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México y su proceso de reforma: los retos para el 2014
2014 será un año decisivo para lograr un proceso de reforma completa que sea capaz de romper, de una vez por todas, la trampa de lento crecimiento.
Por Central Ciudadano y Consumidor
16 de enero, 2014
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Por: Alfonso Carballo Pérez (@alfonsocarballo)

Hace un par de años, dos distinguidos economistas, Daron Acemoglu y James Robinson, publicaron el libro Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty, donde sustentan una valiosa tesis para explicar los problemas de crecimiento. Estos autores señalan que el éxito o fracaso de las naciones está en función del tipo de instituciones políticas y económicas, las cuales pueden ser de tipo inclusivo o extractivo. Las primeras instituciones promueven que los beneficios del sistema económico y político incluyan a diversos sectores de la sociedad. Las instituciones extractivas, por su parte, se caracterizan por haber sido diseñadas para asegurar que las élites que dominan un país se mantengan en el poder y concentren los beneficios en unos pocos.

Si bien las instituciones entre los países se crean bajo contextos históricos diversos, algunas naciones han logrado transitar exitosamente hacia instituciones inclusivas, que permiten la participación de los distintos grupos sociales, mediante mecanismos democráticos y la ausencia de barreras a la entrada en los mercados. Estos países han logrado generar mejores niveles de productividad y crecimiento económico sostenido durante varios siglos, lo que se ha traducido en altos niveles de bienestar. En contraste, los países con instituciones extractivas tienden a mantener altos niveles de disparidad social, imponen barreras a la entrada en los mercados y benefician a una minoría privilegiada a costa del desarrollo económico.

Durante las últimas tres décadas, México ha experimentado niveles de crecimiento modestos en relación con otros países de América Latina y Asia. El país prácticamente ha estado en una trampa de lento crecimiento que nos ha impedido resolver problemas tan medulares y añejos como la pobreza y la marginación. Los bajos niveles de productividad en México han sido consecuencia, en gran medida, de un deficiente diseño institucional el cual no ha sido favorable para generar una inclusión efectiva de mayores participantes en el sector productivo y de mayores segmentos de la población en diversos mercados.

Con la llegada de la nueva administración federal, encabezada por el Presidente Enrique Peña Nieto, sin duda se presenta un escenario favorable para impulsar las reformas estructurales tan esperadas en el país. Aunado a los nuevos equilibrios y liderazgos tanto en el Congreso de la Unión como en los partidos, se lanzó un arreglo político del más alto nivel y se optó por llevar a cabo un proceso de reformas amplias, de tipo Big Bang, sustituyendo así el esquema de reformas graduales.

Como resultado, el balance del 2013 ha sido muy positivo. Se promovieron las reformas en materia educativa, competencia, telecomunicaciones, fiscal, energética y financiera. Sin embargo, el proceso de reforma está aún a medio camino, por lo que el presente año estará lleno de retos para lograr la consolidación efectiva de este proceso de cambio. El 2014 será el año decisivo ya que la administración federal tendrá que remover, de manera efectiva, todas las resistencias vinculadas a los procesos de reforma que, sin duda, se observarán en el diseño e implementación de la regulación secundaria. Asimismo, la administración federal tendrá solo este año para legitimar entre la población el proceso de reforma y derrotar, en el escenario público, a los opositores de la misma.

Las instituciones extractivas tienden a permanecer a lo largo del tiempo, desafiando los procesos de reforma. Empero, si bien las instituciones extractivas son difíciles de cambiar, también pueden ser desafiadas exitosamente durante ciertos momentos críticos, cuando se presentan puntos de inflexión en los procesos históricos. Desafortunadamente, cuando se dejan pasar estas grandes oportunidades, las instituciones extractivas persisten a lo largo del tiempo, llevando a las naciones que fallen en cuanto a crecimiento económico y niveles de bienestar en su población.

En la historia reciente, los grupos beneficiados por las instituciones extractivas han sido capaces de reventar los distintos intentos de reforma emprendidos por varias administraciones federales. El proceso de reformas emprendido en la década de 1990 fue limitado dado la fuerte resistencia que se presentó en el país, principalmente dentro de la propia nomenclatura política ligada a los intereses de dichos sectores y ante el estallido de la crisis económica de 1995. En el año 2000 se presentó una valiosa oportunidad para impulsar un cambio profundo y completo, el cual nunca se llevó a cabo dado que únicamente hubo condiciones para llevar a cabo reformas graduales.

Afortunadamente, la historia fue diferente en el año 2013. El Presidente Peña Nieto ha sacado con éxito las grandes reformas planteadas. Sin embargo, el 2014 será un año decisivo para lograr un proceso de reforma completa que sea capaz de romper, de una vez por todas, la trampa de lento crecimiento. Los retos y dificultades se observarán en los siguientes meses y la estrategia del gobierno federal será fundamental para sacar con éxito el proceso de reforma. La agenda relativa a la regulación secundaria tampoco será fácil, pues seguramente enfrentará diversas resistencias de los poderes fácticos. Por ello la administración federal requerirá de una estrategia efectiva que legitime, en un muy breve tiempo, el proceso de reforma con base en resultados tangible para la sociedad.

Como señalara muy atinadamente Nicolás Maquiavelo, hace ya varios siglos, nada hay más difícil de realizar ni nada de más dudoso éxito en la práctica que la implantación de nuevas instituciones, pues el introductor tiene como enemigos a cuantos obtuvieron provecho del régimen anterior y encuentra sólo tímidos defensores entre los favorecidos con el nuevo orden. El pensador y diplomático florentino terminaba rematando que la  timidez nace tanto del miedo a los adversarios de la reforma, como de la incredulidad de las personas, las cuales no se convencen de la bondad de algo nuevo hasta que no lo ven confirmado en la práctica.

 

*Alfonso Carballo Pérez es Economista por el ITAM.

 

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