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Trabajo sexual ante COVID 19
Para las personas que ejercen el trabajo sexual en cualquier modalidad existe una correlación entre la baja de clientes y el aumento de riesgo en su salud como en su seguridad, pero para las PETS en calle esto es aún más grave, porque las golpean más la precariedad y la marginación.
Por COPRED
9 de abril, 2020
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En el escenario de la pandemia por COVID-19, sabemos que hay poblaciones que sufrirán de manera mucho más grave las consecuencias de la Jornada de Sana Distancia, de la suspensión de actividades no esenciales y del confinamiento en los hogares de muchas personas.

Debido a la ausencia de vacunas, medicamentos y curas para COVID-19, la propuesta desde los gobiernos e instancias internacionales ha sido el resguardo: prevenir el contagio evitando el contacto. Eso impacta de manera directa a muchos oficios, profesiones y servicios. En primer lugar, quienes requieren contacto: dentistas, estilistas, masajistas o trabajadoras sexuales y muchos otros. Y en segundo, aquellas actividades que fueron clasificadas, tanto por el gobierno federal como por el de la Ciudad de México, como no esenciales, entre los ellos los hoteles, vapores, o estéticas.

Esto tiene impactos muy graves en las vidas de las personas que se dedican al trabajo sexual (PETS) en calle, pues su labor requiere de contacto con el cliente y, además, se realiza en hoteles, moteles o vapores. Ante la emergencia sanitaria, las PETS no pueden salir a trabajar y aunque se lo propongan, como muchas otras personas que viven al día y no pueden quedarse en casa, la clientela ha bajado considerablemente por el riesgo de contagio de la COVID-19.

Las PETS en calle son una de las poblaciones en situación de mayor precariedad. De acuerdo con una encuesta1 elaborada por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (COPRED), muchas de ellas han migrado a la Ciudad de México desde otros estados de la República, predomina una escolaridad media de bachillerato y cerca de la mitad son mujeres trans. La mayoría trabaja más de 40 horas a la semana y tiene un promedio de ingresos de entre 500 y 3000 pesos. Además, la mayor parte tiene entre dos y tres dependientes económicos.

Para las personas que ejercen el trabajo sexual en cualquier modalidad existe una correlación entre la baja de clientes y el aumento de riesgo en su salud como en su seguridad, pero para las PETS en calle esto es aún más grave, porque las golpean más la precariedad y la marginación. Esto debido a que también forman parte de varios grupos históricamente excluidos: mujeres, personas LGBTTTI, migrantes, indocumentadas, parte de poblaciones callejeras, indígenas, afrodescendientes, inmunocomprometidas, personas mayores, con condiciones de salud y adicciones, discapacidad y pobreza.

Esta múltiple vulnerabilidad influye en los riesgos que están dispuestas a asumir con tal de obtener algún ingreso para sí mismas y sus dependientes. Al bajar la clientela, el centro de la negociación cambia: las PETS aceptan clientes y pagos que no aceptarían en condiciones normales.

Y no se trata solo del precio, sino también del tipo de servicio. El peligro de contagio exige mucho menor contacto, de manera que deben eliminar los besos y algunas otras prácticas, mientras que el uso del condón sigue siendo necesario. Pero cuando hay urgencia económica, los clientes se aprovechan: algunos rechazan el servicio si no es como ellos quieren y otros piden servicios sin condón, lo que pone en riesgo a la trabajadora de contraer no solo la COVID-19, sino VIH y otras ETS.

Todo ello eleva los riesgos a su salud y seguridad de manera exponencial, pero cuando ponen sus prioridades inmediatas en la balanza, pesa más la necesidad de tener un ingreso para pagar sus gastos y sobrevivir, que cuidar su salud. Hay poblaciones para las que el confinamiento es un privilegio al que no pueden acceder.

Muchas de ellas pagan su cuarto diariamente, y al no tener ingresos, son orilladas a vivir en la calle. Por el cierre de hoteles, muchas están hoy en busca de otro espacio para vivir. Otras están viviendo en la calle porque no hay opciones. En una época en donde todas las personas somos sospechosas de contagio, muchas personas que ofertaban cuartos en renta no lo hacen más por miedo a que alguien pueda traer la enfermedad.

Además, al prohibirse las actividades no esenciales y cerrarse los espacios donde las PETS trabajan o se reúnen, se les orilla a la ilegalidad y la clandestinidad. A la ilegalidad porque al no haber espacios privados para el ejercicio del trabajo sexual, muchas se verán obligadas a hacerlo en espacios públicos, en plazas o parques o al interior de automóviles, lo que les expone a faltas a la Ley de Cultura Cívica, con la consecuente detención y multa o arresto. De acuerdo con las encuestadas, casi el 70% ha sufrido violencia institucional.

Cuando una actividad es excluida del espacio de control público, se traslada a la clandestinidad, donde quienes la realizan se exponen a inseguridad y violencias. Según la encuesta, más del 60% de las PETS han sufrido violencia por parte de algún cliente. Por otro lado, las PETS, que son exclusivamente quienes realizan trabajo sexual de manera autónoma y voluntaria2, pueden convertirse en víctimas de trata, pues al desplazarse a la clandestinidad, quedan desprotegidas y expuestas al crimen organizado, por sus necesidades económicas, de seguridad y de supervivencia.

Además, la exposición a la enfermedad las pone en riesgo a ellas y a sus dependientes, que, de acuerdo con la encuesta del COPRED, son dos o tres, generalmente personas mayores y niños o niñas. El riesgo para todas esas familias es mayor, pues por su situación de precariedad, su salud puede estar comprometida por baja nutrición y falta de acceso a servicios de salud. Solamente el 30% de las PETS tienen seguridad social (contando el seguro popular), por lo que el 70% tiene que “trabajar más” para atender sus problemas de salud. Esto no será viable en tiempos de sana distancia.

En la Ciudad de México existe trabajo sexual en todas las alcaldías; sin embargo, hay mayor concentración de PETS en algunos puntos, como la Calzada Ignacio Zaragoza, Santa Cruz Meyehualco, Avenida Ermita Iztapalapa, el corredor Vallejo, Avenida Cuitláhuac, La Merced, Eduardo Molina, Calzada de Tlalpan, San Antonio Abad, Avenida Tláhuac, Puente de Alvarado, Zona Rosa, Avenida Insurgentes, Sullivan, Ejército Nacional y Marina Nacional. Las alcaldías Cuauhtémoc, Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Benito Juárez e Iztapalapa son las que concentran más zonas de trabajo sexual.

Las PETS que trabajan en calle resentirán de manera más grave los embates de la pandemia, y desde una perspectiva interseccional, porque forman parte, al mismo tiempo, de varios grupos de atención prioritaria que obligan a la acción. La Constitución de la Ciudad de México reconoce el principio de igualdad, con una mirada incluyente, y garantiza la atención prioritaria, para el pleno ejercicio de sus derechos y libertades fundamentales, de las personas que enfrentan discriminación, exclusión, maltrato, abuso, violencia y mayores obstáculos debido a desigualdades estructurales. (artículo 11º).

Los impactos más graves de la pandemia obedecen a las brechas de desigualdad de nuestro país, no solo económicas, sino también culturales. Nos enfrentamos a nuevas caras del fenómeno discriminatorio, que requieren estrategias claras de apoyo y perspectivas de inclusión. La falta de certeza sobre los efectos de la pandemia en la salud, en la economía y en nuestra vida cotidiana nos coloca en una situación sumamente complicada. No sabemos siquiera si debemos establecer estrategias inmediatas, a mediano o a largo plazo. La realidad nos ha alcanzado, pero será cada día más cruda si no emprendemos acciones solidarias para generar medidas positivas, de inclusión, nivelación o acciones afirmativas que tiendan a eliminar obstáculos y limitaciones para el ejercicio igualitario de derechos para todas las personas, en especial las más precarizadas.

*Si quieres apoyar a trabajadoras sexuales ante la crisis de la Covid-19, estas son algunas alternativas:

Colecta Casa Hogar “Paola Buenrostro”

Medicamentos e higiene personal y víveres:

Calle Lázaro Cárdenas No.59, Col. La Casilda Barrio Alto Cuautepec, Gustavo A. Madero

554317433 / 5581694512

Donaciones:

Banamex Citigroup / Cuenta 7855366 / Sucursal:7011 / Nombre: Kenya Cytlaly Cuevas Fuentes / CLABE: 0022180701178553664

 

Acopio Agenda Nacional Política Trans

Juan Lucas Lassaga 81, exterior 1, Colonia Obrera, Alcaldía Cuauhtémoc

Teléfonos 5520127014 / 5531275275

Donativos:

BBVA 4152313529263662 / Erika Ivonne Villegas

BBVA 4152313558518325 / Rubén Delgadillo Vargas

 

Haciendo Calle (para trabajadoras sexuales mayores)

Acopio de alimentos no perecederos:

José María Roa Barcenas No. 134A, Colonia Obrera, Alcaldía Cuauhtémoc

Buenavista No. 5, Colonia Buenavista, Alcaldía Cuauhtémoc

Donativos:

4766841573067298 / Saldazo / Banamex

062180001291172303 / Banco Afirme / Centro de Apoyo a las Identidades Trans, A.C.

 

Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer

Acopio de víveres y medicamentos:

Información en WhatsApp 5522120422, Twitter @brigadaelisa o [email protected]

Donativos:

Cuenta 0189280332 / CLABE 012180001892803322 / BBVA Bancomer / Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, E.M. A.C.

 

 

1 Encuesta de 35 preguntas aplicada por MOTRASEX, ANPTM, PLAPERTS y MO KEXTEYA en diciembre de 2019 a 223 personas trabajadoras sexuales en 12 alcaldías de la Ciudad de México. Es una muestra pequeña. COPRED no cuenta con datos ciertos sobre el número de personas que ejercen el trabajo sexual en calle. Según una entrevista con Brigada Callejera en 2016 hay 70mil personas que ejercen el trabajo, y son unas 5mil las que lo hacen en las zonas principales de la Ciudad.

2 Sobre esto escribimos en este espacio.

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