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Por COPRED
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Llamado a la acción contra la intolerancia y la discriminación
El reconocimiento del Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto tiene un doble propósito: pretende urgir a los Estados miembros de Naciones Unidas para desarrollar programas educativos que tiendan a perpetuar la memoria de la tragedia en las generaciones futuras para prevenir que los genocidios ocurran de nueva cuenta y, por otro, rechazar de manera tajante cualquier negación del Holocausto como un evento histórico.
Por Geraldina González de la Vega Hernández
30 de enero, 2020
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Ya se ha señalado en el concierto de Naciones que los dos grandes males que amenazan a las sociedades en general, son el odio y la ignorancia, pues son estos los vehículos de la discriminación y la violencia. El odio y la ignorancia mueven el miedo. Hoy vivimos en sociedades que, impulsadas por la desinformación, expresan discursos de odio, de exclusión, que niegan derechos y que refuerzan las violencias.

Hoy como antes, las sociedades no son inmunes a estas enfermedades y la única manera de vacunarlas es mediante el llamado a la acción.

En un evento de conmemoración de las víctimas del holocausto en el Colegio Israelita, escuché la historia de Armin Wegner, quien es una de las personas que recibió la distinción de “Justo entre las Naciones” por su valentía al visibilizar el genocidio armenio y por reclamar, mediante misivas enviadas directamente a Hitler, las injusticias cometidas en contra de la comunidad judía en Alemania. Esto le costó haber sido encarcelado, torturado y posteriormente enviado a campos de concentración.

Me di a la tarea de buscar sus cartas y conocer más sobre su historia.

En su carta a Hitler titulada “¡Para Alemania!” y fechada en la Pascua de 1933, Wegner señalaba que estos hechos injustos y arbitrarios socavaban los cimientos de la democracia alemana. “Los judíos alemanes, son alemanes, y como los demás, han construido esta Nación”, decía Wegner, tratarles de forma violenta y arbitraria nos lastima a todos, porque el bienestar de todos esta sustentado sobre los mismos valores. Destruir esos valores, destruye la sociedad en que vivimos. “La justicia ha sido una bandera de Alemania en el concierto de las naciones y si Alemania ha crecido, ha sido gracias a los judíos, a los empresarios, a los científicos, a los comerciantes, abogados, jueces…”.

Por esto el poema de Martin Niemöller “Primero vinieron” se ha vuelto ya un lugar común cuando reflexionamos sobre la importancia de actuar, de no quedarnos callados ante las injusticias, aún y cuando no sean en contra nuestra; porque si lo permitimos, un día vendrán por nosotros.

En la Shoah perecieron 6 millones de judíos, 3 millones de prisioneros soviéticos, casi 2 millones de polacos católicos, 350 mil serbios, 250mil gitanos, 250 mil personas con discapacidad, cerca de 80 mil disidentes alemanes, 12 mil homosexuales, 2500 testigos de Jehová.

Como en la reflexión de Wegner en la Alemania de los treinta, el México de hoy y los valores en que se sustenta, se ha construido también gracias a la comunidad judía, a sus empresarios y empresarias, médicos y médicas, abogadas, comerciantes, científicos e ingenieras. México, también, es gracias a la presencia judía. En especial, la Ciudad de México, hogar de la mayor parte de la comunidad, Ciudad tolerante, abierta, construida sobre el valor de la diversidad.

Este es ya el octavo año consecutivo que el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) tiene la oportunidad de participar en la convocatoria y organización de la conmemoración del “Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto”, de la mano del Comité Central de la Comunidad Judía en México. Es un privilegio y una responsabilidad.

Tengan la seguridad de que ese día es para el COPRED una fecha de vital importancia para la lucha en contra de la discriminación y la desigualdad, pues las lecciones que nos ha dejado el Holocausto no son una cuestión histórica que aprender en los libros, son lecciones que deben hacernos reflexionar sobre el presente y la clase de futuro que queremos.

Este 27 de enero pasado se conmemoraron, además, 75 años de la liberación de miles de personas judías del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau por parte de las tropas soviéticas.

75 años han pasado desde que la humanidad descubrió el infierno en la tierra.

Y esto me lleva a otra reflexión.

Llaman la generación del silencio a las personas nacidas entre 1929 y 1945, quienes vivieron en carne propia la guerra. Hombres y mujeres que fueron víctima, perpetrador o testigo. Esta generación ya casi no está con nosotros. Los que eran apenas niños son quienes todavía mantienen vivo el testimonio de los horrores.

Las generaciones que seguimos, nacidas entre 1946 y quizá finales de los noventa, pudimos escuchar de primera mano sus testimonios. La importancia de conocer la historia a través de su experiencia y no a través de los datos de los libros de historia, es fundamental para comprender las dimensiones de lo sucedido. Quisiera señalar lo importante que es la historia oral, la comunicación en las familias, en las sociedades.

Esta es la importancia del 27 de enero de cada año.

Esta es la importancia de sitios como el Centro de Estudios Multisensorial que nos permite vivir para entender lo sucedido entonces.

Por eso cada 27 de enero repetimos la frase “we remember”, pues recordar a las víctimas de la Shoah pasa por honrar su memoria, pero también como parte del compromiso moral que tenemos con los valores que nos hacen seres humanos, el respeto al prójimo, la empatía, la compasión, la misericordia, la justicia y el amor.

El reconocimiento de este día tiene un doble propósito, por un lado, pretende urgir a los Estados miembros de Naciones Unidas para desarrollar programas educativos que tiendan a perpetuar la memoria de la tragedia en las generaciones futuras para prevenir que los genocidios ocurran de nueva cuenta y, por otro, rechazar de manera tajante cualquier negación del Holocausto como un evento histórico, condenando, sin reserva, cualquier manifestación de intolerancia religiosa, incitación, acoso, o violencia en contra de las personas o comunidades basada en origen étnico o creencias religiosas, cuando sea que éstas ocurran.

Por eso, no podemos perder el testimonio. Recordar a las víctimas implica mantenerlo vivo.

Tenemos que ser conscientes de que ninguna sociedad, insisto, es inmune al antisemitismo, al racismo, a la xenofobia. Hoy, cuando la violencia y la falta de oportunidades desplazan a cientos de miles de personas a buscar mejores condiciones de vida para ellos y sus hijos, vemos nuevamente estas expresiones de intolerancia y narrativas violentas. El lenguaje moldea la realidad, y eso también lo aprendimos durante los horrores del Tercer Reich.

Reflexionemos hoy, nuevamente, qué implicaciones tiene tolerar la intolerancia, callar ante la injusticia, bajar la cabeza ante la arbitrariedad, desviar la mirada ante la inmoralidad, dejar caer las manos ante la violación de los derechos humanos.

Que el ejemplo de los y las Justas entre las Naciones no sea la excepción sino la regla y el estándar moral de la humanidad ante la injusticia.

No alzar la voz nos hace cómplices, también no señalar las violaciones a los derechos y callar ante la ilegalidad, aprendimos hace 75 años que la intolerancia ultimadamente tiene consecuencias para todas las personas y finalmente, para todas las Naciones.

La gran lección que nos dejó el horror vivido durante la II Guerra Mundial fue precisamente la comprensión de que todas las personas somos dignas e iguales en derechos. Es nuestra responsabilidad que este valor central de las relaciones humanas no vuelva a ser pisoteado, por nadie. Nunca más.

La resolución de las Naciones Unidas es una llamada de alerta para que cada generación sea capaz de reaccionar, de ubicar los rasgos de la intolerancia que teje el odio y la violencia, intolerancia que permite que los órdenes social, político, jurídico e inclusive moral, se moldeen para llegar a la violencia.

El Holocausto comenzó con gente ordinaria haciendo cosas ordinarias; el aparato del Estado no cambió de un día a otro. Se fue transformando y adaptando, hasta llegar a su cénit de barbarie.

No dejemos que el pasado continúe alejándose hasta no reconocerle, inspirémonos en las y los sobrevivientes, en su coraje; y recordemos siempre que ”Quien salva una vida, salva al mundo entero”, optemos todos y todas por seguir el ejemplo de Armin Wegner; los matrimonios Gies, Santaella, Schindler; Gilberto Bosques o Irena Sendler y tantas otras personas que actuaron y se alzaron ante la injusticia.

“Rememos siempre contra la corriente de la indiferencia, la hostilidad, la discriminación y la violencia”.

* Geraldina González de la Vega Hernández es Presidenta de @COPRED_CDMX.

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