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Por Cineteca Nacional
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Del cine chileno y el pasado doloroso: El mocito
Por Cineteca Nacional
4 de agosto, 2012
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Por: Gustavo E. Ramírez Carrasco (@gustavlotwitt)* 

Hace más o menos cuarenta años, en un filme portentoso, Patricio Guzmán orquestó el monumental registro de los sucesos que condujeron al golpe de estado chileno de 1973. La batalla de Chile, la película de tres partes resultante de su abrumadora odisea periodística, es a la fecha una de las mayores obras del documental internacional. Al concretarse el derrocamiento de Salvador Allende y la llegada al poder de la junta militar de Pinochet y compañía, con Guzmán (quien literalmente tuvo que escapar del país con los kilométricos rollos de su película) y otros cineastas también exiliados o autoexiliados como Miguel Littin, Raúl Ruiz o Helvio Soto, la posibilidad de un cine propositivo se esfumó por completo del paisaje chileno. Como en otros países del Cono Sur la llegada del régimen militar en los años setenta sólo derivó en el declive de la producción fílmica, objeto, al igual que todo lo demás, del control oficial y la censura.

 

 

La producción de películas chilenas de ficción que en los últimos años han abordado el periodo de la dictadura como materia prima o elemento contextual parece haber tomado el cine nacional de aquel país. Curiosamente, al menos a juzgar de forma superficial por el cada vez mayor número de cintas chilenas que llegan a México, los documentales que se aproximan al tema (a no ser por la impresionante filmografía de Patricio Guzmán, “El” documentalista chileno) resultan, por lo general, menos incisivos. Los motivos pueden ser muchos, y no nos detendremos a analizarlos aquí.

El mocito, es uno de los documentales chilenos que este año han llegado a la cartelera alternativa en México. No podría ser de otro modo. Si se le compara con otras películas chilenas recientes, como las que constantemente pueden verse en los festivales de cine, puede resultar un trabajo modesto, y hasta cierto punto, de factura convencional. Siguiendo la principal tendencia de la producción fílmica de su país en la última década, el largometraje, de sólo setenta minutos de duración, también nos habla de los años duros de la dictadura militar.

El valor de la película no reside en sus aspectos formales —la fotografía, demasiado digital, al igual que el diseño sonoro no son necesariamente buenos; la música que acompaña los momentos de tensión obedece a una fórmula obvia— ni siquiera en la historia de fondo que nos presenta: entre 1974 y 1976 un adolescente de menos de 18 años, trabajó como sirviente (“mocito”, en chileno) en la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), instrumento represor de la dictadura militar chilena. Hoy un hombre maduro, recuerda con frialdad las sesiones de tortura y los brutales asesinatos de los cientos de personas llevados al cuartel en aquellos años. Como obra, sin embargo, El mocito presenta una carta a su favor que lo convierte en un documento memorable: Jorgelino Vergara, el indescifrable cincuentón aparentemente atormentado por los fantasmas de su juventud, al que sigue la cámara de la pareja de directores Marcela Said y Jean de Certeau.

 

Pronto, las ambigüedades de este hombre, lúcidamente capturadas por un montaje discreto, se vuelven el centro real de la película. Sólo entonces el auténtico nudo dramático es capaz de trasladarse del difuso testimonio histórico —ya explotado en muchas cintas chilenas— al terreno del enigma existencial, logro último de la película. Tras la grisácea fachada de este hombre insignificante podrían yacer las respuestas profundas de un periodo histórico marcado por el dolor.

El mocito, parte del 32 Foro Internacional de Cine de la Cinteca Nacional forma parte de nuestros estrenos de julio y agosto en sedes alternas. Para mayor información visita: www.cinetecanacional.net

 

*Gustavo E. Ramírez Carrasco* es antropólogo audiovisual. Colabora en distintos proyectos para Cineteca Nacional.

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