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Desafíos de la educación en línea en tiempos de pandemia
Los desafíos de la educación en línea son estructurales, interseccionales, interculturales e históricos, pues ponen en evidencia la crisis educativa que México arrastra desde hace mucho tiempo por la falta de acceso igualitario a otros derechos como la salud, el trabajo, la justicia y el acceso a la información.
Por Ricardo Portilla
15 de julio, 2021
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La pandemia por COVID-19 ha significado un cambio en la vida de las personas de todo el mundo; prácticamente todos los espacios de desarrollo social han sido y siguen siendo afectados por ésta. El sector educativo no es la excepción, por el contrario, parece ser de los espacios más impactados, y no sólo por la implementación de una modalidad educativa a distancia, sino por todo el entrecruzamiento de factores que intervienen en su desarrollo.

El distanciamiento social como medida de prevención y mitigación de COVID-19 llevó la escuela a la casa y con ello, a la implementación de una educación en línea mediante distintas plataformas como Zoom, Google Meet, Microsoft Teams, Telmex, Jitsi Meet, Skype, entre otras, así como al planteamiento de paqueterías completas como Google for Education, para seguir garantizando y promoviendo el derecho humano fundamental de la educación.

Esta primera acción, aunque atractiva y deseable, no resultó viable, pues es importante poner en perspectiva que en realidad no todas las personas cuentan con una computadora o acceso a internet. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019, el 76.6% de la población urbana es usuaria de Internet, mientras que en la zona rural la población usuaria se ubica en 47.7%; así, de los hogares del país, 44.3% dispone de computadora y 92.5% cuenta con al menos un televisor.

Ante esta realidad, el Estado mexicano, entre otros países como Perú, China, Tanzania, Mozambique, etcétera, comenzó a recurrir a la transmisión de la educación televisada a partir de varias estrategias; en el caso de México, con el programa “Aprende en casa”, que de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP), tras su implementación durante el ciclo escolar 2019-2020, el 4.2% del alumnado de educación básica a nivel nacional no tuvo ningún tipo de comunicación con sus maestras y maestros (797 mil 439 de estudiantes), y 1 millón 711 mil 962 estudiantes tuvieron una comunicación baja con el personal docente (9% de alumnas y alumnos de nivel básico).

Según la SEP, 5% del alumnado dijo que sus maestras y maestros no les acompañaban en su aprendizaje, y el 13% que los acompañan poco; así, el 42% de estudiantes dijo sentir preocupación por no aprender, mientras que el 52% de padres y madres dijeron que las clases a distancia habían afectado el aprendizaje de sus hijas e hijos.

Estos datos revelan poco en sí mismos, pero dejan ver las dificultades que representa la educación a distancia y en línea, por lo que es importante mencionar algunas de ellas, que van más allá de contar o no con un dispositivo útil para esta modalidad educativa.

En Desigualdades educativas y la brecha digital en tiempos de COVID-19, Marion Lloyd menciona que entre las causas “(…) que condicionan el acceso a una educación de calidad en línea son: la clase social, la etnia, el género, la ubicación geográfica y el tipo de institución educativa a la que pertenecen las personas ”. 1

En 2018 el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) afirmaba que en México existían 52.4 millones de personas que se encontraban en situación de pobreza y otros 8.6 millones en pobreza extrema. Si a esto agregamos el aumento de entre 8.9 y 9.8 millones de personas mexicanas que se han sumado a la pobreza por la crisis de COVID-19, el panorama se complica.

El impacto económico, así como la perspectiva en relación a la clase social, tiene repercusiones en múltiples aspectos de la vida, y esto puede implicar vulneración a la educación al poner en conflicto otros derechos y necesidades.

Hay personas que tienen que decidir si continuar o no con sus estudios o los de sus hijos e hijas por tener que pagar una colegiatura, insumos educativos o servicio de internet. A esto se suman otras categorías sociales que añaden problemáticas interseccionales como origen étnico, género, edad e ubicación geográfica, donde mujeres, personas indígenas, personas con discapacidad, niñas, niños, adolescentes y jóvenes se ven más afectadas.

En este punto podemos mencionar el aumento de violencia familiar (el 2020 cerró con 220 mil 28 denuncias por violencia familiar, el mayor número desde que se tiene registro, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública) 2, la falta de acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) por carencia en zonas rurales, la falta de medidas de inclusión en las plataformas de educación a distancia para personas con discapacidad y la deserción escolar (330 mil niñas y niños de preescolar no se inscribieron sobre todo por razones atribuibles a la pandemia y 2.9 millones de estudiantes  de educación media superior dejó de estudiar por problemas económicos). 3

La lista de factores que intervienen en una educación en línea de calidad sigue al contemplar en el panorama el aumento de despidos, la gran brecha digital que va de la mano del analfabetismo digital, la creciente tasa en la afectación a la salud mental, la carga de tareas escolares y domésticas que puede recaer en niñas y mujeres de algunas comunidades por temas de género, la ruptura de una rutina establecida, la falta de estrategias de enseñanza-aprendizaje autogestivas, los distractores, obstáculos y violencias que puede significar tener la escuela en casa, falta de herramientas pedagógicas para impartir clases a distancia, fallas técnicas y por supuesto, los contagios de COVID-19.

Los desafíos de la educación en línea son estructurales, interseccionales, interculturales e históricos, y ponen en evidencia la crisis educativa que México arrastra desde hace mucho tiempo por la falta de acceso igualitario a otros derechos como la salud, el trabajo, la justicia y el acceso a la información.

Algunas organizaciones como UNICEF dan algunas recomendaciones enfocadas a niñas, niños y adolescentes (NNA) para brindar una educación en línea de mejor calidad, como cuidar la salud emocional, establecer una rutina, no tratar de convertirse en docente en el apoyo educativo, tener todo lo necesario para el proceso educativo, regular el tiempo y fomentar el ejercicio.

Por otro lado, la SEP determinó omitir reprobar estudiantes que tuvieran una comunicación constante o intermitente con sus maestras y maestros como medida extraordinaria para garantizar el derecho a la educación en una crisis como la actual.

Otras propuestas en apoyo a NNA desde el Informe de Impactos diferenciados por COVID-19: diálogos con organizaciones de la sociedad civil, elaborado por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) en conjunto con otras organizaciones de la sociedad civil en 2020 son:

Acceso prioritario a programas sociales de las poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad; fomentar que las evaluaciones sean omitidas durante esta pandemia, pues los conocimientos que NNA han obtenido son sobre resiliencia y sobrevivencia, sobre todo aquellas(os) que viven con sus agresores (a lo que podría sumarse la construcción y fomento de redes de apoyo); retomar diálogos y acciones para dignificar las vidas de NNA en escenarios donde persiste el crimen organizado; definir necesidades específicas de NNA de manera diferenciada con las personas adultas.

Si bien estas propuestas y recomendaciones son necesarias, muchas de ellas no pueden llevarse a cabo si no se tiene un trabajo que atienda el problema de forma estructural y diferenciada en cuanto al impacto que ha tenido la pandemia en los distintos sectores de la población. La perspectiva interseccional tiene que ser fundamental en el quehacer público y político: son necesarias políticas públicas que consideren todas las aristas de las diversas problemáticas y necesidades de la población para avanzar en el acceso igualitario y de calidad de la educación en línea y de la educación en general.

Esta coyuntura que enfatiza los problemas históricos de la sociedad puede ser una oportunidad para construir con creatividad ante la adversidad. La pandemia marca un parteaguas en las formas en las que se puede implementar la educación, y aun después de ella, dejará un antecedente para futuros escenarios (como la crisis ecológica) de cómo hacer educación a distancia.

Sin duda nos hemos enfrentado a una crisis sin precedentes que pone en jaque a muchos sectores, por lo que las soluciones no están dadas ni terminadas. Aún nos encontramos en un proceso de aprendizaje para saber cómo lidiar con situaciones específicas; sin embargo, vale la pena y es necesario poner sobre la mesa la reflexión y las acciones por tomar a partir de la profunda desigualdad existente (y ya conocida) que la pandemia vino a enfatizar y a exacerbar en la realidad de todos los días de millones de personas.

* Ricardo Portilla es asesor educativo del COPRED.

 

 

1 Lloyd, M. (2020). Desigualdades educativas y la brecha digital en tiempos de COVID-19. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación.

2 Arteta, I. (26 de enero de 20219). En 2020, cada hora hubo 25 denuncias por violencia familiar. Animal Político.

3 Roldán, N. (24 de marzo de 2021). Deserción escolar: 6 testimonios que explican por qué la pandemia los sacó de las aulas. Animal Político.

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