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Capital Plural
Por COPRED
Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura... Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Twitter: @COPRED_CMX (Leer más)
Repensemos nuestra responsabilidad
Debemos cuestionarnos de qué manera, desde los medios de comunicación pero también como sociedad en general, estamos contribuyendo a la validación de las violencias tanto como a la violación de la integridad y dignidad de las personas.  
Por COPRED
13 de febrero, 2020
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Suman ya varios los casos de interés noticioso que son difundidos sin atender a estándares de respeto a los derechos humanos y obligan a la reflexión en torno a tres responsabilidades fundamentales: la de las personas servidoras públicas que filtran información e imágenes sensibles, la de los medios de comunicación que deciden publicarlas sin atender a criterio ético alguno, y la de una sociedad que reclama su consumo.

Estas valoraciones tendrían que conducir a cuestionarnos de qué manera, desde los medios de comunicación pero también como sociedad en general, estamos contribuyendo a la validación de las violencias tanto como a la violación de la integridad y dignidad de las personas.

En estos días, el feminicidio de Ingrid Escamilla, que –es preciso señalar— es uno de casi 9 que ocurren cada día, ha conducido una vez más hacia estas reflexiones. Por eso es indispensable repensar las dinámicas en torno al manejo de la información, sobre todo cuando esta se refiere a grupos de atención prioritaria como mujeres, niñas y niños (especialmente las y los que han presenciado hechos violentos) o personas con discapacidad.

Poseer información representa, ante todo, una responsabilidad. Cómo decidimos presentarla y difundirla habla de nuestra concepción del tipo de sociedad que queremos y cómo contribuimos a mejorarla. Por lo tanto, además de la obligación de respetar los derechos humanos de las personas, salvaguardando su integridad, salud, desarrollo emocional y dignidad, también estamos obligados a reflexionar en torno a la narrativa y despliegue de la información.

Eso comienza con el uso del lenguaje: comprender y asimilar que ningún crimen es expresión del amor; que los homicidios son delitos, no manifestaciones extremas e inevitables del afecto, y que ninguna mujer es responsable en ningún grado de haber sido asesinada.

También está la publicación de imágenes que lejos de tener un carácter informativo, sólo alimentan el morbo, atentan contra los derechos de las víctimas y pueden causar dolo o daño a ellas o a sus familiares. La pregunta fundamental es cuál es la intención al difundir determinado contenido gráfico: ¿las imágenes ofrecen valor noticioso o solo exhiben a la víctima?

Y finalmente, el tratamiento y despliegue de los contenidos: ¿estamos contando una historia, valorando y explicando el hecho? ¿Estamos dimensionando su importancia en el contexto nacional de violencias hacia grupos de atención prioritaria? ¿Difundimos el hecho de forma estigmatizante? ¿Validamos violencias y prácticas discriminatorias o revictimizantes?

Ya existen algunos esfuerzos, públicos y privados, que pueden consultarse como guía para la valoración y publicación de contenidos desde una perspectiva de derechos humanos y respeto a las víctimas. Por supuesto, a ello debe sumarse la debida investigación de las personas funcionarias públicas responsables de las filtraciones.

Esta semana, desde el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), en conjunto con nuestra Asamblea Consultiva, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAVI), el Mecanismo de Protección Integral de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas (MPI), la Comisión de Búsqueda de Personas de la Ciudad de México (CBP) y la Instancia Ejecutora del Sistema Integral de Derechos Humanos (IESIDH) hicimos un exhorto a funcionarias y funcionarios públicos, representantes de los medios de comunicación y ciudadanía en general a ser responsables respecto al manejo y tratamiento de la información relativa a las víctimas de violencia.

Estamos convencidos de que parte de la obligación permanente de no discriminar y no revictimizar a ninguna persona en la Ciudad de México consiste en repensar nuestra responsabilidad al replicar prácticas cotidianas de discriminación y violencia que no hacen más que agravar el daño a las víctimas.

Todas y todos, incluyendo las coberturas mediáticas, podemos contribuir a sensibilizar a la población, combatir la discriminación y los estigmas, y visibilizar a los grupos de atención prioritaria.

@COPRED_CDMX

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