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Andrés Caicedo, un hermoso suicida
La vida de Andrés Caicedo había sido un acto poético, dedicada a la producción de una literatura imaginativa e inusual que lo encumbró en poco tiempo como uno de los autores más reconocidos de Colombia en los años setenta.
Por Cineteca Nacional
5 de enero, 2013
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Por Gustavo E. Ramírez Carrasco* (@gustavorami)

Andrés Caicedo se convirtió un hermoso suicida. Antes de llegar a los 27 años (esa edad mítica) murió como han muerto algunos de los exponentes más icónicos del panteón del rock: de una sobredosis –aunque voluntaria– de anestésicos. Su vida había sido un acto poético, dedicada a la producción de una literatura imaginativa e inusual que lo encumbró en poco tiempo como uno de los autores más reconocidos de Colombia en los años setenta. Era una época en la que las esquirlas del gran estallido contracultural del arte habían alcanzado incluso a las periferias latinoamericanas, llenas de genios estrafalarios, entusiastas, capaces de concebir que el mundo podía cambiar con el impulso creativo de una «simple» política de la imaginación. Aunque el alcance de la obra de Caicedo es determinante para la literatura colombiana del último tercio de siglo XX, y aún la de hoy en día, es poco conocida en otros países. Es por eso, en parte, que la revisión cinematográfica al personaje del escritor caleño y su obra (una misma cosa en realidad) es pertinente a treinta y tantos años de su desaparición física del mundo.

Caicedo

Andrés Caicedo 

Noche sin fortuna, documental argentino-colombiano de Francisco Forbes y Álvaro Cifuentes (argentino el primero, colombiano el segundo), presentado en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), es un retrato en capas, algo nebuloso del autor de ¡Que viva la música!, la última novela (y aparentemente primera completa) que alcanzó a publicar antes morir en 1977. La película nos presenta un viaje multiformato al epicentro creativo de Cali en la segunda mitad de los setenta, el centro de operaciones donde personajes entonces veinteañeros como Luis Ospina (hoy un reconocido documentalista y crítico de cine), Carlos Mayolo (cineasta y escritor) y Miguel González (curador y crítico de arte) formaban junto a Caicedo una cofradía de creadores que combinaban el uso de drogas psicodélicas y las rumbas experimentales con la pasión por las letras, y especialmente por el cine. De hecho, el interés en la expresión cinematográfica llevó a los miembros del llamado “grupo de Cali” a la formación del primer cineclub de la ciudad y la creación de un proyecto editorial legendario: la revista Ojo al cine, con sólo cinco números editados de 1974 a 1976, un semillero ideológico sin precedentes para el cine colombiano. 


“La vida breve de Caicedo no puede ser disociada del cine que lo rodeó”, parece decirnos el documental de Forbes y Cifuentes, al tiempo que en su edición se alternan secuencias de cine clásico con el testimonio de aquellos que compartieron con el autor esos años de despilfarro emocional. Un largo anecdotario ilustrado por apariciones fotográficas del joven escritor, viejas cartas leídas en voz alta, materiales experimentales de archivo en video y hasta el injerto en animación de un cuento completo o a mitad del filme. Todo esto para intentar asir la figura de un personaje movedizo.

Noche sin fortuna se parece más a la literatura de Caicedo que al cine que, de alguna forma, dejó atrás, es por eso, tal vez, que a pesar de su narrativa irregular o su estética, un tanto inconsistente, no deja de ser una película notable a su manera.

Noche sin fortuna (Colombia-Argentina, 2010) es uno de los estrenos de Cineteca Nacional en enero. Para más información de esta y otras películas revisa nuestra página.

*Gustavo E. Ramírez Carrasco (@gustavorami_) es antropólogo, trabaja en distintos proyectos de la Cineteca Nacional, entre los que destaca Icónica.

 

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