Ayotzinapa: de la indignación a la acción cívica (4/4) - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
C al cubo
Por Central Ciudadano y Consumidor
Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las lib... Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las libertades, derechos fundamentales, transparencia y educación de los ciudadanos y consumidores, para que participen con mayor eficacia en el desarrollo y evaluación de sus instituciones. (Leer más)
Ayotzinapa: de la indignación a la acción cívica (4/4)
En esta cuarta y última entrega de la serie, los mexicanos que residen en el extranjero decimos: queremos un México en donde impere el Estado de Derecho, no la ley del más fuerte. Queremos un México en donde los niños tengan derecho a serlo. Queremos un México en donde los jóvenes sean tratados como el futuro del país, no como una amenaza.
Por Central Ciudadano y Consumidor
24 de octubre, 2014
Comparte

Desde el extranjero: “Mexicanos al grito de…”

 

Por: Gisela Avila

Soy mexicana.

Por razones primero profesionales y luego familiares, he pasado una tercera parte de mi vida viviendo en el extranjero. Sin embargo, a pesar de la distancia y el tiempo, mi vínculo con México sigue igual o más fortalecido que el día en que salí de él. No hay día en que la idea de una jícama con chile, una canción mexicana en la radio o encontrar un aguacate o un limón mexicano en el supermercado a miles de kilómetros de distancia de mi patria, no me arranque una sonrisa, un suspiro o hasta una lágrima en los días más oscuros. Estar lejos físicamente no significa sacarse a México del corazón, dejar de sentirlo, de añorar a su gente y su riqueza.

Como miles de mexicanos que vivimos fuera, trato de leer todos los días los periódicos mexicanos y las noticias vinculadas con mi país. Es una práctica que nos ayuda a sentirnos parte de un colectivo, a mantener nuestra identidad cultural. Pero esta práctica se ha vuelto cada día más dolorosa. Ayer despertamos con Tlatlaya, hoy con Ayotzinapa, mañana con nuevos cuerpos encontrados, la rebatinga por las cifras y el deslinde de responsabilidades en otra parte del territorio nacional. Un día y el otro también, encontramos noticias devastadoras sobre el país que nos vio nacer, el país que nos hizo quienes somos, nuestro México, el de nuestros familiares y el de muchos de nuestros amigos.

Creo estar hablando por la mayoría de los mexicanos cuando digo que el primer impulso que se tiene ante esta barbarie es cerrar el periódico, apagar el noticiero, tratar de pensar en otra cosa, disfrutar las cosas buenas que nos rodean. Pero ese impulso ya no funciona. No se puede estar tranquilo viendo cómo la tierra en que nacimos se desgaja cual si fuera un monte enmedio de un huracán. No se puede vivir en paz sabiendo que todos los días en México a una persona le es arrebatada la vida brutalmente para convertirla en estadística por el simple hecho de estar en el mal lugar en el mal momento. No se puede alejar de la mente el que nuestro país se ha convertido en una fosa clandestina. Estamos preocupados por la deshumanización de las estructuras de poder, por el cinismo y la velocidad con que una nueva tragedia tapa la anterior. Sabemos que cualquier persona en cualquier parte del país es una víctima potencial de este horror.

Cada vez que conozco a algún extranjero la primera pregunta que recibo al decir mi nacionalidad es: ¿de verdad las cosas están tan mal en tu país? Hace unos años me preguntaban que qué hacía lejos de ese paraíso.

A mí y a millones de mexicanos nos queda claro que el Estado mexicano atraviesa una de las peores crisis en su historia. Que los partidos políticos hace tiempo que dejaron de representar a los ciudadanos para representarse a sí mismos. Que la sociedad civil y los informadores comprometidos se han convertido en un “target” para el crimen organizado ante la impunidad que garantizan un gobierno y una oposición incapaces y/o corrompidos hasta el tuétano.

Se volvió insoportable la complicidad entre autoridades y partidos políticos, en donde nadie renuncia por más probada que esté su responsabilidad porque unos y otros tienen cola que les pisen, echándose la bolita mientras cruzan los dedos y prenden veladoras esperando que el siguiente escándalo sea tan grande que los quite de la mira. En cualquier país del mundo con un mínimo de democracia hace mucho tiempo que habrían rodado las cabezas de las autoridades incompetentes y corrompidas. Pero en México eso aún no es posible. Y ante esta crisis, la sociedad mexicana agoniza sin saber si seguir aguantando o si ya debe decir “hasta aquí”.

Y me pregunto, al igual que hacen miles de mexicanos radicados en Estados Unidos, en Francia, en Bélgica, en Polonia, en Alemania, en España, en República Checa, en Australia, en China, en Japón, en Dinamarca, en Reino Unido, en Argentina, en Chile, en India, en Sudáfrica: ¿qué puedo hacer para ayudar en el cambio de rumbo? ¿Cómo transformo esta ira y esta impotencia en algo positivo? ¿Cómo puedo ayudar al mexicano que, al igual que yo, mira indefenso cómo la hiedra crece y le rodea, corrompiendo todo a su alrededor? Porque a través de las redes sociales encontramos que estas preguntas se repiten en gente de todas las edades, de todos los estratos sociales, de todos los perfiles, en todos los rincones del planeta.

Y en la búsqueda de respuestas, algunos nos manifestamos frente a nuestras Embajadas, otros lo hacemos en plazas públicas, o a través de manifestaciones culturales como conciertos, exposiciones y muestras de cine. Otros más firmamos cartas a través de plataformas como CitizenGo, Avaaz, etc., o entregamos cartas a autoridades extranjeras, convencidos de que el Estado mexicano sólo se conmueve ante la presión internacional. Y otros más estamos atentos, esperando a que alguien tome la iniciativa que nos una en esta lucha por cambiar el rumbo que ha tomado México. Porque vivir en el exterior no nos hace menos mexicanos, menos sensibles al horror actual. ¡Al contrario! La distancia nos permite ver las cosas con claridad, sin tanto apasionamiento, con una experiencia internacional que nos hace conscientes de que es posible vivir en paz y tranquilos, sin ser perseguidos, con perspectivas de futuro. Que lo que pasa en México NO es normal. No debe serlo nunca.

 

Foto 1 blog C al cubo 24oct14

En el marco de las manifestaciones de mexicanos en el exterior a partir del asesinato de seis personas y la desaparición forzada de otros 43 estudiantes en la ciudad de Iguala, un grupo de mexicanos que viven en República Checa se reunió para mostrar su solidaridad con las familias de los jóvenes desaparecidos y para demandar justicia al gobierno de México. El lugar de encuentro fue en el llamado “Muro de John Lennon”, sitio iconográfico desde la década de los 80’s en la ciudad de Praga. Este muro fue fuente de preocupación para el régimen comunista, debido a que jóvenes checos utilizaban este espacio para protestar contra  el régimen. Actualmente, es un símbolo de los ideales globales “amor” y “paz”.

 

Y bien. Estoy convencida de que llegó la hora de decirlo. De gritarlo a los cuatro vientos. Queremos un México en donde impere el Estado de Derecho, no la ley del más fuerte. Queremos un México en donde los niños tengan derecho a serlo. Queremos un México en donde los jóvenes sean tratados como el futuro del país, no como una amenaza. Queremos un México con funcionarios capacitados para el cargo que devengan, no con caricaturas al servicio de intereses oscuros. Queremos partidos políticos que trabajen en beneficio de los ciudadanos, no en su propio beneficio. Queremos un México que sea referente internacional por su defensa de los derechos humanos, no un país que cada vez con mayor frecuencia se sienta en el banquillo de los acusados. Queremos un país que trate con respeto y dignidad a las víctimas de esta guerra, no que las criminalice.

Hoy sabemos con certeza que al gobierno lo único que le duele es la opinión internacional. Por ello a partir de ahora no debemos cejar en nuestro afán por ser escuchados. Porque se lo debemos a nuestros muertos y desaparecidos, pero también a nuestros familiares y amigos que viven en esta pesadilla día con día. Y si el Estado mexicano no quiere escuchar a su propio pueblo, tal vez escuche a las autoridades de otros países, a sus socios comerciales.

Porque los mexicanos que vivimos fuera del territorio nacional tenemos vínculos con México, pero también tenemos vínculos sociales, educativos, culturales y comerciales en el país donde vivimos. Porque en el día a día somos pequeños embajadores de nuestra patria y anhelamos volver a ella. Porque dentro, pero también fuera de México hay un ejército de ciudadanos enamorados de su país pero cansados de tanta corrupción e impunidad. Porque como sociedad mexicana nos unen raíces, tradiciones y cultura pero también nos une el terror a ser los siguientes en la lista. Porque nos une el anhelo de un México próspero que heredar a nuestros hijos. Es tiempo de unir nuestras voces. Que nadie pueda ya apagar el grito de los mexicanos.

 

* Gisela Avila Ha vivido en varios países de Europa. Tiene experiencia de cooperación internacional entre México y la Unión Europea. Ha desarrollado proyectos culturales y educativos con comunidades mexicanas en el exterior.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.