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Imperativo conocer el sector prendario
Lo que está atrás de las empresas de servicios prendarios es, precisamente, que dentro de las actividades financieras el crédito prendario llega a donde otras instituciones no llegan: atienden a familias que ganan menos de 7 mil pesos al mes, que piden préstamos en promedio de mil pesos, y que 80% regresa por sus prendas. Probablemente esto se deba a que los empresarios de este sector están dispuestos a asumir costos que otros no hacen para cubrir la demanda, lo cual no suena tan mal si tomamos en cuenta que la banca comercial sólo cubre al 20% de las familias mexicanas.
Por Central Ciudadano y Consumidor
7 de abril, 2015
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Por: Carlos Martínez Velázquez (@carlosmartinezv)

Cuando se habla del crédito y consumo en México, generalmente se hace referencia al sistema financiero típico (bancos) y se deja de lado el análisis de otras formas de acceso a dinero, que de hecho utilizan los consumidores. Por ejemplo, si alguien no puede acceder al sistema bancario (ya sea porque en su localidad no hay ninguno, o porque no es sujeto de préstamo según los estándares del sistema) pero tiene una serie de bienes con valor en el mercado, ¿cómo transformarlos en dinero que pueda utilizar hoy? Ese es el origen de cualquier sistema de compra-venta, pero también de los préstamos prendarios. De paso, diría que es justo el mismo concepto de la economía colaborativa, cuyo fin es, precisamente, que los activos económicos no estén ociosos, sino que puedas extraer valor a través de ofrecer un servicio de transporte (Uber), de prestar tu casa (Airbnb) o cualquier otro. Pero enfoquémonos al préstamo prendario.

Hace unos días asistí a la presentación del informe anual de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Prendarios (Amespre), que agrupa a 15 de las empresas más importantes del sector. Por ejemplo, ellos, que ocupan el 30% del mercado, realizaron en 2014 un total de 58 millones de operaciones y prestaron aproximadamente 34 mil millones de pesos. Para poner en contexto este número, durante 2014 el Fondo Nacional del Emprendedor otorgó 10 mil 195 millones de pesos para impulsar a emprendedores y fortalecer el desarrollo empresarial de las MIPYMES en el país. Es decir, el sector prendario tuvo una dispersión de efectivo 3.33 veces mayor que los créditos de la Secretaría de Economía – INADEM.

Otro dato que me parece interesante: si bien tres cuartas partes de la actividad de estas casas de empeño consisten en el crédito prendario tradicional, el 22% consiste en actividades comerciales. Es decir, muchas personas van a adquirir bienes que otros han dejado (o los han vendido) a las casas de empeño. Este podría verse como un mercado de segunda mano, muchas personas consiguen ahí cualquier cantidad de bienes, desde un automóvil, un anillo de compromiso, o una computadora. Lo que es una buena opción para los consumidores que no pueden comprar bienes nuevos o que no cuentan con acceso a créditos personales, de nómina o de tiendas departamentales.

En realidad, lo que está atrás de estas instituciones es, precisamente, que dentro de las actividades financieras, el crédito prendario llega a donde otras instituciones no llegan. Probablemente se deba a que los empresarios de este sector están dispuestos a asumir costos que otros no hacen para cubrir la demanda, no suena tan mal si tomamos en cuenta que la banca comercial sólo cubre al 20% de las familias mexicanas. Parece ser lo más plausible, de acuerdo a su informe atienden a familias que ganan menos de 7 mil al mes, que piden préstamos de en promedio mil pesos, y que 80% regresa por sus prendas.

Ahora bien, parece que hay poca información y satanización del sector. Por ejemplo, en Coahuila, el alcalde de Piedras Negras ha hecho campañas públicas para que la gente no utilice las casas de empeño, porque afirma que reciben objetos robados. Más allá de las implicaciones legales que pueda haber por daño al comercio, el presidente municipal parte de donde la mayoría de los políticos: la ocurrencia. Probablemente pueda sonar lógico que las casas de empeño se beneficien de objetos robados, pues según esta lógica, los ladrones están dispuestos a hacer un contrato de préstamo para recibir en promedio mil pesos, después de asaltar una casa habitación. Evidentemente, si calculas el riesgo de que te agarren, creo que no parece nada racional presentarte en un establecimiento a empeñar. Aunque se debería de realizar un estudio más a fondo sobre las dinámicas económicas y sociales de las casas de empeño, lo cierto es que no parece haber bases claras para la afirmación de este tipo de líderes políticos. Como primer paso, se debe diferenciar las casas de empeño entre aquellas formales, que se encuentran en organizaciones como Amespre, de aquellas informales y que evaden cualquier regulación; son estos últimos quienes dañan a los consumidores.

Como conclusión, creo que hace falta mayor profundidad en el análisis de este sector (¡dispersa 34 mil millones de pesos!). En primer lugar, hay poquísimos datos disponibles. El INEGI cuenta con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2012, que muestra algunas de las actitudes de los consumidores tanto en la demanda por servicios financieros como en el uso del dinero obtenido. Por otro lado, se requiere también que las propias asociaciones empresariales inviertan más en generar datos públicos y abiertos sobre el sector, para promover su estudio desde el lado académico y de política pública. En general, es difícil que se planteen buenas políticas si no hay datos y es difícil intervenir en aquello que se desconoce; quizás la información sea la clave para evitar que siga reinando la ocurrenciocracia de la clase política.

 

 

    Ver artículo de Bernardo Altamirano: “La exclusión financiera y el empeño”, publicado en el diario Reforma el 2 de febrero de 2015. Versión libre, aquí.

    En México no hay ningún estudio que permita ver la relación de estas variables. En Estados Unidos, hay un artículo de Thomas J. Miles de la Universidad de Chicago, en el que parece que hay relación entre el aumento en casas de empeño y el aumento en robo de bienes empeñables. Sin embargo, el propio autor reconoce algunos problemas de endogeneridad en su estudio, además de que hay otros mecanismos que afectan el crecimiento de las casas de empeño como las regulaciones locales en materia comercial y financiera en los Estados Unidos. Además, después de calcular los costos y beneficios de la existencia de las casas de empeño, el autor concluye que de hecho el aumento en los montos de consumo asociado a los préstamos es mayor que el monto de los objeto robados en un condado.

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