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Por Central Ciudadano y Consumidor
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La siempre presente discriminación
Los sesgos y los prejuicios que hay acerca de la obesidad son más dañinos que cualquiera de los problemas de salud causados, verdaderamente, por ésta. Adicionalmente, la preocupación de la gente por su peso da pie a un mercado para pastillas mágicas, aparatos de ejercicio mágicos y demás cosas que mágicamente te harán más delgado y (en la lógica simplista) más sano.
Por Central Ciudadano y Consumidor
1 de noviembre, 2013
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Por: Carlos Martínez V. (@carlosmartinezv)

Hace unas semanas terminé de leer un libro que me recomendó una buena amiga (@MiloSimpatica) que narra la evolución del debate sobre la política alrededor de la obesidad en Estados Unidos. Fat Politics: The Real Story behind America’s Obesity Epidemic del politólogo y profesor Eric Oliver (Universidad de Chicago) es verdaderamente revelador, no sólo porque hace un recuento muy puntual de cómo y quién alzó la alarma de la epidemia y sus reacciones, tampoco porque haga críticas metodológicas a los estudios y la investigación que se hace en el tema, ni tampoco porque afirme que la epidemia de la obesidad no es tal y que hay que buscar otra forma de medir su impacto. Es revelador por su conclusión (lo siento, de todos modos léanlo): los sesgos y los prejuicios que hay acerca de la obesidad son más dañinos que cualquiera de los problemas de salud causados, verdaderamente, por ésta.

Lo anterior se debe, precisamente, a que estos sesgos y prejuicios distorsionan nuestro entendimiento sobre el peso corporal y la salud y generan una histeria pública sobre cómo se debe responder al aumento de peso. Es por ello que hemos insistido en no dejarnos llevar por la inmediatez de los “impuestos adelgazantes”, si no que le demos al problema su justa dimensión y que entre gobierno, sociedad y empresa, busquemos las salidas más adecuadas.

La conclusión de Oliver encierra también un problema de información y opinión pública. En tanto las alarmas de la epidemia se alzan y la población vive preocupada por su peso, hay mercado para pastillas mágicas, aparatos de ejercicio mágicos y demás cosas que mágicamente te harán más delgado y (la lógica simplista) más sano. Y esto que puede ser publicidad engañosa, que genera estereotipos de belleza (delgado es bueno) y que estigmatiza (ser gordo es fatal), tiene consecuencias que se han visto con otros problemas de salud (VIH); estigmatizar pone una barrera a los ciudadanos para diagnosticarse y tratarse .

Para verificar si en el terreno de la obesidad la publicidad de salud puede tener el mismo efecto (estigmatizar pone barreras), investigadores de la Universidad de Yale hicieron un estudio sobre las actitudes de las personas respecto a las campañas de publicidad anti obesidad. La investigación utilizó el método de encuesta representativa a nivel nacional en Estados Unidos, los individuos seleccionados contestaron en línea una serie de preguntas para ver si las campañas estigmatizaban y si ayudaban al individuo a comprometerse con el mensaje de la publicidad.

No es una sorpresa que los participantes de la encuesta encontraran los mensajes positivos, como Let’s Move! (Vamos a movernos), como mucho más adecuados para adoptar cambios de vida y comprometerse con el contenido del mensaje. Mensajes negativos como Fat kids become fat adults (los niños gordos será adultos gordos), fueron percibidos como estigmatizantes para los menores y muy poco motivantes para que los padres adoptaran cambios. Incluso, aquellos mensajes que no contienen la palabra obesidad fueron percibidos como los más motivantes y menos estigmatizantes por los encuestados. El estudio tiene fuertes implicaciones sobre cómo se deben enmarcar las campañas publicitarias de salud en la materia.

Volviendo al libro de Oliver, cuenta que en la construcción de su investigación se percató que activistas y académicos fuera del campo de lo “expertos de la salud” fueron lo que le proporcionaron la información más valiosa sobre las limitantes y estigmas que viven todos los días las personas con sobrepeso en Estados Unidos. Aquí creo que los ciudadanos han aportado ya algunas señales de campañas publicitarias, que si bien tienen el objetivo de alertar a la población, en el camino dan atajos informativos a los receptores de la publicidad que evitan el entendimiento del problema.

Sobre esto último retomo un artículo de Jaina Pereyra (@jainapereyra), que a principios de este año advertía que la campaña contra la diabetes lanzada por algunas organizaciones sociales, en la que se mostraba personas con miembros amputados o ceguera, podría llevar al error y confusión sobre las causas y efectos de la diabetes y por otro lado sería estigmatizante con los que padecen esta enfermedad. Lo anterior estaría dentro del campo del estudio de Puhl, et al., que analizábamos arriba. Estas campañas crean la percepción de que toda persona diagnosticada con diabetes mellitus tipo II puede terminar así y ello puede llevar a que te nieguen algún tipo de servicios, por ejemplo un crédito hipotecario, como la misma Jaina narra en su artículo.

Sobre todos estos temas platicamos con Ricardo Bucio (@ricardobucio), quien, como experto en temas de discriminación, nos dio otra perspectiva del asunto. Además del tipo de discriminación y confusión que existen con las campañas publicitarias, existe, y se reporta en el informe sobre discriminación de Conapred, un tipo de discriminación estructural que sufren, sobre todo, las comunidades más alejadas, las más pobres y las que tienen mayor porcentaje de población indígena. Me refiero a la falta de infraestructura básica, como carreteras, que limita el pleno abasto de alimentos a dichas comunidades y, por otro lado, a la concentración del mercado de alimentos.

Los dos aspectos anteriores están claramente relacionados. En algunas comunidades del país, ningún nivel de gobierno ha sido capaz de proveer de los servicios básicos a su población; años y recursos pasan sin que dichas poblaciones cuenten con un mínimo de infraestructura. Por otro lado, empresas globales que llegan al último rincón del planeta han logrado llevar sus productos a dichas comunidades, ¿debemos culpar a las empresas de ello? No lo creo. Más bien debemos exigir al Estado que cumpla con la responsabilidad que la Constitución le mandata y ver si ahora sí, con los ingresos adicionales que se tendrán con la última ocurrencia fiscal, se podrá ir sentando las bases para la provisión de estos mínimos.

Concluyo, reiterando lo que hemos señalado ya en este blog, antes de pensar en los instrumentos de política pública (como los impuestos) se debe de tener claro cuál debe ser el papel del Estado en la atención a la salud, en la generación de una economía que cumpla con los principios de competencia y libre concurrencia y que amplíe, verdaderamente, las capacidades y el ejercicio de las libertades del individuo. En el ámbito de la salud, ya hace un mes que llevamos proponiendo la agenda integral por un consumidor y entorno saludable. Con la presentación de su Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes el día de ayer, toca al Gobierno, con sus campañas y acciones tener siempre como base la dignidad de las personas y la no discriminación.

 

 

Smith, R. Media depictions of health topics: challenge and stigma formats. Journal of health communication 12, 233–49 (2006).

R Puhl, J L Peterson, and J Luedicke. “Fighting Obesity or Obese Persons? Public Perceptions of Obesity-related Health Messages.” International Journal of Obesity 2012 : 774–782.

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