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El momento ciudadano
Podemos pretender que la violencia y la impunidad que imperan en México son algo ajeno a nosotros. Que de hecho, poco o nada podemos hacer al respecto. Pero, ¿alguna vez hemos hecho el recuento de todo a lo que hemos ido renunciando desde que esta guerra empezó, sobre todo la gente que vive fuera del Distrito Federal?
Por Central Ciudadano y Consumidor
11 de noviembre, 2014
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Por: Gisela Avila

En solidaridad con los padres de los jóvenes que han sido víctimas de desaparición forzada.

 

Hoy empiezo este texto con el corazón muy triste, como sé que están los corazones de millones de mexicanos. Triste por la impotencia de no poder devolver a su casa a los jóvenes secuestrados de Ayotzinapa, ni a los miles de desaparecidos de México. Triste por la miopía, la frivolidad, la mediocridad y el desprecio a la ciudadanía de los funcionarios de gobierno y de los partidos políticos. Triste de ver cómo el crimen organizado gana una nueva batalla gracias a la estupidez gubernamental. Triste y preocupada de pensar que este enojo se puede desbordar en un caos imparable.

Podemos pretender que la violencia y la impunidad que imperan en México son algo ajeno a nosotros. Que de hecho, poco o nada podemos hacer al respecto. Pero, ¿alguna vez hemos hecho el recuento de todo a lo que hemos ido renunciando desde que esta guerra empezó, sobre todo la gente que vive fuera del Distrito Federal? Existen zonas en nuestras ciudades o poblados a las que simplemente ya no podemos ir. Las noches se volvieron toque de queda. Nos volvimos paranoicos. Se volvió inimaginable que nuestros hijos jueguen en espacios abiertos y públicos. Dejamos de denunciar asaltos, robos en casa, secuestros y hasta familiares desaparecidos porque estamos convencidos de que las autoridades están coludidas con el crimen organizado y puede haber represalias. Asumimos que hay que pagar una “cuota” para que nuestros negocios o nuestra persona no sufran un ataque. Aún atemorizados nos acostumbramos a tener cerca a los delincuentes, porque han ido comprando amigos o conocidos; porque han metido a sus hijos en las escuelas a donde llevamos a nuestros propios hijos; porque han llegado a nuestro entorno a decirnos “mírame bien, porque yo a ti sí te estoy viendo”. Se instaló en nuestra cabeza la voz que nos dice “no estás a salvo”. Hemos llegado al punto en que cuando tenemos un conocido secuestrado o asesinado, en el fondo damos gracias a Dios o a la vida por no haber sido uno de nosotros… y nos sentimos culpables por ello.

Y en este ir renunciando a nuestros derechos y a nuestras libertades, cada espacio que cedimos ha sido tomado por un crimen organizado que se adueñó de espacios públicos, de los temas de conversación, de nuestras mentes, sueños, vidas. Somos hoy una sociedad anestesiada por la violencia, la impunidad y el terror, incapaz de reaccionar, incapaz de enmendar.

Así que vale la pena hacernos las preguntas siguientes: ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo revertimos esta tendencia? ¿Cómo transformamos esta ira en algo constructivo? ¿Cómo reconstruimos una sociedad partida por tanto sufrimiento? ¿Con qué cara miraremos a las siguientes generaciones si no hacemos algo hoy?

Ayotzinapa es un parteaguas en nuestra historia. Así como la guerra de Felipe Calderón hizo saber al crimen organizado que el Estado Mexicano no tenía la capacidad de contenerlo, la decisión de Enrique Peña Nieto de eliminar la guerra de su discurso y poner sus prioridades en reformas estructurales se tradujo en una espiral de violencia que culmina en la tragedia de Ayotzinapa. La desaparición y ahora la “confirmación oficial” del asesinato los jóvenes estudiantes han puesto al descubierto que las estructuras gubernamentales y los partidos políticos están infiltrados y/o completamente rebasados por el crimen organizado. El tácito pacto que había entre el narco y las autoridades en la época del partido hegemónico ya no existe. Como dice Javier Sicilia, autoridades y partidos creyeron que podrían administrar el infierno de Dante. Lo cierto es que hoy el crimen organizado se ha convertido en el dios Cronos y está devorando a todos, incluyendo a quienes lo han dejado obrar con total impunidad. Así que o nos ponemos a trabajar en el freno a este monstruo, o no habrá nación de la cuál hablar.

A pesar del cielo negro que tenemos encima no todo son malas noticias. Hoy como nunca en la historia de México, la sociedad civil tiene claro que quiere un cambio de rumbo. Así lo muestran las manifestaciones masivas de jóvenes estudiantes y ciudadanos comprometidos que sin temor salen a la calle para decir “ya basta”. Así se lee en los millones de comentarios en las redes sociales que repiten un día y el otro también que es el momento del cambio. ¡El hashtag “ya me cansé” contra el gobierno, se convirtió en la segunda tendencia mundial en tan solo unas horas! Una marea incontenible de energía y convicción grita que merecemos un México mejor. La tragedia de Ayotzinapa ha creado un puente entre mexicanos que ni siquiera nos conocíamos y que hoy sabemos que compartimos el sueño de un México en el que quepamos todos.

Fuera de México se han hecho manifestaciones o expresiones de solidaridad con los jóvenes de Ayotzinapa y los miles de desaparecidos de México en Alemania, Argelia, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Dinamarca, Ecuador, El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Guatemala, Honduras, India, Italia, Japón, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Perú, Puerto Rico, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rusia, Suiza, Túnez, Turquía, Ucrania, Uruguay, Venezuela, entre otros. Además se han enviado cartas al Parlamento Europeo, a la Comisión Europea, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a autoridades nacionales en algunos de los países antes mencionados, informando sobre lo acontecido en México y pidiéndoles su apoyo.

“Fue el Estado” es la denuncia que aparece en cada manifestación, convencidos de que este discurso se vuelve indefendible para un gobierno sin capacidad de respuestas pero preocupado por la opinión internacional. Aún sin proponérselo, la sociedad civil ha homogeneizado sus discursos.

Todos estos esfuerzos son importantes, valiosos y necesarios, pero no son suficientes. Hoy es el momento de la sociedad civil, de la imaginación y el empoderamiento de la ciudadanía. Diseñemos juntos el país que nos gustaría tener. Trabajemos desde la sociedad civil para la sociedad civil.

De entre todas las iniciativas ciudadanas que pretenden ayudar en la construcción de un país en paz, un país más justo, más respetuoso y solidario, quisiera compartirles una que es impulsada por un colectivo de mexicanos que vivimos dentro y fuera del país y a la que hemos denominado “SEMILLAS“. Las primeras dos propuestas concretas en las que estamos trabajando son dos caras de una misma moneda:

  1. La creación de un mapa y registro ciudadano de víctimas de desaparición forzada. El objetivo de dicho proyecto es construir una base de datos de la sociedad civil que sirva como testimonio legal en el futuro, y que el día de mañana facilite el regreso a casa de la gente que nos falta. Necesitamos ayuda de mexicanos viviendo dentro y fuera de México para su construcción. Si tienes algún familiar desaparecido al que quisieras registrar, o si quieres colaborar o conocer más acerca de esta iniciativa por favor visita esta página.
  2. La creación de un mapa y registro ciudadano que aglutine las iniciativas de la sociedad civil. El objetivo de dicho proyecto será vincular, impulsar y difundir proyectos ciudadanos en todo el territorio nacional. En él queremos incorporar los proyectos relacionados con la búsqueda de la paz como pueden ser aquellos que promueven los derechos humanos o las policías comunitarias, pero también los que trabajan en la mejora de las condiciones de vida y formación de la población como pueden los que impulsan economías solidarias, proyectos educativos y culturales, asistencia médica o alimentaria en dispensarios, iniciativas sociales de las cámaras de comercio o empresas, cooperativas productivas, formas de auto construcción sustentable, etc. Si conoces o promueves iniciativas de interés, llena este formulario.

Consideramos que ambos proyectos son piedras angulares en la reconstrucción de nuestro país. Mientras no se busque y encuentre a los desaparecidos, mientras no se pida perdón por los asesinados, mientras no se castigue a los culpables, no habrá paz en México. De igual manera, mientras no comencemos a trabajar y convivir con nuestro hermano o nuestro vecino con actitud solidaria no recuperaremos la confianza en el otro.

  1. Si tienes interés de vincularte o apoyarnos, o si tienes otras iniciativas concretas que te gustaría impulsar, por favor escríbenos a: [email protected]

Y en esta convocatoria abierta a sacar lo mejor de cada uno de nosotros para reconstruir nuestro México, recupero las palabras de Marcela Turati, periodista de la revista Proceso, esperando que sean fuente de inspiración como lo son para mí: “que la indignación y el dolor y la rabia y la tristeza tomen forma, tomen aire, tomen picos y palas, tomen pinzas, tomen taladros, tomen alas para construirnos otro país. Que la energía no se quede en una caja sellada; que prenda brasas, que incendie, que arrase con lo podrido, la raíz agusanada, desde el ombligo de la tierra, para que cuando se despeje el humo denso y espeso encontremos un cielo nuevo donde quepamos todos”.

 

 

* Gisela Avila es mexicana, actualmente residente de República Checa. Ha vivido en varios países de Europa. Tiene experiencia de cooperación internacional entre México y la Unión Europea. Ha desarrollado proyectos culturales y educativos con comunidades mexicanas en el exterior.

 

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