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Capital Plural
Por COPRED
Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura... Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Twitter: @COPRED_CMX (Leer más)
Arte y cultura contra la discriminación
El arte, como una manifestación cultural más, es uno de los modos más eficaces para promover el respeto por la diversidad en favor de una sociedad más solidaria, al dar cuenta de aquellas determinaciones que componen los imaginarios sociales que representamos y los saberes que nos constituyen.
Por Berenice Vargas
22 de octubre, 2021
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Estamos en octubre, mes de la Cultura por la No Discriminación en la Ciudad de México. Es la oportunidad ideal para la reflexión sobre el arte, la cultura, la igualdad y la no discriminación.

¿Qué entendemos por cultura? Podemos definirla como la producción y reproducción social de sentido, significado y conciencia; es a través de esta que pueden unificarse las diferentes esferas de la sociedad (economía, política, educación) y los espacios (público y privado) mediante el conjunto de costumbres que conforman pautas y modos sociales.

Existen muchas corrientes que sugieren que la cultura se manifiesta en objetos materiales o “ideales y simbólicos”, mediante un complejo proceso de acuerdo con las funciones sociales que cumplen. La vida social está absolutamente interrelacionada con la cultura, por lo que la historia de la cultura es la historia de la sociedad. Sin embargo, la cultura también debe ser continuamente renovada, recreada, protegida y modificada. Es decir, no es una producción estática y establecida para siempre, sino un campo en transformación permanente. 1

De acuerdo con la Declaración de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, “la cultura debe ser considerada el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”. El derecho a participar en la vida cultural tiene elementos tanto individuales como colectivos. Pueden ejercerlo un individuo solo, en asociación con otros o dentro de una comunidad o grupo.2

Por eso los cambios materiales, simbólicos y artísticos son efecto de las transformaciones que se producen en el seno de una sociedad. La cultura es, entonces, un patrimonio común que recibimos y transmitimos mediante nuestros actos cotidianos de saberes, prácticas y formas de expresión, es decir, es una esfera que cohesiona los valores, los sentidos y los códigos que rigen a las sociedades.

Como todo ámbito en el cual se dan las relaciones sociales, no está exenta de conflictos de poder en los que se expresan las desigualdades. Por otra parte, las culturas no se ubican en una escala de valores que indiquen superioridad o inferioridad entre sí: las culturas son diversas porque las personas y comunidades también lo son. Así, no es posible “carecer” de cultura ni existen personas que tengan más o menos “cultura” que otros. La cultura es un elemento de cohesión y relación social.

Por ejemplo, aun sin conocernos, podemos compartir gustos musicales o asombrarnos frente a una misma película. Entonces, ese producto ya no es solamente un gusto personal, sino una manera de ver o compartir, parte de una cultura expresada en un lenguaje común, aunque sea transitorio. Es una forma muy directa de construir las condiciones para que el cambio cultural se haga posible, ya que un interés individual se vuelve colectivo, es decir, se construye un conocimiento compartido.

El arte, como una manifestación cultural más, es uno de los modos más eficaces para promover el respeto por la diversidad en favor de una sociedad más solidaria, al dar cuenta de aquellas determinaciones que componen los imaginarios sociales que representamos y los saberes que nos constituyen.

El concepto de arte fue utilizado de forma general desde el siglo XIII, pero se fue restringiendo a lo largo del tiempo. Se aplicaba a toda persona con destreza y habilidades especiales (en ese sentido, artista y artesano no se diferenciaban), pero con el tiempo pasó a apuntar a todo aquello relativo a las aplicaciones en las artes (plásticas, escultóricas, dramáticas, musicales y, más recientemente, fotográficas y cinematográficas).

Sin embargo, es necesario preguntarnos quién define que una obra sea arte y que otra no lo sea. Si una obra debe ser bella para considerarse arte, ¿la belleza es la misma para todos los tiempos históricos o es relativa dependiendo de las personas y de una sociedad determinada?

El tema es complejo y las discusiones en los ámbitos artísticos dan cuenta de que no es posible encontrar una única respuesta a lo que hoy podemos considerar arte. El arte no es un objeto o una cosa, sino un vínculo que puede ser comprendido como una herramienta, porque puede ser un nexo. Toda obra de arte, cualquiera sea, fue realizada con una intención, con el propósito de comunicar. Es decir, el arte supone necesariamente una comunicación intersubjetiva y un sentido social.

El arte puede sacar a flote estas significaciones para repensar nuestra subjetividad, pues no sólo es contemplación estética, sino también construcción de saberes y reflexión sobre los ya elaborados.

Así como consideramos que somos personas productoras y reproductoras de arte y cultura, debemos tener en cuenta que también tenemos aptitudes creativas, desarrolladas en diferentes grados. Los actos creativos se dan en todas las personas. La creatividad es la capacidad común de generar ideas, emociones y apreciaciones en un proceso artístico e intelectual.

El arte supone una libertad de elección en tanto está vinculada a la diversión o al disfrute de una obra, y en esta elección van a estar presentes aquellos rasgos más íntimos de una persona o de un grupo social. En nuestra época, dominada por la comunicación y el consumo, cuando muchos de los valores modernos están cuestionados, el arte o la cultura popular son, para algunos sectores sociales, dispositivos eficaces para la construcción de la identidad personal y colectiva. Entonces, ya no se trata de la contemplación estética o de ser poseedor de una cultura general. El conocimiento del arte, de la cultura y de los derechos humanos supone una vía de acceso para comprender e intervenir en las prácticas sociales de diferentes actores y grupos sociales.

La identidad es una forma de expresión de la cultura en que vivimos y un elemento fundamental en su reproducción. Porque la identidad es la cultura internalizada en nosotros mismos, apropiada bajo la forma de conceptos, ideas, imágenes que determinan una manera de ser y de hacer particulares, que transmitimos de generación en generación.

Muchas de aquellas creencias sobre nosotras mismas tienen un origen en prejuicios sociales o en formas de estigmatizar moralmente a las demás personas, que están naturalizados de tal modo que parecen formar parte de nuestra identidad. La identidad cultural se aprende. No nacemos con ella. La identidad es una construcción social. La aprendemos en el hogar, en la escuela, en el club, en la calle… La construimos en todos los ámbitos en los que nos interrelacionamos socialmente. (Morduchowicz, 2000: 38-39)

El arte y la cultura tienen como requisito necesario el encuentro colectivo y, con ello, la conformación de un mundo común, que para ser habitable implica el respeto por las diferencias y la inclusión, así como una convivencia cordial que garantice que las personas y las comunidades tengan acceso a la cultura y puedan participar en aquellas expresiones que elijan, para asegurar el disfrute de sus derechos culturales en condiciones de igualdad, dignidad humana y no discriminación.

* Berenice Vargas es subdirectora de Planeación del @COPRED_CDMX.

 

 

1 O’Sullivan y otros, 1997: 87

2 Artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales . https://www.escr-net.org/es/derechos/culturales

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