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Crisis e inseguridad: ¿se trata de ser humanos?
La desigualdad en México no solo significa pobreza y falta de acceso a bienes y servicios por parte de la mayoría población. Y es que aunque la desigualdad en el ingreso y la falta de acceso a oportunidades no son la única causa de todo mal, considero que estos factores afectan profundamente el tejido social.
Por Central Ciudadano y Consumidor
21 de julio, 2015
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Por: Laura Méndez (@lauramendez)

Durante las últimas semanas hemos visto diversos índices que apuntan hacia lo mismo: México es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México es el segundo país con mayor desigualdad en el ingreso de los 34 países que integran la organización. Para quienes nos observan desde afuera, y tienen una idea de México, la pregunta es cómo puede estar sumida en la pobreza la mayoría de la población en un país con tantos recursos energéticos, naturales, culturales y turísticos. No es el objeto del presente artículo discutir sobre las fallas de nuestro sistema de gobierno, que vaya son muchas. El propósito es más bien, poner sobre la mesa lo que me lleva dando vueltas en la cabeza, y quisiera pensar, en la de muchos otros también: ¿Que podemos hacer?, o acaso, ¿es que ya no se puede hacer nada?

Recientemente han llovido noticias que a muchos nos han conmovido. En algunos casos, muchos nos hemos visto cerca de situaciones de peligro dada la inseguridad atraviesa el país,- y hemos pensado que “la hemos librado”-, en otros, más lamentables, seres queridos han sido víctimas de dicha inseguridad. También hemos visto noticias sobre situaciones tan estremecedoras como las negligencias médicas en los hospitales públicos, o bien, casos de maltrato infantil en las instituciones de educación básica. También nos hemos llenado de indignación con noticias como el segundo escape del Chapo. Ante todo esto, escuchamos muchos tonos desesperanzadores a nuestro alrededor.

El panorama no luce bien, es cierto. Sin embargo, quizá se puede hacer algo y estemos a tiempo. La desigualdad en México no solo significa pobreza y falta de acceso a bienes y servicios por parte de la mayoría población. Y es que aunque la desigualdad en el ingreso y la falta de acceso a oportunidades no son la única causa de todo mal, considero que estos factores afectan profundamente el tejido social. En este sentido, cuestiones como la inseguridad no pueden entenderse como desconectadas de esa realidad tan dolorosa. La mayoría de los mexicanos no tiene acceso a educación de calidad, a la salud, a una vivienda digna y decorosa, a una buena educación, ya mucho menos hablemos de cuestiones más sofisticadas, como el acceso a internet o a servicios financieros (donde tienen que recurrir a mecanismos de crédito muchas veces abusivos, por no decir, usureros).

La realidad anteriormente descrita nos ha llevado a un México que podría describirse como aquella película de la época de oro, un México de “Nosotros los pobres, ustedes los ricos”, y agregaría “y viceversa”. Un México polarizado, dónde la clase media es muy baja, como para estar cerca de la alta. Un México donde la indiferencia se ha instalado en las diferencias sociales para quedarse. La falta de empatía entre nosotros es algo que a mi parecer, va creciendo cada vez más. Lo anterior puede llevar a un conflicto entre clases sociales, dónde los resentimientos pueden florecer. La falta de mecanismos de sociedad civil que amortigüen estas enormes disparidades sociales podría ser una de las causas de la descomposición social que hoy vemos.

Así, considero que la tensión social que genera la pobreza y la desigualdad en nuestro país ya no es un asunto menor, aunque parezca algo no urgente para la clase política. La facilidad con la que una persona puede jalar un gatillo por robar mil pesos, nos advierte que estamos atravesando, como sociedad, por una deshumanización. Lo mismo, el ignorar y no sentir compasión por los niños explotados en la calle, verlo como normal, es también deshumanización. El enojarse por el tráfico que genera un accidente fatal, porque uno llegará tarde al trabajo es también deshumanización. Apenas el fin de semana me tocó presenciar un accidente donde gracias a un “bache” en medio de Circuito Interior un motociclista salió volando. Era increíble, todos se fueron de la zona. Nadie se había quedado a proteger con su automóvil al hombre tendido en el suelo. Entonces me pregunto si es que a todos nos falta ponernos más en los zapatos del otro.

Quiero pensar que como yo, varios coinciden en que algo se debe hacer. Al menos, en que algo está mal, y que de alguna forma todos somos responsables en encontrar la solución. Si alguno de los lectores ha sentido un profundo dolor cuando escucha que un paciente muere en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por una negligencia; si se le encoge el estómago cuando en las redes sociales ven a un padre clamar ayuda por encontrar a su pequeño hijo robado afuera de su casa; si valora lo que tiene al visitar una región indígena y siente que esas personas deberían tener las mismas oportunidades que tuvimos nosotros; si hay afuera mexicanos (as) que aún sienten indignación por estas situaciones, estoy segura que entonces algo podemos hacer. Habrá que empezar entonces por reconocernos entre nosotros y formar una red ciudadana, que puede ser facilitada por organizaciones sociales como esta.

Concluyo señalando que para solucionar problemas tan graves como los que enfrenta México, no hace falta ser más duros, aunque si hace falta una aplicación más estricta y equitativa de la ley. Pero más allá de eso, hace falta ser más humanos. El momento en el que reine la indiferencia en cada uno de nosotros, en ese momento creo que efectivamente nos tendremos que dar por vencidos.

 

 

* Laura Méndez es ciudadana comprometida con su entorno. Maestra en Derecho de la Competencia Económica. El artículo constituye una visión estrictamente personal de la autora.

 

 

Para más cifras de desigualdad, se puede ver el reporte de Gerardo Esquivel para Oxfam

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