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Capital Plural
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Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura... Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Twitter: @COPRED_CMX (Leer más)
Acceso pleno al empleo, derecho de todas las mujeres
El Día Internacional de la Mujer es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, y enfrentarnos a la realidad de millones de mujeres en nuestro día a día que menoscaba, obstaculiza y limita nuestro acceso y disfrute de derechos.
Por COPRED
7 de marzo, 2019
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Por: Geraldina González de la Vega

“Los derechos humanos son derechos de las mujeres y los derechos de las mujeres, son derechos humanos”.

En 1995 Hillary Clinton pronunció esta frase que parece obvia, pero hoy, en 2019, parece que tenemos que seguir subrayándolo.

Hubo que adoptar convenciones que reconocieran los derechos humanos de las mujeres, como la Convención para Eliminar la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) hasta finales de los 70.

En México fue hasta 1974 que se reformó la Constitución para incluir la cláusula de igualdad formal entre hombres y mujeres, y hasta 2001 que se incluyó la cláusula de no discriminación en el 1°.

Hizo falta que pasaran décadas para recalcar, también a través de una convención -en el espacio americano, que las mujeres tenemos derecho a vivir sin violencias. Así, fue hasta 1994 que se adoptó la Convención de Belém do Pará contra las violencias. La que después sirviera de base para la condena al Estado mexicano por campo algodonero y que dieran origen a las leyes para una vida libre de violencia de las mujeres y la tipificación del feminicidio.

Los derechos de las mujeres nunca han sido obvios para muchos, gracias al patriarcado, es decir, un sistema que lleva consigo siempre la idea de subordinación desde un sistema sexo-genérico, a través del que se distribuyen roles diferenciados y con ello la valoración distinta de las labores respectivas de “cada sexo”.

Nuestra realidad se mide a partir de la mirada masculina. Pero no de cualquier hombre, sino desde un hombre blanco y occidentalizado, de edad, media, heterosexual, sin una discapacidad, perteneciente a la religión mayoritaria, nacional, con una mujer e hijos. Por ello, el patriarcado es la medida de la discriminación, es el lente a través del cual se niegan los derechos a todas las demás personas, pues no se ajustan a su realidad modélica, androcéntrica.

Los derechos de las mujeres han sido conquistados poco a poco, por eso se habla de olas del feminismo, olas, que como en las mareas de los mares más violentos, vuelven fuertemente. Por eso, hoy vemos, vivimos y resistimos la resaca del machismo que se estrella nuevamente contra nuestras playas conquistadas.

Así, el Día Internacional de la Mujer es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, y enfrentarnos a la realidad que millones de mujeres enfrentamos en nuestro día a día que menoscaba, obstaculiza y limita nuestro acceso y disfrute de derechos.  

Sin duda, existen muchos retos, y el acceso al empleo es uno de ellos. La posibilidad de acceder al mercado laboral tiene impactos en el acceso a muchos otros derechos. Por ejemplo, en la medida en que las mujeres sean independientes económicamente, más alicientes tienen para huir de la violencia doméstica, para denunciarla, para no tolerarla, para no pensar que es “normal”. Así, el hecho de que las mujeres tengan garantizado su derecho a la incorporación plena en el empleo influye en las tasas de violencia doméstica.

La CEDAW reconoce en su Artículo 11 este derecho y establece obligaciones específicas para que los Estados Partes adopten todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la esfera del empleo a fin de asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, los mismos derechos. Y establece de manera especial que, los Estados, a fin de asegurar la efectividad de su derecho a trabajar, deberán impedir la discriminación contra la mujer por razones de matrimonio o maternidad, prohibiendo, bajo pena de sanciones, el despido por motivo de embarazo o licencia de maternidad y la discriminación en los despidos sobre la base de estado civil. Asimismo, deberán implantar la licencia de maternidad con sueldo pagado o con prestaciones sociales comparables sin pérdida del empleo previo, la antigüedad o beneficios sociales.

También, la Convención establece que se deberá apoyar a las familias para que tanto padres, como madres, puedan combinar las obligaciones para con la familia con las responsabilidades del trabajo y la participación en la vida pública, especialmente mediante el fomento de la creación y desarrollo de una red de servicios destinados al cuidado de los niños.

El año pasado el Banco Mundial publicó su estudio, Women, Business and the Law 2018 en donde califica a los países de acuerdo a indicadores: acceso a las instituciones, uso de la propiedad, acceso a un empleo, acceso a incentivos al empleo, acceso a la justicia, acceso a crédito y protección ante la violencia. Las calificaciones llegan al 100. Sobre esto es importante mencionar que México tiene una calificación global de 86.21.

México tiene 100% en varios indicadores, como en aquellos que se refieren a la posibilidad de tener propiedad o de movilidad, excepto en: acceso a salario (75), acceso a matrimonio (80), tener hijos (60) y acceso a una pensión (75).  

El rubro de “tener hijos” se califica el apoyo a las madres, tales como apoyos fiscales así como la existencia de guarderías y estancias infantiles para los hijos, lo que incrementa la participación de las mujeres en el empleo. En el estudio se dice que “la evidencia sugiere que el gasto en la educación temprana y las estancias infantiles puede incrementar la participación de las mujeres en la fuerza laboral y cerrar brechas de género”.

Las razones de las bajas notas para México son:

  • No hay licencias de maternidad de al menos 14 semanas
  • El gobierno no paga 100% de los beneficios de las licencias de maternidad o beneficios de parentalidad cuando no hay licencias disponibles
  • No hay licencias de parentalidad (combinación de licencias pagadas y no pagadas y no necesariamente es para una mujer que pare. Es decir, se trata de un incentivo para que los padres también se hagan cargo de los hijos).
  • No hay créditos para la pensión para periodos de cuidado de hijos

Y aunque califica correctamente la licencia de paternidad, yo creo que el tiempo es demasiado corto pues no se trata de una licencia para contemplar al recién nacido, sino para la división u ocupación de las tareas de cuidado y del hogar que la mujer que parió no puede asumir.

México tiene una población de 129, 163, 276 millones de los cuales 64, 851, 331 somos mujeres. De acuerdo con el INEGI en su Encuesta Intercensal 2015, el 52.6 por ciento de la población en la Ciudad de México son mujeres.

La tasa de participación femenina en el mercado de trabajo formal en la Ciudad de México (1) para el año 2005 fue del 46.4% y en los años siguientes aumenta hasta llegar al 51.7 por ciento en el año 2012. Sin embargo, a partir del 2013, se refleja una disminución al porcentaje hasta llegar al 50.1 por ciento en 2016 (2) y en 2017 bajó a 49%, y el año pasado subió al 51%. Es importante analizar y problematizar esta tendencia y sus posibles causas.  Hoy estamos por debajo del porcentaje de 2012, avanzamos tan solo 4.6 puntos en 13 años.

La Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México 2017 (EDIS 2017) reflejó que el 65.6 por ciento de las respuestas indican que las empleadas embarazadas son víctimas de discriminación y de dicho porcentaje, el 37.7 por ciento consideran que se les discrimina “mucho”.

Asimismo, dentro de las formas de discriminación, las tres principales razones por las que se considera se discrimina a las empleadas embarazadas fueron: “no les dan trabajo” con el 35.6 por ciento, “las corren del trabajo” con el 27.5 por ciento y “las hacen menos” con el 13.8 por ciento (3).

En consonancia con ello, la muestra del 2016 de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares respalda dicha percepción ciudadana al evidenciar que la prevalencia de discriminación en el trabajo por razones de embarazo entre las mujeres ocupadas de 15 años y más en la Ciudad de México es del 10.4 por ciento del total de la población de mujeres con ocupación (4).

En el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (COPRED) el mayor número de denuncias que recibimos, de manera histórica, es el de mujeres que han sido despedidas por su embarazo:

En 2013, tuvimos 55 casos por embarazo; en 2014, fueron 85; en 2015, 65 casos; en 2016, tuvimos 44; en 2017, fueron 67 casos; y en lo que va del último año (2018-2019), se han abierto 88 expedientes por despido por embarazo.

Es decir, entre 2013 y al 22 de febrero de este año, en el COPRED se han abierto 404 casos de despido por embarazo, lo que representa el 46.9% de un total de 1162 asuntos por discriminación abiertos en el COPRED. En consonancia con lo anterior y de acuerdo con la EDIS 2017 (5), se resalta que mientras las empleadas embarazadas ocupan el trigésimo segundo lugar entre los 41 grupos más discriminados, éstas representan la causa principal de denuncias presentadas ante el Consejo. Es posible que la discriminación se deba a la falta de visibilización con respecto a la discriminación y estigmatización que enfrentan las mujeres embarazadas en sus espacios laborales y sus consecuencias.

Sobre esto vale la pena reflexionar respecto de la tendencia en la participación femenina en el mercado de trabajo formal y su relación con el hecho de que las mujeres aún invierten mayor tiempo que los hombres en trabajo no remunerado de cuidado y del hogar. De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015:

  • Las mujeres de 12 años o más invierten un promedio semanal de 41.56 horas en trabajos dentro del hogar no remunerado (6), mientras que los varones de 12 años o más invierten sólo 18.32 horas a la semana.
  • El promedio de horas de trabajo no remunerado a la semana dedicadas al cuidado de menores de 14 años equivale a 46.99 por parte de las mujeres y 23.98 horas por parte de los hombres.
  • En cuanto al cuidado de personas enfermas o con alguna discapacidad o de 60 años o más, las mujeres invierten en promedio 34.08 horas a la semana y los hombres 24.04 horas.
  • Para los quehaceres del hogar, el promedio de horas que las mujeres invierten para su realización son 23.47 a la semana mientras que el promedio de horas de los hombres es de 10.56 a la semana.
  • El aumento de brecha entre mujeres y hombres en la participación económica puede deducirse como una causa o consecuencia de la feminización de la pobreza.

Algunas medidas:

  • Es necesario que las empresas y el sector público incorporen políticas de conciliación entre la vida familiar y laboral, de modo que los hombres asuman también el trabajo no remunerado tanto de cuidado, como en el hogar.
  • Es indispensable alargar las licencias de maternidad, y de paternidad e incorporar las de parentalidad que involucran a ambos progenitores. Esto se ha probado, disminuye la brecha salarial.
  • Insistir en que las estancias infantiles son un derecho y que por principio de no regresividad no puede desaparecer. Las familias necesitamos un lugar confiable y adecuado para dejar a nuestros hijos. Ello favorece la incorporación de las mujeres al empleo y desalienta la violencia doméstica.
  • Hacer visible que persiste un sistema en el que se cree que la reproducción y crianza es un tema exclusivo de mujeres.

Este mes de las mujeres, marzo, sirve para reflexionar sobre lo alcanzado y lo que falta alcanzar. Nuestras hermanas brujas del 16 y 17, desde Olympia de Gouges que se “atrevió a proponer una Declaración de los Derechos de la mujer y de la ciudadana”, desde las sufragistas en el siglo XIX, desde nuestras abuelas y nuestras madres que lucharon por votar, ser votadas, por estudiar y salir a trabajar, por decidir con quién casarse, cuándo tener hijos, nuestras hermanas en la Selva Lacandona, o en Querétaro, o en cualquier rincón olvidado por el ruido de la urbanización, que luchan día a día por su dignidad, hasta que se nos haga costumbre.  

Se ha atribuido a Isaac Newton la frase “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes.” Yo hoy, en honor a todas y cada una de todas esas mujeres que nos antecedieron, quisiera decir, que, si estoy aquí, si estamos todas nosotras aquí hoy, es porque estamos paradas sobre hombros de mujeres gigantes, valientes; quienes a pesar de la resistencia de muchos hombres se abrieron paso y nos marcaron el camino, para ser y para exigir nuestros derechos. Para ser, simplemente iguales.

Por esto, el 8M es importante, por eso el feminismo es importante.

Renegar de él, es renegar de esas mujeres gigantes que araron para que nosotras pasáramos y siguiéramos surcando el camino para nuestras hijas y ellas, el de nuestras nietas.

 

* Esta nota se elaboró con algunos insumos producidos por el personal del Consejo.

1 INEGI. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2005-2016.

2 Porcentajes desagregados por año: 2005-46.4 por ciento; 2006- 48.9 por ciento; 2007-49.2 por ciento; 2008-84.2; 2009-48.9 por ciento; 2010- 48.5 por ciento; 2011- 49.4 por ciento; 2012- 51.7 por ciento; 2013- 51.0 por ciento; 2014- 49.9 por ciento; 2015- 50.4 por ciento; 2016- 50.1 por ciento.

3 Ibid

4 Muestra del 2016 de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, 2011 y 2016 (ENDIREG)

5 Destaca que la desagregación de indicadores de la EDIS 2017 hacia las empleadas embarazadas y la discriminación que éstas enfrentan no fue contemplada en la EDIS-2013. Debido al persistente porcentaje mayoritario de quejas y reclamaciones presentadas ante el Consejo a lo largo de los años, se vio con la necesidad de incluir la problemática en la edición del 2017.

6 Trabajos que incluyen el cuidado de menores, personas enfermas o con alguna discapacidad o de 60 años o más, así como los quehaceres del hora.

 

@COPRED_CDMX

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