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Por Cineteca Nacional
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Cine contra la censura en Irán: No es una película
Por Cineteca Nacional
21 de mayo, 2012
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Por: Gustavo E. Ramírez (@gustavlotwitt)*

 

Su departamento, un espacioso piso ubicado en una zona de clase media en Teherán, luce ordenado. Jafar Panahi se levanta de la cama matrimonial en calzones, entra al baño, desde donde escucha las indicaciones de su mujer grabadas en el teléfono (ella y su hijo han salido entregar regalos de año nuevo). La cámara, ubicada en una esquina de la habitación, registra toda la acción desde un plano estático. Lo que aparece ante nosotros en los primeros planos de No es una película no aparenta ser, en un principio, más que un insignificante registro en video de una mañana cualquiera en casa —la luz que chorrea de las ventanas satura la imagen; afuera, los ruidos de la ciudad trazan una trayectoria acústica sin definición. Sin embargo, el documental, de poco más de una hora de duración y estructura simple, encarna en realidad un colérico reclamo a la falta de libertad de expresión en Irán, un país islámico políticamente dominado por un gobierno ortodoxo que desde su llegada al poder hace siete años ha endurecido la aplicación de leyes de corte religioso. Es un tiempo de intolerancia.

 

 

Jafar Panahi, el hombre que deambula por el departamento mientras habla por teléfono con abogados o colaboradores, no es un tipo común en la geografía cultural de Irán (o al menos lo poco que en occidente sabemos de ella), se trata de un intelectual, uno de los directores de cine más notables de la genéricamente llamada “nueva ola” del cine iraní, ganador de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes y del León de Oro en el Festival de Venecia por dos de sus filmes; en general es reconocido como el segundo cineasta más influyente de su país después de Abbas Kiarostami. En julio de 2009, durante los funerales de una joven estudiante asesinada en medio de las protestas electorales de ese año (que llevaron a la turbulenta relección del controvertido presidente Mahmud Ahmadineyad), Panahi y otros creadores audiovisuales iranís fueron detenidos sin justificación. Su arbitrario encarcelamiento de ochenta y ocho días en una sucia prisión de Teherán fue internacionalmente repudiado. Las presiones internacionales por su liberación incluyeron la firma de una carta en la que participaron algunos de los cineastas más importantes del mundo. Aunque Panahi salió de aquella cárcel unos meses más tarde, fue sentenciado a seis años de prisión por un tribunal. Algo aún más grave y denigrante: también fue condenado a no salir del país ni realizar actividades cinematográficas durante los siguientes veinte años.

Mientras espera la resolución final de la corte desde el arraigo domiciliario, Jafar Panahi intenta sobreponerse de la depresión a través de la creación (absolutamente marginal) de una especie de cine interno; el ejercicio, guiado a través de situaciones y personajes cotidianos que adquieren una potente dimensión política, logra tocar los puntos más sensibles del estado de sitio expresivo al que muchos creadores e intelectuales son sometidos en Irán.

 

 

Con la imprescindible colaboración de su amigo el documentalista Mojtaba Mirtahmasb —libre, pero también objeto de la censura y el hostigamiento oficial—, el director de El globo blanco (1995) y El círculo (2000) se atreve a desafiar a todo un régimen desde la sala de su casa. La pantalla de televisión donde nos enseña fragmentos de sus filmes (en una especie de clase magistral a través de la cual intenta expresar lo que siente), nos muestra canales manipulados. La mayoría de sitios en internet a los que intenta acceder se encuentran bloqueados por el gobierno. Abajo, en las calles de Teherán, un sonido parecido al de las balas le interrumpe al hablar. Tranquilamente, pero con un desencanto que cimbra el cuadro, Panahi continúa grabando desde la cámara de su iPhone.

 

No es una película forma es una de las 17 películas que integran el 32 Foro Internacional de la Cineteca Nacional. Para más información visita:

www.cinetecanacional.net/micrositios/foro32/

 

Gustavo E. Ramírez es antropólogo audiovisual. Colabora en distintos proyectos para Cineteca Nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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