no se han identificado o encontrado restos de personas que desaparecieron hace más de 40 años. Una de las cosas que también queremos rescatar es la memoria histórica, para entender también por qué vivimos en un contexto como el actual”.

Para el EMAF, un caso que se resuelva de forma exitosa, “no sólo basta con la identificación de un cuerpo, sino trabajar con la familia en el aspecto psicosocial o legal, encontrar a los culpables del hecho y que sean castigados”.

De confirmarse que los primeros 28 cuerpos encontrados en las primeras cinco fosas en Pueblo Viejo, Iguala, no corresponden a los normalistas desaparecidos, estaríamos ante la interrogante de saber qué historias, rostros y vidas se eclipsaron bajo esas tierras guerrerenses. Y se abre otra más: ¿dónde están los normalistas?

 

 

*Sergio Castro Bibriesca es periodista de temas sociales; co-autor del libro “#YoSoy132, voces del movimiento”. Colaborador en Revolución 3.0.

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