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Regreso a clases y políticas de conciliación urgentes
El regreso al curso escolar 2020-21 impactará en la percepción de las personas empleadoras sobre las madres respecto de su compromiso laboral, pues como ya se experimentó en el cierre del curso 2019-20, son las madres quienes resienten la llamada “escuela a distancia” en un incremento de sus labores domésticas y de cuidado.
Por Geraldina González de la Vega
6 de agosto, 2020
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El lunes 3 de agosto el Secretario de Educación Pública del gobierno federal anunció que el regreso a clases será virtual mientras el semáforo por COVID-19 no esté en verde. Desde el COPRED hemos insistido en que la implementación de medidas aparentemente neutrales en su diseño puede tener impactos diferenciados, sobre todo en grupos de atención prioritaria, es decir, históricamente excluidos y obstaculizados en el ejercicio de sus derechos.

En el caso del regreso a clases virtuales encontramos desventajas particulares tanto para las mujeres, como para los niños, niñas y adolescentes (NNAs), especialmente para quienes pertenecen también a algún otro grupo de atención prioritaria, lo que genera una discriminación múltiple.

En primer lugar, preocupa el incremento o reforzamiento de la llamada “penalización por maternidad”, término utilizado para mostrar que, en el ámbito laboral, las madres que trabajan encuentran desventajas sistemáticas en salarios, en la percepción de la competencia, en los beneficios en comparación con las mujeres sin hijos e hijas, en las evaluaciones, etcétera, pues se percibe que no tienen el mismo compromiso ni dedicación al empleo remunerado.

De acuerdo con varios estudios, entre los factores que limitan la participación económica de las mujeres destacan la subvaloración del trabajo femenino; la segregación ocupacional, tanto horizontal como vertical; la discriminación salarial; el nivel de instrucción de las mujeres, su estado conyugal y número de hijos; la doble jornada que les impide participar en actividades de capacitación, recreación, políticas y sindicales, y el déficit y elevado costo de los servicios de apoyo para delegar responsabilidades domésticas y familiares.

Es decir, aunada a la brecha en el ámbito laboral entre hombres y mujeres, existe una brecha entre mujeres con hijos e hijas y mujeres que no cuidan. Esto se relaciona de manera directa con las medidas de corresponsabilidad en cada hogar y en los lugares de trabajo.

El regreso al curso escolar 2020-21 impactará en la percepción de las personas empleadoras sobre las madres respecto de su compromiso laboral, pues como ya se experimentó en el cierre del curso 2019-20, son las madres quienes resienten la llamada “escuela a distancia” en un incremento de sus labores domésticas y de cuidado. Son ellas quienes apoyan a sus hijos e hijas en la atención de sus clases remotas, en línea, televisadas o por radio, así como en la complementación de las tareas de enseñanza, y más aún cuando se trata de hijos pequeños, en preescolar y primeros años de primaria. Esto duplica la carga de trabajo en el hogar e impacta de manera grave su desempeño en el empleo remunerado.

En México, la tasa de participación laboral de las mujeres se ubica cerca del 50% y en el sector informal existe una sobrerrepresentación de ellas. Las mujeres trabajan menos en empleos remunerados y cuando lo hacen, se trata de empleos informales, que les dan mayor flexibilidad para conciliar con las labores domésticas y de cuidado. No obstante, la informalidad también implica ausencia de seguridad social y de algunos beneficios laborales, ambos indispensables en tiempos de crisis sanitaria y económica.

Las razones por las que muchas mujeres dejan de trabajar están relacionadas con la maternidad. Según un estudio de Aguilar, Arceo y De la Cruz1, la decisión de trabajar cambia sustancialmente después de la maternidad. En general, durante el embarazo, la participación en el mercado laboral de las mujeres comienza a caer y a un año del parto, ellas descienden 43 puntos porcentuales en las posibilidades de reportar un pago positivo de horas trabajadas, mientras que los hombres pierden tan solo 4 puntos, lo cual tiene que ver con el reparto del trabajo de cuidado. Existen impactos significativos en la carga del trabajo no remunerado asociado al nacimiento de un hijo: después de éste, se registra un incremento en 20 horas de trabajo no pagado para las mujeres, mientras que el efecto en hombres es de 5 horas.

Aún no sabemos a cuántas horas equivale este incremento de trabajo en los hogares, pues el distanciamiento social y la educación remota imponen una carga extra a las labores domésticas y de cuidado que realizan las mujeres. Durante 2017, el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados alcanzó un nivel equivalente a 5.1 billones de pesos, el 23.3% del PIB del país. La mayor parte de las labores domésticas y de cuidados fueron realizadas por las mujeres, con el 76.7% del tiempo que los hogares destinaron a estas actividades y el 75.2% de valor económico. En general, las mujeres tienen menos tiempo para el ocio.

Estas disparidades de género son altas, según los estándares de la OCDE, y tienen implicaciones no solo para la igualdad de género, sino también para el bienestar de los niños, niñas y adolescentes. Las madres empleadas trabajan un mes extra de 24 horas cada año, es decir, realizan un trabajo de más de 70 horas semanales, lo que representa una carga doble y una limitación en la disposición de su tiempo. No sabemos hoy a cuánto equivaldrá este aumento durante el distanciamiento social.

Esta brecha, generada en parte por la inexistencia de un sistema de cuidados y por otra, por la ausencia de corresponsabilidad entre hombres y mujeres en las tareas de cuidado y del hogar, así como la falta de políticas laborales que lo hagan posible, se verá profundizada con los NNAs tomando clases virtuales en los hogares.

Ahora bien, la preocupación se duplica cuando miramos a aquellos donde la madre es la jefa de familia y ella es el único sustento económico. En 2017, según la Encuesta Nacional de Hogares (ENH), los hogares donde la jefa de familia es mujer aumentaron a 28.5%. Asimismo, los impactos diferenciados en cuanto a las posibilidades de realizar “teletrabajo o home office” hacen mucho más grave esta brecha porque las mujeres se enfrentarán a un dilema sobre continuar trabajando o no –y en qué condiciones–, que seguramente impactará en el acceso a la educación de sus hijos e hijas. Según la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) 2020, realizada durante el mes de abril por el INEGI, hubo una caída en la participación laboral del 12.3%, lo que representa una disminución de 12 millones de personas económicamente activas. La crisis sanitaria es también una crisis económica y social.

Por otro lado, preocupan los NNAs. La brecha digital es todavía mayúscula: la falta de acceso a herramientas para la educación a distancia o en línea profundiza la desigualdad, agravada por las dificultades económicas de las familias, pues las clases virtuales implican gastos extra, acudir a cibercafés o pagar servicios de internet, fotocopias y otros insumos, e incluso la contratación de cuidadoras para que las madres puedan ir a trabajar. Todo esto aumenta el estrés familiar, lo cual puede incidir en la violencia hacia mujeres y NNAs.

El cierre de las escuelas está profundizando la brecha entre aquellos que pueden acceder a la educación en línea y quienes, por su situación de marginación social, no. De acuerdo con un reporte reciente del PNUD, con el cierre de escuelas, las estimaciones de la “tasa efectiva de desescolarización” –el porcentaje de niños y niñas en edad de cursar la enseñanza primaria ajustado para reflejar aquellos que no tienen acceso a internet– indican que el 60% no está recibiendo ninguna educación, con lo que la desescolarización global alcanzaría niveles desconocidos desde la década de 1980. Se calcula que el 86% de los niños y niñas de primaria se encuentra actualmente sin escolarizar en países con un desarrollo humano bajo, comparado con el 20% en los países con uno muy alto.

Otro factor es el impacto agravado en las niñas y las adolescentes, pues hoy se sigue pensando que las labores domésticas y de cuidado deben recaer en ellas, por ser mujeres, por lo que muchas son obligadas a realizar dichas tareas en sus hogares, lo cual puede afectar su rendimiento o su presencia o permanencia escolar. Inclusive, la crisis económica ha provocado que algunas familias deban decidir quiénes de entre sus hijos recibirán educación: las niñas serán quienes paguen los impactos de la crisis.

Todo lo anterior se exacerba cuando se miran los impactos desde la perspectiva interseccional, es decir, desde la experiencia particular por la interacción y multiplicidad de categorías y circunstancias. En este sentido, preocupan más aún las mujeres y los NNAs que pertenecen a comunidades indígenas y afro, por las extremas condiciones de precariedad laboral y marginación social en que suelen vivir.

Por ello, es indispensable que las autoridades competentes, pero primordialmente el sector privado de la Ciudad de México, adopten la perspectiva de género para el diseño e implementación de políticas que tomen en consideración las labores de cuidado que realizan principalmente las mujeres al atender a sus hijos e hijas que cursan educación virtual. La solidaridad de los y las empleadoras es un ingrediente imprescindible para evitar que la brecha de desigualdad, tanto en los ámbitos laboral como educativo, continúe profundizándose, sobre todo para niñas y mujeres. El PNUD ha alertado sobre el retroceso histórico del desarrollo humano a escala mundial. La profundización de la desigualdad económica impactará en los niveles de pobreza, así como de acceso al trabajo y a la educación.

Es momento de adoptar medidas y tomar decisiones desde la comprensión de que la llamada “nueva normalidad” debe ser una vuelta a lo cotidiano, pero no a la misma indiferencia: debe ser una vuelta con perspectiva de inclusión y de derechos humanos. No podemos continuar cometiendo los mismos errores que en el pasado.

* Geraldina González de la Vega (@Geraldina_GV) es presidenta del @COPRED_CDMX.

 

1  Aguilar-Gomez, Sandra and Arceo-Gomez, Eva and De la Cruz Toledo, Elia, Inside the Black Box of Child Penalties (December 2, 2019). Disponible en SSRN.

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