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Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura... Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Twitter: @COPRED_CMX (Leer más)
La discriminación contra las personas gordas
La aceptación de las personas gordas no implica abogar por la gordura, sino rechazar una cultura que les hace sentir rabia, culpa u odio por sus cuerpos
Por Berenice Vargas
20 de agosto, 2020
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“Las personas gordas constantemente son perseguidas y se les exige demostrar un buen estado de salud para no ser discriminadas, ya que es un trato diferenciado en comparación con las personas delgadas, y sobre todo ver a la enfermedad como una posibilidad de existir sin ser víctima de violencia ni discriminación”.

Anónima

 

Al hablar del cuerpo, no podemos pensarlo como si se tratara de una idea. Es preciso situarlo en el tiempo y espacio como la experiencia de ser y estar en el mundo. Esto significa que en cada momento de la historia y en cada cultura se han normado los cuerpos para asignarles lugares y propósitos de acuerdo con su sexo, tono de piel, tamaño, espacio geográfico que habitan, etcétera.

Partimos de entender el cuerpo como el conjunto de relaciones sociopolíticas y económicas que establecen las personas, que nos afectan de manera individual y colectiva. Los cuerpos han sido expropiados, disciplinados y subordinados; de ahí la importancia de reflexionar sobre lo importante que es recuperarlos, reconocerlos, saber cómo funcionan o cómo se entrelazan sus diferentes planos: físico, mental, espiritual, sexual, entre otros.

Las presiones socioeconómicas y culturales están marcadas por la industria cosmética, la moda, la medicina, la alimentación y el deporte, que crean patrones que requieren el consumo de muchos productos para intentar alcanzar un modelo corporal. Se ha producido una corporalidad que niega la diversidad y busca implantar patrones de belleza, voluntades y sexualidades que nos exige ser siempre fuertes y valientes, poderosas, aceptarnos, estar a tono siempre con un mundo que nos reclama indefectiblemente listas y sanas para asumir las tareas de producción y reproducción.

Hay un gran modelo que hace que los cuerpos se lean como “generizados” o racializados o viejos, o discapacitados, o gordos, o enfermos; donde impera la delgadez como sinónimo y referente de belleza, de salud e incluso de éxito y felicidad; en el que personas gordas y de todas las tallas crecen interiorizando y ejerciendo la gordofobia, entre otra serie de exigencias que se suman intensificando las discriminaciones.

La palabra gordofobia se deriva de la expresión del idioma inglés fatphobia, que fue utilizada en un estudio realizado por Robinson, Bacon y O’Reilly en Minnesota (USA), el cual registraba las actitudes negativas de la comunidad hacia los estereotipos relacionados con las personas gordas. Por lo tanto, la gordofobia es la discriminación que viven las personas gordas por el simple hecho de serlo1; es un conflicto cultural, social y político que se encarna en lo que se consideran corporalidades gordas, creando prejuicios valorativos2.

La gordofobia repercute en expresiones de odio, humillación, maltrato, patologización y/o violencia contra las personas consideradas gordas, actos que pueden derivar incluso en la limitación del acceso a derechos. Esto provoca que tengan menor posibilidad de conseguir o permanecer en un empleo, adquirir un grado académico o recibir un trato digno en su vida diaria; también aumenta las probabilidades de que permanezcan en la pobreza3.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2017 reveló que 20.2% de la población de 18 años o más declaró haber sido discriminada en ese año. Los motivos principales fueron la forma de vestir o el arreglo personal, el peso o estatura, la edad y las creencias religiosas.

La Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México (EDIS) 2017 mostró que en el ámbito personal, el 27.6% de la ciudadanía reconoció que alguna vez había sido discriminada. A su vez, de este porcentaje, la discriminación ocurrió en la calle (28.5%), en el trabajo (24.6%), en la escuela (11.2%), en el transporte público (11.1%) y en alguna institución pública (7.7%). En cuanto al cómo y el porqué de la discriminación, el sobrepeso fue la principal respuesta (10.7%), seguida por la forma de vestir (9.7%), el color de piel (5.6%), la edad (5.2%) y la imagen (5.2%). Al preguntar si alguien cercano, como un familiar, amigo o conocido había sido discriminado, el 19.7% respondió que sí, y el lugar donde ocurrió fue primordialmente en la calle y en el trabajo. Respecto al cómo y por qué, las respuestas fueron por color de piel, sobrepeso, discapacidad, forma de vestir y preferencia sexual4.

En cuanto a la percepción de las personas sobre cuáles son las causas más comunes de discriminación, el 4.20% de las personas encuestadas mencionaron la obesidad.

A partir de esta biopolítica se promueven las acciones gordofóbicas y se idealizan las imágenes de cuerpos normativos, industrializados, amoldados a imágenes acordes a las solicitudes de una industria estética, que se robustece a medida que etiqueta como “malas”, “feas” o “insalubres” a ciertas corporalidades con características específicas. Así, la gordura es mirada como algo malo, indeseable y patológico, al no entrar en el canon de delgadez que actualmente se encuentra vinculado a la salud, la belleza y la productividad.

Los comentarios gordofóbicos, así como las “bromas” y sobrenombres ridiculizantes –muchas veces provenientes de amigas, amigos, parejas, familiares y personas desconocidas que creen tener el derecho de opinar, juzgar, criticar y subestimar a las corporalidades gordas– impactan en la salud mental, emocional y física. En estas relaciones dañinas y gordofóbicas, el rol de las personas gordas no es el de ceder, aguantar o pedir aceptación. La expectativa del amor hacia los cuerpos contrahegemónicos se distancia de la narrativa del Body Positive, que pone toda la responsabilidad en la autoaceptación de quienes han sufrido las agresiones gordófobicas, ignorando que hay toda una estructura de opresión sobre los cuerpos.

De esta manera y como lo menciona Magdalena Piñeyro, la aceptación de las personas gordas no implica abogar por la gordura, sino rechazar una cultura que les hace sentir rabia, culpa u odio por sus cuerpos: “(…) se trata de demandar que todos los cuerpos, sin importar su apariencia, edad o capacidad, sean tratados con respeto y dignidad”5.

* Berenice Vargas es subdirectora de Planeación del COPRED.

 

1 Piñeyro, Magdalena. (2016). Stop Gordofobia y las panzas subversas. Recuperado de aquí.

2 Álvarez Castillo, Constanzx. (2014). La cerda punk. Ensayos desde un feminismo, antikapitalista & especista. Recuperado de aquí.

3 Calderón Vargas, Sarah. (2016). Construcción social de la gordura en niñas y niños de escolaridad primaria, residentes en Tijuana. Recuperado de aquí.

4 Recuperado el siete de abril de 2020 de aquí.

5 Piñeyro, op cit. p.37

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