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Por Central Ciudadano y Consumidor
Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las lib... Organización sin fines de lucro que busca incidir en la ampliación y fortalecimiento de las libertades, derechos fundamentales, transparencia y educación de los ciudadanos y consumidores, para que participen con mayor eficacia en el desarrollo y evaluación de sus instituciones. (Leer más)
Zapata lucharía por Uber y los food trucks
El conflicto de Uber y los food trucks es el preámbulo de una batalla de mayor alcance para recuperar nuestra autonomía, libertad económica y valor de la propiedad privada, que nos han sido acotadas por un Estado voraz y sobrerregulador. En ambos casos entiendo a quienes para buscar mayor certidumbre en su actuar piden regulación a los gobernantes, pero debemos tener claro que la efectiva lucha de todos debe ser por propiciar la mayor desregulación. Debemos ampliar los horizontes de lo que podemos hacer los mexicanos con nuestras pequeñas propiedades y activos para generar valor, producir y tener mecanismos propios de conformar nuestro patrimonio y riqueza.
Por Central Ciudadano y Consumidor
12 de mayo, 2015
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Por: Bernardo Altamirano Rodríguez (@beraltamirano)

…Redimir a la raza indígena, devolviéndoles sus tierras, y por lo mismo, su libertad; conseguir que el trabajador de los campos… se convierta en hombre libre y dueño de su destino, por medio de la pequeña propiedad; mejorar la condición económica, intelectual y moral del obrero de las ciudades, protegiéndolo contra la opresión capitalista; abolir la dictadura y conquistar amplias y efectivas libertades políticas para el pueblo mexicano”… “Reforma agraria, reivindicaciones obreras, purificación y mejoramiento de la administración de justicia…; todo esto… formará la médula y el alma del programa revolucionario, la base y el punto de partida para la reconstrucción nacional”.

(Emiliano Zapata, abril 1918)*.

 

Al emprender e innovar uno asume riesgos y está listo para enfrentar condiciones adversas en materia de competencia, posicionamiento de marcas y productos, aceptación de los consumidores, entre muchos aspectos. Uno espera que el Estado, a través de su regulación, instituciones, autoridades y juzgadores, propicie condiciones adecuadas para que estas iniciativas se desarrollen con certidumbre y que así el mercado sea quien determine el éxito o fracaso de las mismas. Pues en la Ciudad de México, representantes del Estado dan señales de querer oprimir expresiones de emprendedurismo e innovación, como son Uber y los food trucks. Con diferentes mecanismos, ambos modelos de negocio son un misil contra un Estado que sobrerregula mercados, donde imperan barreras de entrada a nuevos competidores y en donde el consumidor pierde en opciones y bienestar. Por estas razones, ambos enfrentan reacciones conservadoras que pretenden imponer una supremacía de la burocracia por encima del individuo, su propiedad y libertades económicas; que confunden el interés público con un interés corporativo o clientelar y menosprecian el bienestar de los consumidores, y evidencian el doble estándar con el cual autoridades “enfrentan” la informalidad, en general, y del transporte y venta de alimentos, en particular.

Para entender mejor estos fenómenos resulta útil recurrir a la economía colaborativa. Como lo hemos dicho (“Uber y la Revolución que viene”, 10/2014), existe un creciente número de personas que tanto como consumidores, como emprendedores, están replanteando la concepción tradicional de la propiedad privada y propiciando así disrupción en diferentes industrias. El consumidor gana, pues tiene más opciones, reduce cargas inherentes a la propiedad (mantenimiento, reparaciones, seguros, etc.), y el microempresario también gana, pues su pequeña propiedad, capacidad laboral y activos rompen barreras y entra de manera competitiva a mercados altamente regulados. El encuentro entre ambos es justamente ese espacio de colaboración y cuyo éxito no podría entenderse sin la fuerza que representa hoy en día las plataformas tecnológicas y de información, y la oportunidad que éstas representan para construir comunidad, lo que incrementa la eficiencia y confianza en los mercados y empodera a consumidores y microempresarios.

¿Qué tiene que ver Emiliano Zapata con la economía colaborativa y una nueva visión de propiedad privada? Recordemos que durante la Revolución de 1910, el Caudillo del Sur justamente se revela contra un Estado que representa un modelo de regulación de la propiedad y producción de la tierra excluyente y que la concentraba en pocas manos, producto del modelo de la hacienda concebido desde la época de la colonia. Si bien su interés se dirigía primordialmente al ámbito campesino, Zapata también reconocía las reclamaciones de los obreros (“hermanos de las ciudades”) y los invitó a “confundid vuestro anhelo de la libertad con nuestro anhelo, vuestra ansia de justicia con nuestra ansia (Emiliano Zapata, marzo 1918). Y agregó: “Exigid… mayor libertad económica, mayor derecho a gozar de la vida; es lo que nosotros exigimos al proclamar nuestros derechos a la tierra”. Por estas banderas que defendió es que historiadores como Francisco Pineda reconocen que “la Revolución para Zapata representa la emancipación de un pueblo oprimido desde hace cuatro siglos”, que la reforma agraria logró demoler el régimen colonial de propiedad agraria y que el movimiento de Zapata es una lucha por la liberación social de todo el pueblo mexicano.

En este sentido es que hoy para los emprendedores es de gran vigencia la proclama de “la tierra es para quien la trabaja”, que encuentra gran empatía con la bandera de “tierra y libertad” promovida desde el Partido Liberal por Ricardo Flores Magón, así como con el pensamiento de John Locke (S. XVII), para quien la propiedad es un derecho natural y precede a los gobiernos y se deriva del trabajo y la producción de bienes benéficos para la sociedad. En este sentido, como se ha planteado con anterioridad, (México e Inglaterra: entre Bond y el Santo, 04/14), en México urge impulsar un discusión de fondo sobre la naturaleza, alcances y modalidades de la propiedad privada, pues aquí ésta “corresponde originariamente a la Nación”, quien es quien nos transmite el dominio a los particulares, y que es una de las razones por la que tenemos una economía tan estatista. Por ejemplo, la excesiva intervención del Estado en la vida económica se refleja en que dentro de los países miembro de la OCDE tengamos el tercer lugar en mayor número de restricciones regulatorias y que seamos el lugar 91 en libertad empresarial, según el Instituto Fraser. Ambos aspectos inciden en nuestro nivel de corrupción y frágil justicia cotidiana.

De ahí que el conflicto de Uber y los food trucks sea el preámbulo de una batalla de mayor alcance para recuperar nuestra autonomía, libertad económica y valor de la propiedad privada, que nos han sido acotadas por un Estado voraz y sobrerregulador. Por eso es que en ambos casos entiendo a quienes para buscar mayor certidumbre en su actuar piden regulación a los gobernantes, pero debemos tener claro que la efectiva lucha de todos debe ser por propiciar la mayor desregulación. Debemos ampliar los horizontes de lo que podemos hacer los mexicanos con nuestras pequeñas propiedades y activos para generar valor, producir y tener mecanismos propios de conformar nuestro patrimonio y riqueza.

Por estas razones resulta curioso ver a gobernantes que se les llena la boca al hablar de impulso al emprendedurismo, para lo cual supuestamente reparten recursos públicos -es decir nuestros-, pero que en realidad son cuotas que les permiten ampliar su control político y paternalista, por lo que la gran mayoría de los esfuerzos terminan sin generar ningún beneficio social. Tenemos políticos de todos colores que desconocen el fundamental valor de la propiedad privada y lo que esto implica en la capacidad económica transformadora y en cuanto a la libertad y empoderamiento del individuo (algunos otros que por conocer sus alcances le temen y por eso prefieren mantener el status quo). Una política de impulso del emprendedurismo implicaría romper las cadenas de la sobrerregulación, que permitan a un microempresario abrir una tortillería en su comunidad sin que el alcalde lo restrinja porque afecta al negocio de su compadre; significaría fortalecer a microempresarios y consumidores, no empoderar a burocracias de ventanilla con mentalidad preborbónica; permitiría a los negocios especializarse en satisfacer al cliente y enfrentar la competencia, no en volverse expertos en trámites; a todos nos daría mayor certidumbre del actuar de nuestras autoridades.

A diferencia de la lucha armada de Emiliano Zapata, hoy contamos con herramientas institucionales para dar esta batalla. Desde iniciativas ciudadanas que podrían promoverse en el seno de nuestro Congreso, hasta el trabajo de muchos think tanks que permanentemente están evaluando la ineficacia, ineficiencia y abusos de este Estado sobrerregulador. También hay que innovar en tribunales, y promover amparos y acciones colectivas contra las regulaciones y actos de autoridad que vulneran nuestras libertades económicas.

Por estas razones el debate hoy es sobre el valor de la pequeña propiedad, de nuestro trabajo, de la innovación y del riesgo. Por eso, hoy más que nunca ese movimiento que empezó en Morelos tiene vigencia y Emiliano Zapata en las ciudades lucharía a favor de Uber, los food trucks y por recuperar nuestra libertad económica. Por eso, su lucha sería a favor de los emprendedores de México –como agentes de cambio- frente a la opresión de la burocracia y un régimen sobrerregulador.

 

 

*Las citas de Emiliano Zapata fueron obtenidas del texto “Emiliano Zapata: Pensamiento Revolucionario”, de Juana Rosales García (Revista Estudios, 2011).

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