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Lecciones del 2020
La CEPAL reporta que la pandemia amenaza con borrar 13 años de movilidad social en nuestra región y dejar 215 millones de pobres; México sería el país con mayor riesgo de pobreza extrema. Por eso estamos obligados a redoblar esfuerzos.
Por COPRED
14 de enero, 2021
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A riesgo de parecer repetitivas, el 2020 nos dejó varias lecciones como personas, comunidades y humanidad. Desde el COPRED nos interesa destacar la que develó las profundas desigualdades entre continentes, países, ciudades y personas. Desde marzo pasado hemos insistido en visibilizar lo que llamamos “impactos diferenciados de la pandemia”, que son los efectos desproporcionados que tiene tanto la propia enfermedad como las medidas implementadas para hacerle frente en grupos en situación de vulnerabilidad históricamente excluidos.

Se ha dicho que el SARS-COV2 puede infectar a cualquiera, que todas las personas estamos en riesgo de enfermar, pero la realidad es que hay quienes no pueden adoptar las medidas implementadas y sugeridas por instancias internacionales y nacionales: quedarse en casa, mantener “sana distancia”, usar cubrebocas, lavarse las manos constantemente con agua y jabón o usar gel antibacterial; además de mantener una vida saludable. Las personas que no pueden cumplir con estas medidas son aquellas que viven situaciones de pobreza, trabajos precarios, viviendas en zonas marcadas por las carencias y la falta de herramientas para llevarlas a cabo y, al mismo tiempo, mantener una vida en un nivel mínimo de dignidad (ello implica tener techo, alimentación, vestido y calzado, entre otras).

Además, estas personas se ven entrecruzadas por la pertenencia a grupos de atención prioritaria, o grupos que históricamente han sufrido la exclusión, la violencia y la limitación en el acceso a derechos. Sabemos que en México las personas cuya condición socioeconómica está asociada a niveles de pobreza o pobreza extrema generalmente también viven en circunstancias determinadas por marcadores raciales. La racialización de la desigualdad es una realidad, y hoy frente a la COVID lo vemos más claro que nunca.

De acuerdo con datos del estudio Demografía de la Pandemia en México de Héctor Hernández Bringas (corte a agosto de 2020), la gran mayoría de las personas que han fallecido por COVID son hombres con un promedio de estudios de primaria y que realizaban trabajos manuales, operativos y administrativos, o eran jubilados o pensionados. De los datos se infiere que la razón de estas muertes tiene que ver con la imposibilidad de quedarse en casa, pues por el tipo de trabajo que desempeñaban seguramente no les fue posible hacerlo en la modalidad “home office”, ni tenían un ingreso garantizado al permanecer en confinamiento. Como punto de contraste, las personas fallecidas que trabajaban como profesionistas, directivos y trabajadores del arte y espectáculos representan el 6%.

En agosto pasado publicamos el informe Impactos diferenciados. Conversaciones con la sociedad civil, en donde precisamente buscamos presentar los contextos de desigualdad en los que viven 13 grupos de atención prioritaria y cómo el acceso a derechos se ha visto dificultado o anulado.

En aquel momento teníamos la esperanza de que tendría utilidad en un futuro en el que, imaginábamos, la pandemia pasaría pronto (con un descenso en la ocupación de camas y el número de contagios), por lo que esas propuestas quedarían como parte de un plan de emergencia para alguna otra contingencia. Sin embargo, finalizamos el 2020 de nuevo en semáforo rojo e iniciamos este 2021 con cifras históricas de ocupación hospitalaria, contagios y más muertes. Aunque ya ha iniciado la vacunación, oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han señalado que la inmunidad de rebaño no se alcanzaría este año, lo cual nos coloca en una situación similar, o peor, a la que existía en la primavera de 2020.

La crisis sanitaria no tardó en convertirse en económica y el acceso a derechos, por las propias medidas de contención del virus, se ha visto limitado. Esto impacta de manera directa en grupos de atención prioritaria que requieren, hoy más que nunca, la implementación de medidas positivas que no solo procuren su inclusión, sino que impidan que la brecha de desigualdad se profundice y separe aún más.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reporta que la pandemia amenaza con borrar 13 años de movilidad social en nuestra región y dejar 215 millones de pobres; México sería el país con mayor riesgo de pobreza extrema. Por eso estamos obligados a redoblar esfuerzos.

Para este 2021 en el COPRED hemos proyectado realizar una evaluación del informe de impactos diferenciados en grupos de atención prioritaria para saber cuál ha sido su situación durante el último cuatrimestre de 2020, y revisar la eficacia de las medidas implementadas para evitar estos efectos desproporcionados, así como reflexionar junto con las organizaciones y poblaciones las medidas que deberíamos implementar durante ese 2021, frente a la crisis económica y social que se avecina.

Una vez que la situación lo permita, regresaremos a grabar el programa Espacio Diverso en el canal Justicia TV con la temática de resiliencia y acceso a derechos durante la pandemia, en donde pretendemos visibilizar cómo en tiempos de COVID este último no ha sido igualitario.

Asimismo, publicaremos los resultados de la investigación sobre impactos diferenciados para las mujeres en el ámbito laboral, estudio que tiene como objetivo primordial comprender cómo las medidas contra la enfermedad –el distanciamiento social, el tele trabajo y, por supuesto, la escuela a distancia– han golpeado de manera específica la participación femenina en el ámbito laboral. Nos preocupa este regreso a la domesticidad de las mujeres.

Otro informe que presentaremos es el referido a la gestión menstrual de mujeres y personas menstruantes en calle, que si bien no gira directamente en torno a covid-19, sí está relacionado con el acceso a la salud y a la información, derechos que se han visto fuertemente lastimados durante estos meses, lo cual impacta en los efectos de la pandemia. Tenemos previsto realizar un análisis similar en las poblaciones privadas de la libertad.

Junto con la UNESCO y la Coordinación de Asesores y Asuntos Internacionales, realizaremos un encuentro virtual interciudades para compartir experiencias en la recepción de migrantes, su inclusión y la garantía de sus derechos durante la pandemia.

Este año levantaremos por tercera ocasión la encuesta sobre discriminación (EDIS) para la Ciudad de México, la cual es una herramienta fundamental para comprender cómo se mueve el fenómeno discriminatorio en la ciudad, por grupo y por alcaldía.

Estrenaremos cinco cursos más en línea, además de los tres que lanzamos en agosto pasado con temáticas relacionadas con el capacitismo, la discriminación en empresas, la perspectiva de igualdad en la función pública, entre otros, y pretendemos alcanzar a más de 20 mil personas durante todo el año.

Una estrategia que reforzaremos será la vinculación con el sector privado: cerca del 70% de las denuncias que recibimos suceden en este ámbito, y ahora más que nunca muchas personas están perdiendo su empleo o están imposibilitadas de acceder a uno por el contagio de covid-19. El tener la enfermedad, haberla tenido o pertenecer a algún grupo de riesgo se ha convertido en un factor grave de discriminación, y es nuestra labor prevenir que esto suceda.

El próximo mes haremos una presentación del informe de Atención durante el 2020, en el que pondremos a disposición los datos relacionados con todas las denuncias por discriminación recibidas el año pasado, con especial énfasis en los poco más de 160 casos de discriminación por covid-19. El COPRED no dejó ni un solo día de atender esas denuncias.

Nuestro enfoque durante este 2021 seguirá siendo el de visibilizar, entender y atender los impactos diferenciados de la pandemia en los grupos de atención prioritaria, pero nos interesa mirar esos efectos no solo desde la perspectiva de los grupos y su acceso a derechos, sino desde la inclusión del factor racial, pues creemos que ese marcador es definitorio para la desproporción. En una sociedad profundamente racista como la nuestra, no se percibe igual a un empresario que se niega al distanciamiento social que a las miles de personas que se ganan la vida día a día en las calles de Tepito.

Esta perspectiva racial e interseccional nos permitirá también permanecer alertas sobre las medidas limitantes y sancionadoras que, en nombre de la salud pública, sean implementadas en ámbitos públicos y privados, y que, como ha sucedido históricamente, impactarán de manera desproporcionada en personas, grupos, espacios, colonias, zonas o trabajos altamente racializados y, por ende, criminalizados.

Hoy más que nunca debemos enfocar nuestra atención en la obligatoriedad de que los derechos de todos y todas sean garantizados, que el trato igualitario sea una realidad y que las brechas de desigualdad ya existentes no se profundicen, y tampoco sean una justificación para sospechar del “otro”.

@COPRED_CDMX

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