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No es el impuesto a los refrescos, es la actividad física
Diabetes, ataques al corazón, presión alta, desordenes alimenticios, problemas respiratorios, problemas ginecológicos: todos ellos trastornos físicos que están relacionados con la obesidad. Los efectos en la población son brutales. Los costos en el tratamiento a posteriori de dichas enfermedades para la sociedad y el gobierno son inaceptables.
Por Central Ciudadano y Consumidor
10 de octubre, 2013
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Por: Jorge Cabrera (@cabrerinski)

El estilo de vida se ha modificado sustancialmente en las últimas décadas, pasando de economías basadas en la agricultura, a la era industrial y hacia una economía del conocimiento. Cada día los individuos requerimos de menor actividad física dentro de las labores cotidianas de los individuos. Esto sin lugar a dudas ha tenido efectos en el peso y la salud de los individuos, propiciando mayores niveles de obesidad a nivel global. México, como bien sabemos, no es la excepción.

Diabetes, ataques al corazón, presión alta, desordenes alimenticios,  problemas respiratorios, problemas ginecológicos: todos ellos, trastornos físicos están relacionados con la obesidad.  Los efectos en la población son brutales. Los costos en el tratamiento a posteriori de dichas enfermedades para la sociedad y el gobierno son inaceptables. Debemos entonces actuar a través de políticas públicas que ayuden a prevenirlas.

El debate sobre el combate a la obesidad se ha centrado principalmente en la oferta y demanda de productos alimenticios que propician dicha alteración en la salud. En entradas anteriores de este espacio hemos observado la relevancia de crear políticas públicas que ayuden y protejan al consumidor en la adquisición y consumo de alimentos. Como se ha explorado, la dieta alimenticia es sin duda un elemento crítico en la salud de la gente. Pero no es el único. La escasa o incluso nula actividad física propicia problemas de obesidad en infantes, jóvenes y adultos.  La estrategias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el combate a la obesidad está basadas precisamente en ambos ejes.

Entonces: ¿qué se puede hacer para promover la actividad física en la población? ¿Qué están haciendo otras ciudades en el mundo para promover dicha actividad? ¿Puede el gobierno a través de política pública intervenir en su difusión y acceso? No sólo es posible, sino necesario.

Si bien en México el deporte y la actividad física han sido promovidos en diferentes campañas a nivel local y federal aún falta mucho por hacer. Es urgente concientizar a la población de la relevancia de ejercitar su cuerpo. Pero al mismo tiempo, es apremiante crear los espacios propicios en aquello sitios donde no los hay para que la población realmente pueda incrementar la actividad física.

El sentido común predice que el acceso espacios públicos abiertos dignos fomentaría la actividad física de los individuos. Existe suficiente evidencia que lo demuestra. En particular se ha demostrado que el acceso a pistas para correr disponibles para el público en general, incrementa los niveles de caminata de la gente. El tiempo utilizado por niños y jóvenes en juegos y otras actividades físicas también incrementa si se proporcionan espacios adecuados y cercanos a las zonas en donde residen.

Lamentablemente el acceso a espacios públicos parece tener una fuerte correlación con el nivel socio-económico de la zona en la que se encuentran. Un estudio realizado por la el “Health Reasearch and Policy Center” de la Universidad de Chicago , encontró que las comunidades con mayores índices de pobreza son también quienes tienen menores oportunidades para realizar actividades recreativas y físicas. En lo general, a mayor recurso económico de cierta localidad, mayor la cantidad de espacios públicos para sus residentes. Por su naturaleza éstos están abiertos al público en general, sin embargo el uso de los mismos suele estar definido por la conveniencia que le representa a sus potenciales usuarios. Es por ello que es pertinente realizar un cambio en la ideación de políticas públicas. Espacios públicos dignos para todos, y en especial para los que menor acceso tienen.

Un estudio realizado por el “Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en la Ciudad de Los Ángeles, la creación o mejoramiento de lugares para la actividad física incrementó en 25% la cantidad de personas ejercitándose más de tres días a la semana. Otro estudio realizado a nivel nacional en Estados Unidos por el reconocido centro de investigación “Rand Corporation” encontró que el involucramiento en actividades físicas es mayor en adolescentes femeninas que viven cerca de parques y espacios públicos, que aquellas que viven lejos de ellos. Otro estudio realizado en la ciudad de Los Ángeles, California por la misma “Rand Corporation” encontró que los residentes que viven cerca de parques los visitan y se ejercitan con mayor frecuencia que aquellos que no gozan de dicho beneficio.

Ahora bien debemos ser cuidadosos al momento de analizar la cantidad de espacio públicos per-capita en una determinada zona con los niveles de obesidad. Dada las consideraciones enunciadas anteriormente quizá sea necesario aislar la variable de nivel socioeconómico para poder encontrar dicha relación, ya que dentro de los estudios observados en Estados Unidos, la población con mayores niveles de obesidad tiende a ser también aquella con menores recursos económicos. En aquel país, además, son precisamente las personas que enfrentan situaciones de mayor precariedad suelen consumir alimentos con bajo contenido nutricional, sustituyéndolos por alimentos ricos en grasa, carbohidratos, lo son varios restaurantes de comida rápida, algunos mercados informales, entre otros. Si bien en México no es esta la tendencia, se deben considerar otros controles propios de las comunidades rurales como la falta de infraestructura básica (luz, agua, pisos firmes) y la disponibilidad alimentaria, así como el consumo en comercios informales.

Un ejemplo claro de dignificación del espacio público en comunidades es el caso de la Ciudad de Medellín, Colombia, donde en menos de una década han logrado cambiar el paradigma de intervención a nivel barrial y de ciudad. Canchas de fútbol, espacios de recreación dentro y fuera de escuelas públicas, creación de espacios de reunión que fomentan la convivencia y promueven la actividad física dentro de las que fueran las zonas de mayor violencia y pobreza de la ciudad. Si bien el objetivo de dicha política pública fue el de la integración y combate a la violencia, sin duda ha contribuido fuertemente al establecimiento de una cultura sana y en pro de la actividad física.

En breve podemos concluir que una alternativa adicional para el combate a la obesidad en México es a través del incremento en la actividad física. Podemos esperar externalidades positivas de los espacios públicos como parques, gimnasios abiertos, que funcionarán como sus catalizadores. La evidencia de otras ciudades nos muestra que en la medida en que exista un mayor y más cercano acceso a estos espacios para los individuos, mayor será la actividad física de los individuos beneficiados. De ninguna manera debemos imaginar dicha política de manera aislada, sino que debemos entenderla en un contexto integral, reforzándola entre otras con políticas de educación hacia un consumo alimenticio responsable.

 

* Jorge Cabrera es studiante de Posgrado en la Universidad de Pennsylvania (MPA), especializado en urbanismo. Consultor internacional desde Central Urbana

 

 

Healthy Parks, Healthy Communities, Addressing Health Disparities and Park Inequities through Public Financing of Parks, Playgrounds, and Other Physical Activity Settings,  The trust For Public Land Octubre 2005.

Centers for Disease Control and Prevention

Healthy Parks, Healthy Communities, Addressing Health Disparities and Park Inequities through Public Financing of Parks, Playgrounds, and Other Physical Activity Settings,  The trust For Public Land Octubre 2005.

 

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