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La Ciudad de México ¿una plaza en disputa?
Todo apunta a que el crimen organizado se está posicionando cada vez más en el corazón de la Ciudad de México, donde ve grandes ganancias y oportunidad de negocios y, a la vez, pueden pasar desapercibidos por el tamaño de la metrópoli.
Por Central Ciudadano y Consumidor
3 de diciembre, 2015
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Por: Román Meyer (@MeyerFalcon)

En las últimas semanas hemos visto el desafío directo y público de la delincuencia organizada a las autoridades locales de la Ciudad de México donde el pasado 19 de Octubre se exhibió un cuerpo colgado en Iztapalapa, para posteriormente presenciar una narco manta dirigida al jefe del gobierno capitalino. Además, el director de inteligencia de la procuraduría capitalina, Fernando de Anda Ríos fue amenazado por la “La Nueva Sombra”, organización delictiva que opera en las faldas del Ajusco, en la delegación de Tlalpan.

A este conjunto de hechos hay que sumarle otros, como el cobro de piso en comercios del centro histórico o el informe de la DEA de julio pasado, en el que se señala que en la capital operan células del cartel de Sinaloa, Caballeros Templarios, el cartel del Golfo, la organización de los Beltrán Leyva y los Zetas. Todo apunta a que el crimen organizado se está posicionando cada vez más en el corazón de la Ciudad de México, donde ve grandes ganancias y oportunidad de negocios y, a la vez, pueden pasar desapercibidos por el tamaño de la metrópoli. Si no se toman medidas contundentes, de manera coordinada por el gobierno local y el federal, se terminará mostrando una incapacidad de resolver el problema, y se abrirá una gran compuerta para que otros cárteles y grupos delictivos vengan y se disputen el control territorial de la ciudad, capital política del país, epicentro económico y sede de las diferentes ramas del poder. Hay que preguntarnos, entonces, ¿si perdemos la capital del país, al crimen organizado, que nos queda como nación?

Conviene iniciar mostrando la complejidad histórica de la Ciudad México, que se ha caracterizado por estar conformada por diferentes núcleos urbanos y culturas, provenientes de diferentes zonas de la república a lo largo de un complejo proceso de urbanización. En particular, en la segunda mitad del siglo XX se experimentó un súper desarrollo, con una tasa de crecimiento poblacional promedio anual de 5.08 % entre 1940 a 1982 debido al “milagro mexicano”. Sin embargo, desde mediados de los 80, se ha experimentado un crecimiento lento, que ha tenido como consecuencia el incremento de la economía informal; de manera paralela, se ha observado la expansión de los grupos delictivos en el país (vale la pena ver el extraordinario trabajo de Narcodata)

En términos de seguridad, y a nivel mundial, entre más grandes son las metrópolis enfrentan mayores retos de criminalidad tanto local como externa. A mediados de la década de los 90, la capital sufrió una explosión delictiva y se convirtió en una de las ciudades más inseguras a nivel nacional, con una policía que ya había sufrido una clara deformación y corrupción interna, en buena medida gracias al tristemente célebre Arturo Durazo, quien ocupó de 1976 a 1982 la Dirección de Policía y Tránsito de la capital. Sin embargo, para el 2008 la capital ya no estaba en el radar de las ciudades más violentas, aunque ya nunca regresó a sus bajos niveles delictivos de los años ochenta. Para el 2013, mientras el Estado de México se posicionó por arriba de la media nacional, con 20 homicidios por cada 100,000 habitantes, la Ciudad de México sólo padecía 12 homicidios por cada 100,000 habitantes (INEGI), lo que generó la noción de que la capital es una de las metrópolis más seguras (no tanto porque los crímenes disminuyeran, sino porque se dispararon en otras partes del país). De ahí que fuese atractivo migrar a la capital, por parte de aquellos que podían dejar atrás entidades gobernadas por el crimen organizado.

A nivel mundial, atender la inseguridad tiene un costo altísimo: el 4.2% del PIB de acuerdo con el Índice de Economía y Paz (IEP). Éste también señala que ocho de los diez países más violentos están en el continente americano, violencia que podría caracterizarse como una epidemia con altos niveles de crecimiento y expansión. En México la violencia tiene un impacto equivalente al 17.3% del Producto Interno Bruto, de acuerdo con el Índice de Paz México 2015. De manera paralela, la Asociación Mexicana de Promotores Inmobiliarios (AMPI) señaló que en el mismo año se perdió el 30% del mercado por este mismo motivo.

Las autoridades locales deben de comprender que este enorme gasto en seguridad no beneficia a la productividad de la ciudad y que, entre las causas profundas de la violencia, son la desigualdad y la exclusión urbana, donde enormes masas de población con altos niveles de carencias, pelean día a día el derecho a la ciudad, y para resolver sus necesidades básicas tienen que integrarse a un submundo de actividades y servicios fuera del marco legal. Como lo ha señalado Arturo Alvarado, la criminalidad es producto de conductas individuales y colectivas que están determinadas por las maneras en cómo las personas se posicionan dentro de la ciudad. En suma, si el problema de la criminalidad radica, en buena medida, en cómo ciertos habitantes y grupos sociales se integran a la estructura urbana, entonces una de las soluciones fundamentales al problema está en sanar esta misma estructura y los espacios públicos que la conforman.

Debido a la conformación urbana de la capital, las zonas socialmente más desiguales, carentes de servicios y oportunidades de desarrollo para la población más joven se concentran en las periferias y sus límites territoriales con el Estado de México. Es ahí en donde urge llevar a cabo una política eficaz a mediano y largo plazo de intervenciones urbanas puntuales que permitan crear un cordón de seguridad para la capital del país. Como diría Jaime Lerner, el ex alcalde de la Ciudad de Curitiva, en Brasil, es fundamental llevar a cabo una Acupuntura Urbana sobre las regiones más desfavorecidas. Con una adecuada intervención urbana arquitectónica es posible regenerar aquellos contornos más inseguros que, a su vez, son las zonas de operación más fáciles para el crimen organizado. Ello permitirá restructurar las comunidades y formar lo que yo denomino como un cinturón de contención y protección a la capital.

Como conclusión, es vital montar este cinturón, mediante intervenciones urbanas que revaloricen el entono ya que estas no tendrían mayor impacto si no son de carácter social y atienden las necesidades de la población más joven. Como lo considera el Children´s Rights and Habitats de las Naciones Unidas “ el máximo indicador de un habitad saludable, de una sociedad democrática y de un buen gobierno”.

 

 

*Román Meyer es maestro en Gestión Urbana por la UPC. Docente en el Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México, se ha enfocado en la administración de proyectos de diverso enfoque siempre vinculados a temas urbanos como son: seguridad, salud pública, movilidad, evaluación financiera, desarrollo inmobiliario, entre otros. Co-fundador de Central Urbana.

 

 

(U) Mexico: Updated Assessment of the Major Drug Trafficking Organizations’ Areas of Dominant Control.

La ciudad de México en el fin del segundo milenio, Gustavo Garza, 2000, pag.240

Proceso de rápido desarrollo económico, industrial y de servicios caracterizado por un crecimiento del 6% del Producto Interno Bruto, en términos reales.

Tesis central en su libro El Tamaño del Infierno.

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