Distopía urbana - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
C al cubo
Por Central Ciudadano y Consumidor
Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las lib... Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las libertades, derechos fundamentales, transparencia y educación de los ciudadanos y consumidores, para que participen con mayor eficacia en el desarrollo y evaluación de sus instituciones. (Leer más)
Distopía urbana
64 millones o el 56.8% de los mexicanos vivimos en 59 zonas metropolitanas donde, para la gran mayoría de quienes habitan en sus extremos, tener acceso a una mejor calidad de vida es un reto frente a la cotidiana pobreza, segregación, desempleo, subempleo y delincuencia, de acuerdo con CONAPO. Lo anterior debido a que no cuentan con los suficientes ingresos para cambiar de localidad a una más céntrica, con mejores sistemas de transporte, servicios y amenidades.
Por Central Ciudadano y Consumidor
25 de mayo, 2015
Comparte

Por: Román Meyer (@MeyerFalcon)

Si no se resuelven los problemas que se están agolpando en las ciudades, las consecuencias serán terribles para sus habitantes y para el país. En 2004 el INEGI definió una zona metropolitana como el conjunto de dos o más municipios donde se localiza una ciudad de más de 50,000 habitantes, cuya área urbana, funciones y actividades rebasaron el límite del municipio que originalmente la contenía. En sentido práctico, resalta el hecho de que en las últimas cinco décadas las zonas conurbadas han experimentado un crecimiento a lo largo del país. Para muchos de nosotros estas zonas y en especial sus periferias nos remiten a un mundo sobrenatural, salido de la película Blade Runner, gris de poco colorido, conformado por un extenso o infinito patrón de viviendas que carecen de adecuada planeación, amenidades, servicios e infraestructura básica y que, a fin de cuentas, parecen estar alejado del todo.

El Consejo Nacional de Población (CONAPO) en su último reporte del 2010 señala que 64 millones o el 56.8% de los mexicanos vivimos en estas 59 zonas metropolitanas donde, para la gran mayoría de quienes habitan en sus extremos, tener acceso a una mejor calidad de vida es un reto frente a la cotidiana pobreza, segregación, desempleo, subempleo y delincuencia. Lo anterior debido a que no cuentan con los suficientes ingresos para cambiar de localidad a una más céntrica, con mejores sistemas de trasporte, servicios y amenidades. Múltiples estudios remarcan los grandes problemas que ocurren dentro de estas periferias: un mayor índice de delincuencia, falta de crecimiento económico, carencia de servicios, bajo nivel escolar e incluso una mayor tasa de embarazos no deseados entre adolescentes, lo que envuelve a esta población en un círculo vicioso.

La importancia de los centros urbanos en el desarrollo económico se puede ver en los ingresos que obtienen las familias. Por ejemplo, en un experimento en Estados Unidos que permitió que ciertas familias en zonas urbanas marginadas tuvieran la oportunidad de reubicarse a vecindarios con mayor nivel socioeconómico mediante préstamos hipotecarios, se demostró que los hijos de estas familias seleccionadas obtenían en promedio 31% más de ingresos que sus contrapartes, aquellos cuyos padres no tuvieron la oportunidad de desplazarse a una mejor colonia (The Economist, May 9TH 2015, pág. 13).

Estos fenómenos de decadencia urbana no solo ocurren en países del tercer mundo. La ciudad norteamericana de Detroit, que fue símbolo de prosperidad económica e ícono de la industria automotriz norteamericana –en pocas palabras “el sueño americano”–, se empezó a colapsar en la década de los 80 cuando el incremento de los precios del combustible, impulsado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), golpeó el corazón de la industria. Junto con otros factores, lo anterior derivó en una pérdida de capital humano: se pasó de 1.8 millones de habitantes en 1950 a 700,000 en 2013, quedando, en gran medida, sólo aquellos que no contaron con los recursos y oportunidades para salir. Detroit evoca el día de hoy un paisaje urbano similar al de un campo de batalla, con un gran número de casas, comercios, y parques abandonados o en ruinas, similar a lo que podemos ver en ciertas ciudades de México como la ciudad costera de Acapulco, la más violenta del país y la tercera a nivel mundial, según un estudio del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.

Sin que los precios del petróleo influyan directamente en el declive urbano de nuestras ciudades, tenemos un factor que incide de un modo mucho más fuerte: la inseguridad. Hoy en día diferentes instituciones, órganos de gobierno, medios de comunicación y la propia sociedad civil están volteando a ver a estas periferias no por el interés de cambiar la vida de quienes habitan en ellas o para mejorar la precaria situación en temas de equidad, seguridad y equipamiento urbano, sino porque es aquí, en su gran mayoría, donde se lleva a cabo el campo de batalla entre los diferentes cárteles del crimen organizado y el gobierno, sumando un total de 150,000 muertos según las cifras presentadas por el secretario de defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, en el 2012.

Estas “Zonas de Guerra” son los bordes de las zonas metropolitanas del Valle de la Ciudad de México, Guadalajara, Morelia, Monterrey, entre otros. Obedeciendo las leyes del mercado, en estos bordes desprotegidos recluyen a los de menor capacidad adquisitiva dentro de áreas carentes de prácticamente todo: equipamiento urbano, planeación e instituciones adecuadas que administren estas áreas, que quedan entonces vulnerables y en manos de aquellos grupos que tienen la capacidad para hacerse de kilómetros cuadrados de la ciudad y convertirlos en sus bases de operación de actividades ilícitas como son el secuestro, la extorsión y el cobro de derecho de piso, dejando parcialmente como resultado un total de 103 mil casas abandonadas según un informe del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT), de las cuales casi el 30% están en los estado de Tamaulipas, Estado de México y Nuevo León.

Lamentablemente el enfoque de las autoridades para combatir este problema casi siempre carece de un entendimiento adecuado, ya que al combatir simplemente mediante tareas policiacas a los grupos delictivos en estas conurbaciones se atacan los efectos más no las causas, mismas que están vinculadas con el estancamiento económico y una gran inequidad social que se magnifica y replica en las urbes.

Si queremos ver un cambio a mediano y largo plazo en disminuir la violencia que abruma estas zonas debemos hacer un gran esfuerzo por entender sus problemas y carencias, para avocarnos no a intervenir con políticas de militarización sino combatir las inequidades reflejadas en el espacio público. Sólo mejorando profundamente la responsabilidad y eficiencia de las autoridades, logrando mecanismos para la remoción de aquellos servidores públicos corruptos y que carezcan de los conocimientos adecuados, entonces y solo entonces podremos empezar a encontrar un camino para aquellos millones de jóvenes que, carentes de oportunidades, son carne de cañón del crimen organizado.

 

*Román Meyer es maestro en Gestión Urbana (UPC). Se ha enfocado en la administración de proyectos de diverso enfoque siempre vinculados a temas urbanos como son salud pública, movilidad, evaluación financiera, desarrollo inmobiliario, entre otros. Co-fundador de Central Urbana.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.