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Capital Plural
Por COPRED
Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura... Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Twitter: @COPRED_CMX (Leer más)
No discrimines, pregunta y apoya
La incertidumbre ante la COVID-19 puede traducirse en discriminación, medidas violentas en contra de las personas enfermas, actos de exclusión injustificados, trato indigno, obstaculización del ejercicio de derechos o limitación de las decisiones autónomas.
Por COPRED
26 de marzo, 2020
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La pandemia de la COVID-19 no distingue entre nacionalidades: ha infectado a ya casi medio millón de personas en 187 países del mundo. Las fallecidas rebasan las 21 mil, mientras que más de 113 mil se han recuperado. México registra, hasta el reporte nocturno del miércoles 25 de marzo, 475 pacientes y seis muertes.

Aunque se ha dicho que “mata casi el doble de hombres que de mujeres”, sabemos que los riesgos de contagio son similares, y que los virus no distinguen entre sus huéspedes. La diferencia se relaciona más con la edad y la interacción con enfermedades previas.

Quienes sí distinguimos somos las personas. Este es justamente el más grave problema que se presenta ante la pandemia: la discriminación y las violencias asociadas a ella.

La semana pasada referíamos cómo la enfermedad golpeará de manera distinta a las personas, sobre todo a aquellas que pertenecen a grupos de atención prioritaria. También reflexionamos acerca de la importancia de garantizar el derecho de acceso a la salud, que podría verse afectado por determinadas circunstancias como la edad, la discapacidad, la diversidad lingüística, el género, los oficios e inclusive, la situación de especial sujeción en que se encuentran personas en centros de reclusión, de asistencia o de salud.

Nos encontramos ante una situación desconocida. Aunque hace unos 10 años México ya se había enfrentado a una pandemia que obligaba a enclaustrarnos, a no tocarnos al saludar y a salir al supermercado con guantes, no alcanzó una escala mundial ni llegó al número de decesos que vemos hoy con la COVID-19.

Estos días se nos ha informado que la situación puede alargarse hasta agosto. Los impactos de una cuarentena de tantos meses serán gravísimos. Un país como México, con profundas brechas de desigualdad, puede quedar seriamente lastimado económica y socialmente si se frena la actividad. Los impactos en los más desaventajados serán graves. Necesitamos repensar las relaciones laborales, sociales y económicas para salir adelante y frenar la separación de las brechas de desigualdad. Solidaridad y empatía.

Por otro lado, con el número de personas contagiadas en aumento, nos enfrentamos a otro tipo de discriminación relacionada con el pánico que causa la desinformación. La COVID-19 es una enfermedad nueva de la cual sabemos poco. Sabemos que es muy contagiosa y que debemos mantenernos a distancia porque se esparce por las gotículas de la tos o estornudos. Sabemos que, además, el virus vive varias horas, inclusive días, en determinadas superficies. El hecho de que no sepamos qué superficies están contaminadas puede provocarnos un grado elevado de incertidumbre y ansiedad. También se nos ha dicho que puede haber personas enfermas que no lo saben y aun así pueden contagiar, ya sea porque el virus se encuentra en el periodo de incubación o porque tienen síntomas mínimos, que apenas perciben. Esto también genera pánico pues creemos que no sabemos en quién confiar.

La discriminación, la mayoría de las veces, se genera a partir de la desinformación, la ignorancia, los estigmas y los prejuicios.

La incertidumbre ante la COVID-19 puede traducirse en discriminación, medidas violentas en contra de las personas enfermas, actos de exclusión injustificados, trato indigno, obstaculización del ejercicio de derechos o limitación de las decisiones autónomas.

Por eso es importante informarnos, difundir información verificada y, sobre todo, entender que todas las personas estamos expuestas por igual a la enfermedad, y que si adoptamos un principio de comportamiento ético para que nuestro actuar pueda convertirse en una norma universal, podemos lograr un trato digno hacia todas las personas, enfermas o no.

Desde el COPRED hemos lanzado una campaña que tiene justamente este fundamento ético: No discrimines, Pregunta y Apoya.

No discrimines: Nuestro orden social se fundamenta en valores objetivos representados en los derechos humanos. Todas las personas merecemos el mismo trato digno, que tome en cuenta nuestra autonomía, el respeto absoluto a nuestros derechos y la garantía de su ejercicio igualitario. El llamado es a tratar a todas las personas dignamente: ninguna persona enferma de COVID-19, o en proceso de confirmar si lo está, puede ser tratada de manera violenta u arbitraria.

Pregunta: Las personas enfermas de COVID-19 pueden requerir de asistencia, tanto para su atención médica como para el acceso a albergue, higiene, alimentación e hidratación. Sabemos que para el acercamiento con una persona enferma de COVID-19 tenemos que adoptar determinadas medidas de higiene y distancia. Preguntémosles cómo están, cómo se sienten cómodas, cómo prefieren que les apoyemos, sin olvidar la ponderación entre nuestra salud, y su dignidad y autonomía.

Apoya: Estos tiempos exigen solidaridad y empatía. La pandemia está replanteando las relaciones sociales. Por ahora, se necesita el apoyo y auxilio a las personas enfermas, sobre todo a aquellas que viven solas, y en especial a quienes pertenecen a los grupos de riesgo, como aquellas mayores de 60 años, embarazadas o con alguna condición previa de salud, como diabetes, obesidad o enfermedades cardiacas. La invitación es a tejer lazos de apoyo con vecinos, colaboradores, familiares y amistades. En general, con cualquier persona que podamos apoyar de acuerdo con nuestra circunstancia personal. Los apoyos pueden ser diversos, desde el auxilio y voluntariado, hasta una llamada para acompañar.

Quizá la pandemia nos exija nuevas formas de unión y convivencia. Sin duda, se están replanteando algunas formas de trabajo y producción económicas, así como de aprendizaje y de disfrute de la cultura. Incluso la manera en que las personas nos relacionamos podría tener efectos a largo plazo en la interacción entre nuestros cuerpos al convivir en espacios públicos.

Pensemos en este momento como una oportunidad para repensar qué tipo de sociedad queremos. Quizá llevamos muchos años enfocadas en nuestros propios problemas, sin voltear a ver los que tienen las demás. El egoísmo suele ser también un motor de la discriminación. Lograr un trato igualitario pasa por reconocer las diferencias. Hoy tenemos la oportunidad de evitar que éstas se conviertan en una justificación para la exclusión, la obstaculización y la limitación de derechos.

@COPRED_CDMX

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