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Un 8 de marzo para todas
Lo más simbólico del pasado 8 de marzo quizá fue la bandera que resonó y atravesó el movimiento feminista. La ideó la activista Fernanda Dudette, quien además de contemplar los colores morado y verde, tradicionalmente representativos, incluyó el rosa para representar la interseccionalidad, y específicamente el reconocimiento de las mujeres trans.
Por Adriana Aguilera Marquina
11 de marzo, 2021
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“No son nuestras diferencias las que nos dividen. Es nuestra incapacidad para reconocer, aceptar y celebrar esas diferencias”.

Audre Lorde

Comencemos con un pequeño ejercicio mental. Imagina a una mujer. Ya que la tengas bien identificada en tu mente (su rostro, cabello, ropa, y demás características físicas), vayamos respondiendo lo siguiente: ¿con qué problemas de discriminación y violencia podría encontrarse?, ¿cuál es su nivel educativo?, atendiendo la realidad ¿qué puesto tiene en el ámbito laboral?, ¿cuántas horas le dedica al cuidado y quehaceres del hogar?, ¿podría ser penalizada en su trabajo por optar ejercer su maternidad?, ¿cómo podría influenciar su sexualidad en factores como su vivienda, cómo transita el espacio público o cómo se siente parte del territorio en el que vive?, ¿qué exigencias tendría en la protesta frente al 8M, Día Internacional de las Mujeres, y qué tipo de participación tendría?

Ahora, prestemos atención: ¿qué características tiene la mujer en la que pensaste?, ¿cuál era su edad?, ¿cuál su color de piel?, ¿la pensaste de alguna etnia?, ¿tomaste en cuenta que podría ser sorda, ir en silla de ruedas, tener una condición psicosocial, ser migrante, estar privada de la libertad, ser trabajadora del hogar o trabajadora sexual, tener una corporalidad diversa, tener tatuajes y demás modificaciones corporales, ser lesbiana o trans? Si pensaste en alguna de éstas, ¿la imaginaste con más de una de esas características?

La realidad es que probablemente la mayoría han pensado en una mujer de tez blanca, cis, sin discapacidad, de edad mediana. Por consiguiente, las respuestas al segundo bloque de preguntas para construir su historia estuvieron sesgadas por esa primera concepción. Al  pensar en un solo tipo de mujer, invisibilizamos la diversidad existente con realidades y necesidades distintas.

Por eso, lo más simbólico del pasado 8 de marzo quizá fue la bandera que resonó y atravesó el movimiento feminista. La ideó la activista Fernanda Dudette, quien además de contemplar los colores morado y verde, tradicionalmente representativos, incluyó el rosa para representar la interseccionalidad, y específicamente el reconocimiento de las mujeres trans.

Esto fue significativo porque muchas veces la lucha por la igualdad de género no solo se ve representada fuera del feminismo, sino también dentro de él. El reconocimiento de nuestras hermanas trans como parte del movimiento es un paso hacia una igualdad con una mirada interseccional. No hay cabida para los feminismos excluyentes.

El breve ejercicio mental con el que comienza este texto es vital al imaginarnos un país y ciudad realmente de derechos, en el que su acceso y ejercicio sea igual para hombres y para toda la diversidad de mujeres. Su relevancia viene de la constante referencia que tenemos sobre cómo son las mujeres, excluyendo a otras. Las desigualdades no se dan en paralelo o por separado. Todas las mujeres tienen una posición en relación con otros ejes de desigualdad, todas ocupamos un lugar con relación a la clase social, sexualidad, origen, corporalidad, etcétera.

Al diseñar política pública, pero también en las distintas luchas sociales para la reivindicación de derechos, específicamente la caída del pacto patriarcal en el movimiento feminista, la perspectiva interseccional cobra preeminencia, pues nos permite ver cómo se entrecruzan las distintas características identitarias, y qué vulnerabilidades o necesidades específicas resultan de esos cruces. Como resultado, podemos pensar y partir de principios más integrales de sororidad, exigencia, acompañamiento, promoción, respeto, garantía y protección de derechos.

La lucha por la igualdad es de TODAS. Solo unidas haremos la diferencia. Aboguemos siempre por feminismos incluyentes e interseccionales, y hagamos notar la sororidad al nombrar la diversidad de mujeres, porque ese reconocimiento sólo puede hacernos más fuertes.

 

“No seré una mujer libre mientras siga habiendo mujeres sometidas”.

 Audre Lorde

* Adriana Aguilera Marquina es secretaria técnica del @COPRED_CDMX.

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