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Capital Plural
Por COPRED
Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura... Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Twitter: @COPRED_CMX (Leer más)
Construyamos ciudades libres de discriminación y antirracistas: ciudades de derechos
La “pandemia de la discriminación y del racismo” es igual de preocupante y urgente de atender, pero se requiere de un antídoto muy potente, tiempo, cooperación de distintos sectores de la sociedad, acciones individuales y colectivas, y muchas alianzas a nivel internacional, nacional y local para que este problema histórico y estructural se pueda erradicar.
Por Dulce M. Cortés Fernández
28 de octubre, 2021
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“Mientras la pobreza, la injusticia y la gran desigualdad persistan en

 nuestro mundo, ninguno de nosotros puede descansar realmente”.

Nelson Mandela

 

 

¿A quién no le gustaría vivir en un mundo sin desigualdades, donde todos los seres humanos tengamos las mismas oportunidades, un mundo donde todos nuestros derechos se respeten y garanticen y uno donde no haya violencia, discriminación, racismo o cualquier otra forma conexa de intolerancia? Seguramente, la respuesta automática a esta pregunta sería que a todas las personas nos encantaría un mundo así, pero qué estamos haciendo tanto en lo individual como en lo colectivo para lograrlo.

En el mundo no hay una sola ciudad o país que pueda decir que no existe desigualdad, discriminación o racismo en su territorio y aunque ha habido esfuerzos importantes para prevenir o eliminar estas problemáticas, aún existen situaciones, voluntades políticas y personales, sistemas económicos y socioculturales e incluso leyes que no lo permiten.

Hace pocos meses, antes de que las vacunas contra covid-19 comenzaran a aplicarse en la población mundial con la propia desigualdad que esto conlleva, el mayor anhelo, tanto para personas mayores, adultas y jóvenes como para niños y niñas, era que la pandemia se terminara lo antes posible.

Desde su inicio, los organismos internacionales, líderes mundiales, personas tomadoras de decisiones, de la academia, del sector privado y público y organizaciones de la sociedad civil se volcaron para atender un problema de escala mundial que ha costado vidas, colapsado el sector salud y dañado la economía global. En tan solo 10 meses, se obtuvieron vacunas.

Hoy, aún con estas no es posible decir que la pandemia ya terminó o que las personas no siguen contagiándose o muriendo por covid-19 –actualmente todavía hay algunos países en donde el acceso y distribución de las vacunas ha sido nulo–. Aun así, los números se han reducido en gran medida y paulatinamente se han retomado las actividades y lo que algunas personas llaman “normalidad”.

Me gustaría decir que la respuesta para construir ciudades libres de discriminación y antirracistas es igual de “rápida”; no obstante, a pesar de que ha sido un problema que lleva siglos aquejando a nuestra sociedad, tanto las acciones, discursos, legislaciones discriminatorias y racistas, así como los crímenes de odio – delitos contra una persona, en el que la víctima es intencionalmente seleccionada por una de las siguientes características: raza, etnia, nacionalidad, religión, género, identidad de género, orientación sexual, y discapacidad- le siguen quitando la vida a personas pertenecientes a los grupos de atención prioritaria y obstaculizando y negando su pleno acceso al derecho a la salud, educación, vivienda, trabajo, acceso a la justicia, al libre desarrollo de la personalidad, entre muchos otros.

Tan solo en 2021, el Observatorio Nacional de Crímenes de odio contra las personas LGTTTI+ ha reportado 68 casos en México, y solo de las personas de esta comunidad; no se contabilizan crímenes de odio por otros motivos.

Por otra parte, el Programa Uniforme de Reportes de Delitos del FBI en Estados Unidos consignó, también en 2020, que hubo 7 mil 759 incidentes de delitos motivados por el odio; el 61.9% de ellos fue por sesgo de raza/etnia/ascendencia.

Por todo esto, la “pandemia de la discriminación y del racismo” es igual de preocupante y urgente de atender, pero se requiere de un antídoto muy potente, tiempo, cooperación de distintos sectores de la sociedad, acciones individuales y colectivas, y muchas alianzas a nivel internacional, nacional y local para que este problema histórico y estructural se pueda erradicar.

No hay una respuesta única y tampoco sería el objetivo, ya que en ese caso no habríamos aprendido nada de todo el daño que ha implicado un sistema homogeneizador que no acepta la riqueza de la diversidad por miedo a lo “otro”, lo “distinto” y lo “diferente”; que desdibuja y borra culturas, lenguas y tradiciones, y niega la existencia de grupos como personas afrodescendientes, personas indígenas, personas en situación movilidad humana; especialmente por su tono de piel, rasgos físicos o por su origen étnico o nacional.

En el marco del Día Mundial de las Ciudades, que se conmemora este 31 de octubre y tiene por objetivo promover el interés en la urbanización, la cual “ofrece nuevas formas de inclusión social, entre ellas una mayor igualdad, el acceso a los servicios y nuevas oportunidades”, podemos promover que nuestra capital, desde cualquier punto en el mundo en el que nos encontremos, transite, sea o se fortalezca para ser una ciudad de derechos.

En ese sentido, hago las siguientes consideraciones y sugerencias tanto para lo individual como lo colectivo:

  • La discriminación y el racismo sí existen a escala mundial, no se pueden invisibilizar o decir que solo pasan en algunos lugares.
  • El castigo – la acción punitiva- no es la única vía para erradicar esta problemática. Existen instituciones como el COPRED que por la vía no jurisdiccional buscan atender esta situación con mecanismos de justicia restaurativa.
  • La educación es fundamental para atender estos fenómenos, pero no solo es trabajo de personas docentes, sino también de las personas legisladoras, directivas, familias y
  • Hay leyes que ayudan a combatir conductas discriminatorias y racistas y que a veces dan origen a entidades especializadas en el tema con presupuesto, pero también hay leyes que son discriminatorias en sí mismas y hay que eliminarlas.
  • El proceso no es fácil porque se requiere un cambio cultural, pero si se va sembrando la semilla de persona en persona, el cambio se notará. Nosotras mismas podemos hacerle frente al comentario “trabaja como negro” o “cásate con una persona blanca para mejorar la raza”, por ejemplo, y trabajar en nuestros microracismos.

Así como la pandemia causó estragos sociales, económicos y políticos, la discriminación y el racismo también lo hacen. Eliminémoslos y construyamos ciudades de derechos donde se vele por la dignidad de todas las personas.

* Dulce M. Cortés Fernández es asesora en asuntos internacionales del @COPRED_CDMX.

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