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Miradas feministas ¿desde la periferia?
Decidí embarcarme en la empresa de reunir suficiente información sobre el término periferia para, posteriormente, tener la claridad de si en realidad por mi origen geográfico me podía definir como una mujer feminista periférica.  
Por Reneé Hernández Chavero
18 de noviembre, 2021
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Me configuro como una mujer feminista originaria de la llamada periferia de una ciudad en proceso de metropolización, derivada de su cercanía con la Ciudad de México. No obstante, cuando tuve que opinar sobre si el término feministas periféricas era el ideal para nombrarnos a las que vivimos en municipios o alcaldías de las periferias de las metrópolis, no supe qué decir.

Pienso que me quedé callada porque en ese momento me di cuenta que en efecto hay colectivas feministas que se han definido como periféricas o de la periferia; sin embargo, no podía generalizar y menos sin entender correctamente lo que significaba periferia.

De esta manera, decidí embarcarme en la empresa de reunir suficiente información sobre el término periferia para, posteriormente, tener la claridad de si en realidad por mi origen geográfico me podía definir como una mujer feminista periférica.

Mi viaje comenzó con la publicación de una encuesta en una red social con el objetivo de recopilar ideas convergentes de un grupo de personas que comparten afectos y orígenes, con las que pudiese hacerme de un concepto cotidiano del cual partir.

Así, con la noción generalizada de periferia como un lugar a las afueras o en la frontera de la Ciudad, decidí explorar en la geografía social, donde de la mano de Alicia Lindón, advertí que en general el concepto periferia de la ciudad es definido como “la relación de un territorio con otro dentro de un continuo urbano en expansión. Por ello se trata de una voz esencialmente relacional: para que exista una periferia debe existir un centro. En otras palabras, un territorio solo puede ser periférico con relación a otro central”.

Empero, Lindón me hizo reconocer que, a pesar de la semántica de la palabra, “la periferia de las ciudades se ha constituido crecientemente en una voz que refiere a un territorio en sí mismo” y que, al ser parte de la ciudad, tiene la propensión de repetir los patrones de estandarización respecto de lo urbano, sin dejar de lado su disimilitud frente a ésta, pues la periferia no se conforma como una ciudad consolidada.

Ya en un trabajo anterior Lindón, junto con Daniel Hiernaux, hacía la denuncia de la reducción semántica del vocablo periferia, pues su uso “tanto en lo cotidiano como en lo especializado, remite al espacio de los pobres, a los fraccionamientos irregulares, a los barrios populares”. Sin embargo, cuando ésta es advertida desde su conformación geográfica, se define como un “espacio de la heterogeneidad, en el cual coinciden diversos actores sociales, con objetivos diversos, con estrategias variadas y por lo mismo no es un territorio libre del conflicto. Antes bien, son espacios en los cuales el conflicto encuentra un sustrato fértil: la heterogeneidad social y cultural”.

También denotaron la vitalidad de recuperar la complejidad del concepto periferia y para lograrlo, observaron urgente darle “el papel protagónico al sujeto anónimo que vive y hace la periferia”.

Con estas afirmaciones en mente, proseguí en mi búsqueda topándome con Albert Ogien, quien al igual que Lindón y Hiernaux percibió el reduccionismo conceptual del vocablo periferia; no obstante, el concepto criticado por Ogien varía en su significación, ya que dicha conceptualización sí retoma el carácter geográfico, pero adiciona la noción de subordinación. Así, el autor considera que pensar a la periferia sólo respecto de ciertos grupos subordinados en los países del sur basado en la racialización es sumamente restrictivo, debido a que la instauración legitimada de una jerarquía justificante del “poder de los poseedores de la riqueza, la legitimidad de una forma de dominación social, un acceso limitado a recursos, la disparidad de oportunidades económicas, discriminaciones de género, de origen étnico (…)”, de estrato social y otras categorías sospechosas no sólo acontece en los países del Sur Global. Puesto que la cimentación y la expansión de la categoría centro-periferia es el inicio del proceso de dominación que se revela en una sociedad desigual con jerarquías discriminatorias, que se instauran en diversos regímenes políticos, incluso en el democrático o poscolonial.

Por eso, su visión ampliada de periferia comprende:

“(…) todos los grupos sociales que, independientemente del grado de desarrollo económico y político del país en que viven, son sujetos a mecanismos que les priva su capacidad para contribuir con la definición de cuestiones relativas al interés general y a decidir colectivamente cómo resolverlos”.

El autor apuntó que su objetivo al configurar esta versión fue considerar las luchas de las poblaciones históricamente discriminadas como expresión de una “reivindicación de la democracia, que lleve a una lucha por la abolición de los efectos de la desigualdad y la injusticia que la distinción centro/periferia, fija y restablece”.

Después de analizar los conceptos de estos tres autores, proseguí mi búsqueda, ahora ya consciente de la polisemia del vocablo periferia, resaltando dos cruces semánticos importantes: grupos sociales privados relativamente de agencia y la dicotomía centro-periferia. Sabía que el siguiente paso era volver a reencontrarme con las feministas decoloniales, por lo que me di a la tarea de releer Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y apuestas decoloniales en Abya Yala, puesto que, en él, Yuderkys Espinosa Miñoso, Diana Gómez Correal y Karina Ochoa Muñoz, a través de la teoría de Dussel, dejaron entrever que Latinoamérica fue la primera periferia de la Europa moderna, pues fue en 1492 cuando la modernidad surgió como una nueva forma de ordenación mundial, basada en la subjetividad europea, donde los europeos se adjudicaron “(..) un lugar de superioridad-civilidad frente a los otros colonizados: los amerindios”. Así, el establecimiento de este afán de superioridad europea se materializó en una “voluntad de poder que posicionó a la civilización occidental como único modelo replicable a nivel global, desconociendo (encubriendo) al resto de las culturas que fueron asumidas como bárbaras, inmaduras y/o subdesarrolladas”.

Ejemplo claro de este enfoque que permanece insuperado en la historia es la conceptualización que hace Lindón de la periferia, al mencionar que el devenir de la periferia es ser una Ciudad consolidada, sin embargo, no lo es: es inmadura, incompleta, en desarrollo.

Espinosa Miñoso, Gómez Correal y Ochoa Muñoz, dentro de su texto, además, reconocieron los aportes de la corriente crítica latinoamericanista respecto de las configuraciones sociales dicotómicas jerárquicas como: “raza-sexo, naturaleza-cultura, Europa-América, civilización-barbarie, centro-periferia, como operaciones específicas por medio de las cuales se produce un sistema de diferencias que justifica y naturaliza los regímenes capitalista, heteropatriarcal y racista que erigen a Europa como centro de civilización”.

A su vez, Karina Ochoa Muñoz reforzó esta idea compartida, con el argumento retomado, también de Dussel, en el que menciona que “Europa hasta antes de la conquista era periferia y todavía no construía una subjetividad dominadora, es con la conquista que construye un Yo-dominador/conquistador, por tanto, su único referente de dominio real (institucionalizado por leyes naturales) lo encuentra en las relaciones dominio/subordinación entre hombres y mujeres, adultos e infantes, amos y esclavos”.

Derivado de este planteamiento, Espinosa Miñoso, mediante la exposición de Breny Mendoza, dio cuenta que en la contemporaneidad/actualidad sigue sucediendo lo mismo, por medio del adoctrinamiento institucionalizado de la democracia en las realidades postcoloniales latinoamericanas por parte de los países centrales, utilizando este accionar como “estrategia de restitución y reconfiguración de los vínculos coloniales entre centro y periferia, pero también internamente al interior de cada polo”. Contando estos planes regionales con “el papel y las complicidades políticas del feminismo hegemónico”.

Así, Espinosa Miñoso, citando a Mendoza y Herrera, reveló que en Latinoamérica no se ha concebido una reflexión local sobre la identidad y los cuerpos del feminismo, pues sólo se han tenido en cuenta marcos conceptuales importados, sin que haya algún acto de reapropiación consciente, que cimente el cuerpo del feminismo “en la materialidad de los cuerpos racializados, empobrecidos, folclorizados, colonizados de las mujeres latinoamericanas”.

Denunciando, entonces, que la colonización discursiva de las mujeres del Tercer Mundo y sus batallas no solo ha sido labor de los feminismos hegemónicos del Norte, sino también del apoyo dado por los feminismos hegemónicos del Sur, que mediante su “(…) complicidad y compromiso” con la manutención y reforzamiento de “sus propios intereses de clase, raza, sexualidad y género normativos, legitimación social y status quo”.

De esta manera, Yuderkis Espinosa da cuenta de que si las feministas del norte han necesitado crear una figura de “la ‘mujer del tercer mundo’, las feministas (blanca/mestiza, burguesas) del Sur han (construido) su Otra local (derivado de su necesidad urgente de) integrarse en las narrativas criollas de producción europeizante de los Estados-nación latinoamericanos”.

Así han provocado que, mediante la violencia epistémica, las mujeres tercermundistas quedemos atrapadas tanto en “la colonización discursiva del feminismo de occidente que construye a la ‘Otra’ monolítica de América Latina (como) y por la práctica discursiva de las feministas del Sur”, las que al crear una distancia con nosotras y mantener un continuum ahistórico de privilegio colonial, nos constituyen en “la otra de la Otra”.

Así, estas afirmaciones se aproximan a la concepción de Ogien antes mencionada, quien ampliando el concepto periferia, explicó que, sin importar la ubicación geográfica, son los grupos sociales que han sido discriminados y despojados parcial o completamente de su capacidad de agencia.

En este punto, y con los antes analizado, me atrevo a decir que periferias son/somos las “mujeres de color” en Estados Unidos, las mujeres indígenas, trans, afrodescendientes, de las periferias y todas aquellas que denuncien el pacto heterosexual, patriarcal, capitalista, colonial y feminicida en México.

Casi para finalizar, me acerqué a la declaración de las feministas autónomas, con la que inmediatamente empaticé y claro, suscribí(o):

No estamos adentro ni afuera. Somos fronterizas, ¡somos ex-céntricas! (…) Proponemos, contagiamos y construimos el mundo que queremos sabiéndonos y asumiéndonos responsablemente parte de él. Sabemos que las instituciones nos atraviesan, que el afuera no es un lugar, todo es ‘dentro’. Apenas, hacemos del espacio marginal al que nos han confinado un lugar de experimentación y de fuga, hacemos de la periferia la fiesta de la imaginación, de la creatividad, del placer, del encuentro… La risa es nuestra mejor herramienta.

Culminando mi empresa conceptual es como concluyo que efectivamente me siento y autonombro mujer feminista periférica, con conocimiento del significado del vocablo periferia, de su simbolismo como espacios y conformaciones sociales, de su tránsito (a)histórico cimentado en dicotomías excluyentes jerárquicas eurocéntricas, y de su resignificación como territorios de luchas y mujeres feministas desemejantes y semejantes que (re)claman dignidad, verdad y justicia.

* Reneé Hernández Chavero es asesora de la Subdirección de Planeación del @COPRED_CDMX.

 

 

Referencias bibliográficas

  • Espinosa Miñoso, Y., Gómez Correal, D. & Ochoa Muñoz, K. (2014). Introducción. En Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y a puestas decoloniales en Abya Yala. (pp. 13-40). Popayán, Colombia: Universidad del Cauca.
  • Espinosa Miñoso, Y. (2014). Etnocentrismo y colonialidad en los feminismos latinoamericanos: complicidades y consolidación de las hegemonías feministas en el espacio transnacional. Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y a puestas decoloniales en Abya Yala. (pp. 309-326). Popayán, Colombia: Universidad del Cauca.
  • Feministas Autónomas. (2014). Una declaración feminista autónoma, el desafío de hacer comunidad en la casa de las diferencias. Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y a puestas decoloniales en Abya Yala. (pp. 411-416). Popayán, Colombia: Universidad del Cauca.
  • Hiernaux, D. & Lindón, Alicia. (2004). La periferia: voz y sentido en los estudios urbanos. Papeles de población. 10(42), 101-123.
  • Lindon, A. (2020). La periferia: fragmentos inestables de la ciudad vivida. Perspectiva Geográfica, 25(2), 15-33.
  • Ochoa Muñoz, K. (2014). El debate sobre las y los amerindios: entre el discurso de la bestialización, la feminización y la racialización. Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y a puestas decoloniales en Abya Yala. (pp. 105-118). Popayán, Colombia: Universidad del Cauca.
  • Ogien, A. (s.f.) Una concepción ampliada de la periferia. Revista periferias. 1-9 Recuperado de aquí.
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