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Mercado laboral debilitado: efectos diferenciados por sexo
La tasa de desocupación de mujeres en septiembre de 2020 fue considerablemente menor que la de hombres. Sorprende que la diferencia sea tan amplia a favor de las mujeres; sin embargo, la cifra puede tener detrás condiciones desfavorables de vida.
Por Pablo Álvarez Icaza Longoria
29 de octubre, 2020
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Tras la difusión de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Nueva Edición) (ENOEN) en septiembre de 2020, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publiqué un artículo en El Universal el 22 de octubre, donde comenté y analicé los principales resultados, comparados con la situación al inicio de la pandemia.

Quedó pendiente desagregar las cifras por sexo, considerando los impactos diferenciados, pues el confinamiento ha ocasionado que las tareas de cuidados se recarguen más en las mujeres; sin embargo, en sentido opuesto, también hay antecedentes de que las recesiones económicas pueden ocasionar modificaciones en la estructural laboral y salarial con los bemoles correspondientes. En las mismas páginas, escribí al respecto hace poco más de seis años.

En relación con la actual coyuntura, destaqué que la economía no había recuperado todo su potencial en la fuerza de trabajo. La tasa de participación (TP)1 fue de 59.77% en marzo2 pasado, luego bajó a su punto más crítico en mayo (47.45%)3 y en septiembre4 subió a 55.57%, esto es, 4.2 puntos porcentuales menos, lo que explicaba en gran parte por qué hay una pérdida de empleos permanentes.

La TP para hombres fue de 76.25% y de 45.09% para las mujeres en marzo, por lo cual la brecha fue de -31.16 puntos. En mayo, para hombres la TP fue de 61.1% y la de mujeres cayó hasta 35.28%, es decir, la brecha se redujo a -25.82%. En septiembre, la TP de hombres subió a 72.71% y la de mujeres pasó a 40.18%, esto es, se amplió a -32.53%; sin embargo, en el mismo mes de 2019 fue respectivamente de 76.77% y 45.12%, es decir, -31.65 puntos porcentuales.

Llamó la atención que una proporción importante de las personas que salieron del mercado laboral en abril por las medidas de confinamiento ya volvió a ser población económicamente activa (PEA), pero lo ha hecho en condiciones de subocupación o incorporándose al sector informal.

De las 12 millones 24 mil 336 personas que salieron de la PEA en abril respecto a marzo, 6 millones 660 mil 922 fueron hombres y 5 millones 363 mil 414, mujeres. En septiembre, ya se habían incorporado 8 millones 426 mil 081 personas; 5 millones 480 mil 966 hombres y 2 millones 945 mil 115 mujeres.

En septiembre, la población subocupada fue de 7 millones 998 mil 060 personas, el 15.65% de la ocupada; 4 millones 953 mil 828 hombres, que en términos relativos fueron el 15.72%, y 3 millones 44 mil 232 mujeres, el 15.54% de las ocupadas. Como ya habíamos comentado, el porcentaje de la población ocupada alcanzó su pico en mayo (29.94%), y fue más elevado para los hombres que para las mujeres (30.95% vs. 28.42%). Antes de que comenzara la pandemia en marzo, había 5 millones 84 mil 098 personas, 9.12% de la ocupada, de los cuales 3 millones 139 mil 758 fueron hombres, el 9.37% en términos relativos, y 1 millón 944 mil 340 mujeres, equivalente al 8.74% de las ocupadas.

La población ocupada informal, que comprende a quienes son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, en septiembre de 2020 fue de 28 millones 53 mil 398 personas (17 millones 393 mil 875 hombres y 10 millones 659 mil 523 mujeres), “245 mil más que en agosto, explicado principalmente por el crecimiento de los ocupados dentro del sector informal, que pasó de 13.6 millones (49%) en agosto a 13.9 millones (49.6%) en septiembre de 2020.”

En este caso, INEGI destaca en su boletín que la variación es favorable para los varones: “En el caso de los hombres se observa una disminución en la ocupación informal de 400 mil personas y en las mujeres un aumento de 645 mil personas entre agosto y septiembre de 2020.”

Sin embargo, si comparamos los datos de marzo pasado, había 31 millones 46 mil 836 personas ocupadas en la informalidad, 18 millones 494 mil 480 hombres y 12 millones 552 mil 356 mujeres; es decir, de las casi 3 millones menos de personas ocupadas en condiciones de informalidad, cerca de 900 mil fueron hombres y 2.1 millones eran mujeres. Esta diferencia no es menor y es probable que tenga que ver con actividades en el sector terciario, en el cual participan más las mujeres.

INEGI destaca que la tasa de desocupación (TD) se dispara de 2.94% en marzo hasta 5.49% en junio, para luego bajar a 5.09% en septiembre; sin embargo, estuvo lejos del máximo histórico ubicado en septiembre de 2009 (6.42%) como consecuencia de la crisis de ese año. Como cualquier analista lo sabe, las cifras de las tasas de desempleo pueden ser engañosas, porque no consideran a los desalentados, es decir, a las personas que ya no están en la PEA porque ya no buscan empleo al saber que no lo van a encontrar. Por ello, sería equivocado decir que la crisis del 2020 es menos grave que la del 2009 al comparar ambos porcentajes.

La TD de hombres en marzo fue de 2.89% y 3.00% de mujeres; en junio, de 5.92% de hombres y 4.84% de mujeres; en septiembre, 5.44% de hombres y 4.51% de mujeres. Este comportamiento donde la tasa de desempleo de los hombres es mayor a la de las mujeres, luego de una caída pronunciada de la actividad económica, también se presentó cuando la economía se recuperó luego de la recesión de 2009. En septiembre de ese año, la TD de los hombres fue de 6.04% y la de las mujeres de 7.03%; sin embargo, 12 meses después la TD de los hombres era más alta que la de las mujeres (5.70% vs. 5.59%).

Es destacable que la duración de la búsqueda de empleo se ha prolongado de manera preocupante con la crisis. En septiembre de 2020, 27.56% de las personas desocupadas llevaban más de 3 meses buscando trabajo; un año antes, el porcentaje era de 12.72% y ha subido progresivamente en los últimos meses, clara señal de que pasamos de un desempleo temporal a uno permanente, y es muy probable que algunas personas terminen por desistir de buscar un empleo al saber que no lo van a encontrar, y por ende saldrán de la PEA.

El porcentaje de hombres desempleados que llevaban más de 3 meses buscando empleo fue de 29.20%, mientras que el de las mujeres fue de 24.34% en septiembre pasado. Un año antes, los porcentajes respectivos eran 11.42% vs. 14.73%. Es importante hacer hincapié que las personas en este grupo muy probablemente pasen a formar parte de las desalentadas, y por ende salgan de la fuerza laboral para incorporarse a la población no económicamente activa (PNEA).

Abordaré también el tema de la diferencia de ingresos, no sin antes hacer algunas advertencias y consideraciones metodológicas: 1) las encuestas de empleo no son el mejor instrumento para las variables de ingreso porque muchas personas no responden esta batería de preguntas o cuando lo hacen, subestiman el monto real; 2) el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) recomienda medir las brechas de ingreso mediante un sistema de indicadores que se construyen con la Encuesta Nacional de Ingresos y  Gastos de Hogares (ENIGH),5 3) con la mediana de Trabajadores subordinados y remunerados asalariados en encuestas de empleo es más conveniente medir las brechas y evitar los sesgos que se generan al hacerlo con el promedio de los ingresos de la población ocupada, y 4) para el periodo de abril a junio, la ETOE no consideró estos datos, porque un levantamiento no lo facilita.

En septiembre de 2020, la mediana del total de Trabajadores subordinados y remunerados asalariados fue de 31.25 (pesos por hora trabajada), 31.25 para hombres y 31.11 para las mujeres; para 2019, INEGI omite la información, “ya que existen cambios en los niveles del salario mínimo de un año a otro”. En marzo pasado, para el total fue de 30.56: 31.01 para hombres y 30.00 para mujeres. Esto es, si bien la brecha se cerró hace un mes respecto a marzo, faltan dos aspectos a considerar: los ingresos totales de las mujeres trabajadoras fueron menores porque el promedio de horas laboradas fue menor, y se excluye el tema del trabajo doméstico no remunerado, que se carga más a ellas.

En este sentido, un panorama más claro de la diferencia de ingresos de las y los trabajadores subordinados y remunerados asalariados la aporta la estructura porcentual por niveles de ingresos de septiembre pasado: hasta un salario mínimo 17.49% hombres y 23.57% mujeres; más de 1 y hasta 2 salarios mínimos 39.92% hombres y 40.31% mujeres. La brecha se amplía en los niveles medios y altos, así para más de 2 y hasta 3 salarios mínimos, los porcentajes respectivos son 18.43% y 14.52%; más de 3 y hasta 5 salarios mínimos, 7.33% y 6.28%; más de 5 salarios mínimos, 3.08% y 2.17%; y no especificado, 13.74% y 13.15%.

De manera muy puntual, como comentarios generales recapitulo lo siguiente:

  • En septiembre, la brecha de la tasa de participación (TP) regresó prácticamente al mismo nivel que tenía en marzo.
  • En septiembre se habían reincorporado en números absolutos y relativos menos mujeres al mercado laboral.
  • La tasa de subocupación en septiembre es mucho más elevada a la que había cuando comenzó la pandemia en marzo; sin embargo, no hay grandes diferencias entre hombres y mujeres: sigue siendo más elevada la de los hombres, pero la brecha se redujo.
  • Entre marzo y septiembre, el número de personas ocupadas en la informalidad se reduce a casi tres millones de personas, pero 900 fueron hombres y 2.1 millones mujeres, es decir, la crisis ha sido tan fuerte que el sector informal no ha sido un amortiguador de las pérdidas de empleo. Sin embargo, de agosto a septiembre, destaca INEGI, se observó una disminución de 400 mil hombres en esa condición y un incremento de mujeres por 645 mil, esto es, están regresando al mercado laboral pero en condiciones desfavorables.
  • La tasa de desocupación (TD) de mujeres en septiembre de 2020 fue considerablemente menor que la de hombres (4.51% vs. 5.44%). Sorprende que la diferencia sea tan amplia a favor de las mujeres; sin embargo, la cifra puede tener detrás condiciones desfavorables de vida, por lo que no podríamos echar las campanas al vuelo tan rápido.
  • En septiembre pasado, el porcentaje de hombres con desempleo prologando era mayor al de las mujeres. Cabe comentar que en ambos casos la proporción era mucho menor en el mismo mes de 2019, pero era más elevado para las mujeres.
  • Con todas sus limitaciones, la estructura salarial de las y los trabajadores subordinados y remunerados asalariados nos muestra que la proporción de mujeres con sueldos y salarios menores es mayor a la de los hombres, y viceversa para los medios y altos.

Finalmente, quisiera hacer dos consideraciones. La primera es que las encuestas nos aportan información que en ocasiones puede ir en contra de una idea predefinida o determinada por la historia pasada, por ejemplo, que la tasa de desempleo parezca más baja para los hombres. Una investigación más profunda de personas expertas del mercado laboral nos ayudaría a explicar la situación de las mujeres.

La segunda es que el cierre de brechas puede ser progresivo o regresivo. En el segundo caso, pudiera ser que la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres se reduzca, porque la reducción de ellos fue mayor a la de ellas. Pablo Yanes, investigador de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ha advertido sobre esto, especialmente a raíz de la experiencia de la recesión económica anterior.

La Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) difundió un estudio en agosto pasado, donde señalaba que muchas empresas estaban recortando sueldos, en algunos casos hasta del 50%, como en el sector turístico, para evitar despedir gente. Las personas que trabajan en recursos humanos saben de qué estamos hablando. En el caso de mujeres embarazadas se les “invita” a ya no regresar después de la incapacidad laboral para que puedan “atender” a sus hijas o hijos. Y en estas épocas difíciles, se incrementa el acoso laboral (mobbing), que orilla a las personas a renunciar a su trabajo cuando el ambiente laboral es insoportable o frustrante.

* Pablo Álvarez Icaza Longoria es Maestro en Economía. Coordinador de Políticas Públicas y Legislativas del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (@COPRED_CDMX).

 

 

1 Porcentaje que representa la Población Económicamente Activa (PEA) respecto a la de 15 y más años de edad.

2 Las series mensuales de enero de 2005 a marzo de 2020 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) se encuentran aquí.

3 Las cifras de abril a junio corresponden a Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) y pueden ser consultadas en esta liga. Si bien es cierto, que Inegi advirtió en el boletín del 1° de junio que no eran estrictamente comparables con las de la ENOE; pero para propósitos prácticos lo ha hecho desde entonces en sus presentaciones.

4 Respecto a los datos de la ENOE Nueva Edición (ENOEN), Inegi tiene menos reservas. En el boletín del pasado 21 de octubre señaló: “no fue necesario su ajuste mediante la calibración con modelos de optimización, a diferencia de los meses de abril, mayo y junio.” Las cifras de julio a septiembre se pueden checar aquí.

5 Disponible aquí.

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