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Por Central Ciudadano y Consumidor
Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las lib... Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las libertades, derechos fundamentales, transparencia y educación de los ciudadanos y consumidores, para que participen con mayor eficacia en el desarrollo y evaluación de sus instituciones. (Leer más)
La obesidad y sus demonios
Los impuestos no reducen la obesidad. La obesidad y el sobrepeso en México son un reflejo de un crecimiento y desarrollo asimétrico y desordenado de nuestra economía, en que nos hemos preocupado más por cumplir con indicadores de progreso que en generar mejor calidad de vida.
Por Central Ciudadano y Consumidor
3 de octubre, 2013
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Por: Bernardo Altamirano Rodríguez (@beraltamirano)

 

“La modernidad no se mide por los progresos de la industria sino por la capacidad de crítica y de autocrítica”:

Octavio Paz

 

El grave problema de obesidad y sobrepeso que enfrenta la sociedad mexicana es el mayor reto del presente y por tanto una gran oportunidad. Su atención amerita un amplio debate social, en el que participen ciudadanía, empresa y autoridad, y se confronten visiones, estudios y propuestas. Lo anterior sería positivo para la pluralidad de nuestra democracia y de visiones de mercado. Este ejercicio sería el correcto para construir una agenda integral, que permita generar visibilidad clara del problema y propicie la mayor cohesión en su atención y cumplimiento. En esta compleja tarea más que nunca se requiere de la unidad nacional.

Lamentablemente en los últimos días vemos una profunda polarización, pues el debate se ha centrado en la propuesta de impulsar un impuesto especial a bebidas azucaradas. Como lo muestra el estudio realizado por Central Ciudadano y Consumidor, “Hacia un Consumidor Responsable contra el Sobrepeso y la Obesidad”, este tipo de medidas que efectivamente se han instrumentado en otros países no inciden en reducir el Índice de Masa Corporal. En pocas palabras, los impuestos no reducen la obesidad y sobre esto hay que ser muy claros para no confundir a los consumidores. Detrás de estas medidas sin embargo, existe un propósito recaudatorio, que busca justificarse en mejores finanzas para ampliar la capacidad de atención de los servicios públicos, en particular el de salud. Si esto es el propósito, no está de más observar algunos datos.

Cuando se advierte que México es el segundo país de la OCDE con mayor porcentaje de la población en obesidad, se busca vincular este fenómeno con el hecho de que somos el principal consumidor global de refrescos. Sin duda, debemos analizar las razones de este alto nivel de consumo. Asimismo, es necesario que cada persona asuma su responsabilidad para consumir estas bebidas con moderación y de manera equilibrada. Pero también debemos considerar otros aspectos que contribuyan a generar una visión integral del problema. Por ejemplo, dentro de la OCDE, México es el antepenúltimo país en número de consultas médicas por persona al año, con sólo 2.9 . Asimismo, es importante recordar que del total de personas diagnosticadas con diabetes mellitus en el país, sólo el 26% reconoció haber cambiado su dieta a partir de la enfermedad y 10% haber iniciado actividad física regular . En este sentido, la poca asistencia al médico de parte de los mexicanos puede deberse tanto a una débil cultura de la prevención, como a una desconfianza del sistema de salud. Por otro lado, no seguir la atención médica recomendada implica un nivel de irresponsabilidad que no se corregirá por contar con mayores instalaciones o médicos, sino mediante una profunda campaña educativa y de concientización.

En este mismo sentido, en la OCDE, EUA es el país que mayor porcentaje de gasto en salud cuenta con respecto al PIB, con un total de 17.4%. En cambio, México es de los más bajos con el 6.6%. Este dato es sumamente interesante, pues siendo EUA el país con mayor porcentaje de población en obesidad, nos muestra que mayor gasto no se traduce en menor obesidad. Por el contrario, este es un tema que obliga a repensar el sistema de salud en su conjunto y replantear los mecanismos de vinculación entre médicos y ciudadanos. Por eso, la discusión de mayor recaudación y gasto en salud pública nos debe hacer levantar la ceja, ya que no son garantía de enfrentar adecuadamente el problema. La ampliación de la cobertura y el garantizar el derecho humano a la salud deben de ir de la mano con la calidad y atender de manera integral este problema. No se trata de engordar al Ogro Filantrópico, sino de hacerle una profunda labor de reingeniería y definir su verdadera filosofía y objetivos.

Por otro lado, “Hacia un Consumidor Responsable contra el Sobrepeso y la Obesidad” muestra cómo la tecnología ha cambiado nuestras vidas diarias. Nuestros gobernantes, para mostrar el éxito de la política social, de combate a la pobreza y de nuestro paso firme hacia la modernidad, anuncian en sus discursos que en los hogares mexicanos se cuenta con más refrigeradores, lavadoras, automóviles, que nunca antes en la historia. Pero no nos hemos hecho de fondo la pregunta qué tanto estos benefactores han trastocado nuestros hábitos y estilos de vida y cómo esto ha incidido también en nuestra vida laboral. Simplemente habrá que recordar que de toda la OCDE somos el país con mayor cantidad de horas trabajadas por persona al año, con un total de 2,226 (el promedio de la OCDE es de 1,765). Esto significa que además de los traslados a nuestros centros laborales (5.7 horas a la semana en promedio) y de la jornada misma, pues tenemos menos tiempo para alimentarnos y realizar actividad física.

Veamos otro indicador interesante. Con base en información de la OCDE, el Better Life Index Report 2012, sólo el 71% de los mexicanos está satisfecho con la calidad del agua potable provista, comparado con un promedio de la OCDE del 85%. En términos de cobertura de agua, pasamos de un 78.4% en 1990 a 91.3% en 2010 . El otro lado de la moneda son las terribles imágenes que tenemos todos de cómo las sequías golpean a comunidades, sus cosechas y presas año con año. Ambos aspectos reflejan que el Estado mexicano no genera confianza suficiente en el consumo del agua potable que provee, ni tiene la capacidad de garantizar este derecho humano de manera salubre y suficiente, lo cual se agrava con los fenómenos naturales. Esto incide directamente en las bebidas y alimentos consumidos diariamente.

Pasemos ahora a otro factor que incide en la obesidad y sobrepeso: la actividad física. De acuerdo con la OMS, la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mortandad más importante en el mundo. La cantidad y forma de actividad varía conforme los rangos de edad. Para poner un ejemplo, la OMS recomienda que para los niños de entre 5 y 17 años, se realicen al menos 60 minutos de actividad, de moderada a vigorosa. De acuerdo con datos del Gobierno del Distrito Federal, ¡en las escuelas primarias capitalinas se realizan clases de educación física por sólo 39 minutos de ejercicio a la semana y 9 minutos de actividad moderada o intensa! El mismo gobierno reconoce que ¡8 de cada 10 personas mayores de 30 años no realiza ningún tipo de actividad física! Sin lugar a dudas, esta ausencia de actividad se refleja en lo que “Hacia un Consumidor Responsable contra el Sobrepeso y la Obesidad” muestra con información de la FAO, en el sentido de que en la década pasada prácticamente se mantuvo constante el promedio de ingesta calórica de los mexicanos, pero se redujo el gasto de calorías, lo que refleja un desequilibrio calórico e incide en mayor sobrepeso y obesidad. Para complicar este asunto, piensen cuántas horas de televisión o conectados al Internet pasan a la semana. En el primer rubro, los adolescentes de entre 10 y 19 años pasan hasta 14 horas semanales o más frente a un televisor. Por el otro lado, en el 2013, los 45 millones de internautas mexicanos pasaron alrededor de 5 horas diarias conectados (67 minutos más que en 2012). Sí, en efecto, ya sé en qué estás pensando: somos una sociedad sedentaria.

Lo anterior se complica si observamos que somos simultáneamente una sociedad que enfrenta el problema de obesidad y sobrepeso y por el otro el de desnutrición. El relator de la ONU, Olivier De Schutter, en una visita que hizo a México en julio pasado, convocó al gobierno mexicano a adoptar una estrategia nacional que promueva el derecho a la alimentación al enfrentar la pobreza y las dietas inadecuadas de manera simultáneas. Recordemos que más del 18% de los mexicanos tienen inseguridad alimentaria.

Al observar integralmente los anteriores aspectos, debemos reconocer que la obesidad y el sobrepeso son un reflejo de un crecimiento y desarrollo asimétrico y desordenado de nuestra economía, en que nos hemos preocupado más por cumplir con indicadores de progreso que generar mejor calidad de vida. Nos hemos preocupado por dotarle de más recursos y obligaciones al Estado, en lugar de preguntarnos para qué sirve efectivamente éste y cuáles son los límites que debe tener frente a nuestras libertades. Hemos avanzado en la modernización de nuestras estructuras, pero no se ha generalizado ni arraigado en los individuos.

Podríamos ir más a fondo con muchas otras fuentes de información, pero hagamos una pausa y te propongo que elijas el demonio de tu preferencia para culparle de todos los males en torno a la obesidad y el sobrepeso. Los dos polos son claros: en un lado tendrás a las corporaciones “imperialistas” que sólo buscan lucrar a costa de nuestra salud. Del otro lado está un Estado ineficaz que no ha encontrado la fórmula de garantizar nuestra salud y que pide más recursos sin saber cómo gastarlos ni contar con una agenda integral en la materia. Mientras unos cuestionan los alimentos y bebidas procesados e industrializados, otros repudian la misma industrialización y deshumanización de los servicios de salud pública. De un lado quienes piensan que los cambios únicamente son posibles mediante la intervención del Estado, frente a quienes consideran que estos pueden surgir del ejercicio de la libertad y responsabilidad de los ciudadanos. Te propongo que mientras seleccionas al demonio de tu preferencia, hagas un balance y te preguntes qué tanto cuidas en cantidad y calidad lo que comes y bebes, qué tanto cuidas tu salud y visitas al médico, qué tanta actividad física realizas y que tan sano es tu entorno.

Sin lugar a dudas, esta polarización actual que vivimos en el presente confunde a la sociedad e impide observar el problema en su más amplia dimensión y perspectiva. No olvidemos que en el centro estamos nosotros, ciudadanos y consumidores, que en nuestras propias manos y responsabilidad tenemos la llave para resolver directamente este grave problema social. De ahí que con el objeto de reubicar el centro del debate en torno al problema de obesidad y sobrepeso, Central Ciudadano y Consumidor elaboró una “Propuesta de Agenda Integral por un Consumidor y un Entorno Saludable”, la cual se basa en tres ejes estratégicos:

1) Transformar estilos de vida y hábitos de consumo.

2) Impulsar mayor competitividad e innovación en los mercados de alimentos y bebidas.

3) Promover un cambio de fondo al sistema de salud pública. Esto implica articular las políticas alimentarias, de salud pública y de promoción de estilos de vida. Nuestro interés consiste en contribuir al gran debate nacional que permitirá encontrar las soluciones para enfrentar este reto.

Sin duda alguna, las políticas públicas en materia de obesidad y sobrepeso son la gran oportunidad para revolucionar nuestro mercado alimentario y convertirlo en una efectiva comunidad. De ahí que urge definir el centro en el que converjan ciudadanos, empresas y autoridades. Debemos reconocer que ante las actuales circunstancias, el status quo es insostenible, por lo que debemos definir de una manera clara y puntual cuáles son las responsabilidades de cada parte, empezando por la propia, en esta tarea prioritaria. Estamos frente a la agenda social de mayor relevancia para nuestra generación y exije lo mejor de todos nosotros. Si queremos “Mover a México”, esta es nuestra oportunidad. Dejar atrás las sombras de los demonios, entrar en razón y ponernos manos a la obra.

 

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En este terreno, de acuerdo con el informe Health at a Glance 2011, Japón es el lider con 13.2 consultas al año, mientras que el promedio de la OCDE ronda por el 6.5. Asimismo, el porcentaje de empleos que representan los sectores salud y social, respecto del total de empleos civiles, México está en el penúltimo lugar con 3.1% , mientras que Noruega es el primer lugar con el 20% y la OCDE tiene un promedio del 10.1%. Nuestra oferta es limitada, aunque hay que reconocer que México está dentro de los cinco países con mayor ritmo de crecimiento en este tema con el 3.9% para el período 1995-2009.

Esta información se encuentra en el estudio de “Hacia un Consumidor Responsable contra el Sobrepeso y la Obesidad”, cuya fuente es: Jiménez-Corona, Aida; Hernández, Mauricio, y otros, Diabetes Mellitus Tipo 2 y frecuencia y acciones para su prevención y control. Salud Pública México; Vol. 55 (sup 2).

Esta información la revela Marcela Eternod Arámburu, Directora Investigadora en el INEGI, en: Merino, José, “Bienestar y Consumo. El Consumidor Mexicano del Siglo XXI”. Profeco, México, 2012. La Dra. Eternod revela otros datos interesantes con base en la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2009: a las actividades personales (dormir, comer, aseo y arreglo personal) se les dedica en promedio de 67.5 horas a la semana; al trabajo remunerado para el mercado se le destina un promedio de 45.2 horas.

La ampliación de cobertura de agua potable en el país es una hipótesis interesante que valdría analizar respecto del consumo de bebidas embotelladas en general, y de refrescos en particular. Pues considerando que en los noventa, más de un 20% de la población no tenía acceso al abastecimiento del agua, y en muchas otras zonas, aún habiéndolo, no existía confianza suficiente para su consumo, que hayan tenido las comunidades que recurrir a las bebidas embotelladas.

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