El Movimiento #Metoo llegó para quedarse

La violencia contra las mujeres basada en su género no son cosas de Hollywood. América Latina es la región más violenta contras las mujer.

Por: María Corina Muskus Toro (@macomuskus)

“Estaba en el set ese día que íbamos a grabar la escena que pensaba iba a salvar la película cuando, por primera y última vez en mi carrera, me derrumbé. Mi cuerpo empezó a temblar incontrolablemente, me quedé sin aliento y comencé a llorar y llorar sin poder detenerme como si estuviera vomitando lágrimas”.

“Abrí mi primera carta de parte de un fan y lo que leí fue una fantasía que un hombre me había escrito en la que me violaba”.

“Los tratamientos contigo eran obligatorios. Te aprovechaste de eso, tumbado sobre mi estómago contigo en mi cama insistiendo en que tu toque inapropiado ayudaría a sanar mi dolor. (….) Nunca me sanaste, te aprovechaste de nuestras pasiones y nuestros sueños”.

Las historias de Salma Hayek, Nathalie Portman, y Aly Raisman son compartidas, con sus diferencias, por otras mujeres que han sido víctimas de violencia. Muchas de ellas se han unido en redes sociales para denunciar con el hashtag #metoo o #yotambién. Aunque Tarana Burke fue la primera mujer afro en comenzar con el movimiento #metoo, éste cobró auge el año pasado luego del artículo publicado por el New York Times sobre el patrón de abusos por Harvey Weinstein. La realidad es que la violencia contra las mujeres basada en su género no son cosas de Hollywood. América Latina es la región más violenta contras las mujer.

Sí, detente y mira a tu alrededor: 1 de cada 3 mujeres ha sufrido de violencia, 35% de las mujeres en todo mundo han sufrido violencia. Que se entienda bien: la violencia no significa un moretón en tu ojo, o unas cicatrices en tu pecho, la violencia también es verbal y psicológica.  Por eso es importante el movimiento #metoo, que le da fuerza, valor y coraje a todas las mujeres que no están dispuestas a callar y a aquellas mujeres que por muchos años habían callado ante el abuso, el acoso y la violencia; nombrando, al fin, lo que por muchos años se sabía, se conocía, pero no se hablaba.

El #metoo llegó para quedarse, ya es hora que entremos en temas de conversación que rompan esquemas, es momento de abrir los ojos. El movimiento #metoo llegó para distinguir entre acoso y galantería o coqueteo. Ya hemos visto que el movimiento ha recibido críticas por “ser puritano”. No, no es que las mujeres aliadas o que nos identificamos con el movimiento #metoo estemos en contra de la galantería, es que el acoso se ha disfrazado de galantería por mucho tiempo y se ha utilizado como excusa para perpetrar violencia, acoso e, incluso, violación.

El movimiento #metoo llegó para que repensemos las dinámicas actuales y preguntemos ¿por qué Grace (nombre ficticio) durante una cita con Aziz Ansari, creador de la serie Master of None, se sintió amenazada de forma sexual por comportamientos que no fueron para ella los adecuados? Son precisamente estos casos donde necesitamos entrar en discusiones sobre la sexualidad, cómo las mujeres y los hombres la entendemos (en estos casos desde un punto de vista heteronormativo). Estas historias no le quitan valor al movimiento #metoo, en contra del acoso y el abuso sexual, éstas deben ser las historias en las que precisamente debemos detenernos tanto hombres como mujeres y conversar sobre lo que estamos entendiendo por el consentimiento.

Por ejemplo, en relaciones heterosexuales, más mujeres que hombres relacionan su satisfacción sexual de conformidad con la satisfacción de su pareja. Hombres jóvenes afirman que ellos están satisfechos sexualmente por su propio orgasmo, a diferencia de las mujeres que afirman que si su pareja está satisfecho, entonces ella está satisfecha. Ahí tenemos un problema y es que desde pequeñas enseñamos a las niñas a ser delicadas, a ser cuidadosas, a cerrar las piernas, a no ir al baño solas, a ser atractivas para los niños, a no ser demasiado inteligentes porque espantamos a los hombres, a que si decimos no, somos muy agresivas, que tenemos que seamos delicadas, entre muchos otros estereotipos asociados al género. Cuando somos líderes se nos dice mandonas. Pero ¿y a los niños que les enseñamos? A ir por lo que quieren, a ser agresivos y machos, a demostrar quiénes son, a no llorar porque “es de niñas”. Comencemos por impartir una cultura de respeto y de consciencia. Como muy bien dijo Nathalie Portman “Quizá los hombres pueden decir y hacer lo que quieran, pero la mujer no. El sistema actual inhibe a las mujeres de expresar sus deseos y necesidades, de buscar su placer”.

Este sistema profundamente patriarcal inhibe a las mujeres y niñas no sólo de expresar deseos sino también es una cultural que desconfía de la víctima. Un sistema revictimiza a las mujeres porque no parecen lo suficientemente afectadas por los hechos, como sucedió en el caso de la violación grupal de San Fermin en España, cuando el juez incluyó dentro del expediente de la investigación el informe de un detective sobre la vida privada de la víctima posterior a los hechos para deslegitimar la acusación. Este es el mismo caso de la Daphne, joven mexicana agredida sexualmente por cuatro jóvenes. Su caso ha sido calificado como un ejemplo de la pésima actuación del Poder Judicial en delitos relacionados con la violencia sexual. Como planteó Jessica Valenti de forma reciente ¿Cuándo vamos a tener más preocupación por la mujer víctima del abuso que por el hombre acusado?

* María Corina Muskus es integrante del área de Incidencia en la @CMDPDH.

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