Las mujeres indígenas y el zapatismo
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Capital Plural
Por COPRED
Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura... Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Twitter: @COPRED_CMX (Leer más)
Las mujeres indígenas y el zapatismo
Enfrentarnos a la difícil situación del mundo en el que vivimos es un reto difícil, pero no imposible; levantemos la voz sin miedo a la verdad ante la sociedad discriminadora.
Por Gilberta Mendoza Salazar
3 de septiembre, 2020
Comparte

Anteriormente en las comunidades Indígenas nuestros Ancestros respetaban, cuidaban y se dirigían hacia las mujeres con mucho respeto porque ellas dan la vida por medio de su vientre, principalmente llamaban a las ancianas Tomama (Madre de todas las personas) o Mamalante (Madre que guía a las nuevas generaciones). Tras la colonización se han ido perdiendo estas prácticas ancestrales por el desconocimiento que hay en el pensamiento individualista de la visión occidental; actualmente, en las comunidades indígenas existe inequidad, racismo, discriminación y marginación hacia las mujeres. 

En cuanto a la educación, no asisten a la escuela porque en algunas comunidades no las hay, o se encuentran a cuatro horas de distancia cruzando ríos, montañas o exponiéndose durante el trayecto. Algunos de nuestros padres tienen otra forma de pensar: dicen que las mujeres no deben estudiar, que no es necesario, es mal visto, solo tienen que esperar a que algún hombre pida su mano u ofrezca alguna dote a los padres, pues solo sirven para tener hijos, servir al hombre y hacer los quehaceres domésticos, además de trabajar en el campo. Por eso algunas deciden huir de sus propios padres, de su comunidad y conocer otras personas, otro mundo. 

Al migrar a las ciudades, se enfrentan aún más con otras limitantes, por ejemplo: solo les ofrecen trabajo como empleadas domésticas, en donde son explotadas con amplias jornadas de trabajo y con una remuneración por debajo del salario mínimo; son discriminadas por su forma de vestir, color, edad, al no expresarse bien en español, por su físico o estatura, sólo por mencionar algunas. En la salud, si llega una mujer indígena en labor de parto, no la atienden y su hija o hijo nace en el pasillo o frente al hospital; en cambio, si llega una mujer no indígena la atienden enseguida porque habla español, no es sucia, es blanca o su situación económica es mejor que la de una mujer indígena. En la economía, las mujeres son excluidas porque no les permiten crecer, no tienen derecho a tener más conocimiento que un hombre, no deben ganar más y mucho menos ser empresarias.

Las niñas y niños en las comunidades no tienen una educación pertinente porque los maestros son monolingües en español, no comprenden las materias y son castigados cuando se comunican en su lengua materna; al migrar a la ciudad, son excluidos porque su lengua materna se contrapone con el español y no aprueban los grados escolares; son discriminados por sus compañeros y sus propios maestros, que piensan que son tontos, que necesitan ir con un psicólogo, los aíslan y por eso desertan o prefieren trabajar.

Los sueños de venir a estudiar, conocer la ciudad, desde mi experiencia han sido muy difíciles, porque el pensamiento indígena es muy diferente al pensamiento occidental. Desde que llegué sufrí mucha discriminación: tuve que cambiar mi huipil por pantalones de mezclilla, mis huaraches por tenis, que en un principio sentía que asfixiaban mis pies. Aprendí a expresarme un poco mejor en español, cambié mis quelites, huajes, uitla’tsin, ko’alaktsin por tacos de suadero, hamburguesas, sopa maruchan, hot dog, pollo kentuky, y dejé muchas comidas que son de mi comunidad: Barrio las Cruces Tempexquixtla, Huatlatlauca, en la parte suroeste de Puebla que, según los más ancianos, tiene aproximadamente 500 años de haberse establecido.

Pensaba que la gente tenía razón al decir que me olvidara de esas comidas, que no servían porque ya estaba en la ciudad. Tuve que olvidar también mi cultura y tradición, como hacer ritual en el Atitlan (lugar donde nace el agua), creer que el Tentson (cerro) (Anciano de barba larga) nos protege de todas las tempestades de la naturaleza; era vergonzoso para la visión occidental, se reían, se burlaban, así que en mucho tiempo no hice mención a ningún ente de mi comunidad.

En la inauguración del Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que luchan, organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que fue convocado en el campo el semillero “Huellas del caminar de la Comandanta Ramona” en las montañas de Altamirano, Chiapas los días 27, 28 y 29 de diciembre de 2019, la comandanta Amada nos invitó a luchar por las mujeres que han sido violentadas, asesinadas, desaparecidas. 

Para mí es muy importante el planteamiento que hacen las mujeres zapatistas, que es principalmente tomar en cuenta a las ancianas indígenas y no indígenas, ya que de sus saberes hemos aprendido a enfrentar la realidad, a ser buenas personas en la vida, a no temer, a cuidar la madre tierra, el respeto, el apoyo mutuo, a compartir.

Entre mujeres no debemos criticarnos sobre quién está mejor vestida o quién tiene más talento; todo lo contrario: debemos cuidarnos, defendernos. Si no hubiera algún arma para defendernos, entonces con uñas, dientes y con nuestro propio cuerpo. Debemos valorar nuestras vidas, romper con estereotipos del machismo.

Desde mi perspectiva, el encuentro fue increíble: acampamos en el patio, había varias casas de madera para dormir. Tienen su radio comunitaria, en donde transmiten saberes en varias lenguas indígenas. Grupos de mujeres organizadas vendían tamales, elotes, tacos, tostadas, café, caldo de res, caldo de pollo, arroz, frijoles, etcétera, todo muy económico. En todo momento fuimos protegidas por más de 200 mujeres rebeldes milicianas con traje verde tipo militar, pasamontañas con tolete y arcos. 

Todo lo vivido en el encuentro me ha dejado una reflexión intrínseca sobre mi existencia en este mundo, mi relación con la cosmología y la cosmogonía. Me enseña a buscar una estrategia bien organizada y a hacer un mejor trabajo con mis compañeras en la ciudad y en mi comunidad. El escuchar casos impactantes de compañeras que vienen a denunciar ha empoderado mi alma y corazón para seguir adelante en la lucha contra la injusticia, para que en las futuras generaciones exista el buen vivir en este mundo.

Después de participar en el grupo y denunciar el asesinato de mi sobrina Aidee Mendoza en el aula de un salón de clases en el CCH Oriente en la Ciudad de México, me abordaron algunas mujeres y medios de comunicación; entre ellas, había una Red de mujeres de la mixteca, muy cerca de mi comunidad. Con ellas intercambié saberes, experiencias, contactos, y estoy muy agradecida porque hoy formo parte de esa Red, que para mí será una oportunidad más para trabajar en colectivo, proponer estrategias y abordar el tema tan delicado sobre los derechos de las mujeres en nuestras comunidades.

Como conclusión, desde nuestra trinchera tomemos el ejemplo y la lucha de nuestras compañeras zapatistas. Enfrentarnos a la difícil situación del mundo en el que vivimos es un reto difícil pero no imposible; levantemos la voz sin miedo a la verdad ante la sociedad discriminadora. Las mujeres en lucha somos ejemplo de muchas mujeres que por distintas situaciones no han sido o no fueron tomadas en cuenta, y que el espíritu de nuestros ancestros guíe nuestros pasos como guió los de la comandanta Ramona: será un diálogo con buenos argumentos y buenas razones para que las nuevas generaciones vivan en un mundo de paz.

 

* Gilberta Mendoza Salazar es intérprete y activista náhuatl, asambleísta del COPRED. Esta colaboración se inscribe en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Indígena este 5 de septiembre. 

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.