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El gigante egoísta somos todos
Clio Barnard, cuyo trabajo se había desarrollado en la vena de los documentales hasta ahora, abreva del cuento tradicional de los ingleses y favorito de sus hijos, El gigante egoísta, escrito por Oscar Wilde, y de la historia de Matty, un niño al que conoció mientras filmaba su anterior obra, el documental The Arbor (2010).
Por Cineteca Nacional
3 de mayo, 2014
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Por: Alma Aguilar Funes (@AlmaFunes)

La quietud de los paisajes construidos con inmensas torres de luz que parecen gigantes contemplando una apacible tarde en Inglaterra, contrasta con la problemática que enfrentan día a día Arbor (Conner Chapman) y Swifty (Shaun Thomas), dos adolescentes que luchan en una sociedad marginal por salir adelante y ayudar a sus familias vendiendo basura de metal.

Arbor, hijo de una madre soltera que lidia con las deudas y dificultades de su hijo mayor, quien roba para comprar drogas, revela en sus acciones una especie de déficit de atención acompañada por una personalidad violenta e hiperactiva que sólo su mejor amigo y algunas píldoras pueden sosegar. Chapman interpreta con vitalidad, dolor y brutalidad a un personaje solitario y confundido.

Opuesto a él y a la vez complementario, Swifty es un chico tranquilo, rodeado de una caótica y multitudinaria familia que su agresivo padre es incapaz de mantener o cuidar. Su impulso protector lo lleva no sólo a preocuparse por los problemas de su madre, quien aparece en cada escena más aterrada por el futuro de sus hijos, sino también por el carácter alucinante de su gran amigo Arbor. La inocencia de Shaun Thomas, necesaria para encarnar al joven enamorado de los caballos, es la pizca que adereza al personaje, un acercamiento a la humanidad y a la esperanza cada vez más lejanas.

El vínculo entre Arbor y Swifty queda claro desde la primera secuencia, donde es evidente la necesidad de cariño del primero y el apoyo del segundo, quien a su vez se llena de valor para enfrentar el frío contexto que los envuelve. La mancuerna de los actores es sólo el reflejo del excelente trabajo que la directora, Clio Barnard, logra al reunir a dos jóvenes que inician con este largometraje sus carreras en el séptimo arte. La química entre los niños se muestra naturalmente en la pantalla y pronto es fácil apropiarse de sus emociones, mismas que transportan como hilo conductor al impactante desenlace de su historia.

El gigante egoista 03

Barnard, cuyo trabajo se había desarrollado en la vena de los documentales hasta ahora, abreva del cuento tradicional de los ingleses y favorito de sus hijos, El gigante egoísta, escrito por Oscar Wilde, y de la historia de Matty, un niño al que conoció mientras filmaba su anterior obra, el documental The Arbor (2010):

«Durante el rodaje de The Arbor conocí a un chico llamado Matty que vivía en The Arbor, una calle de Bradford. La película está basada en él y en su relación con su mejor amigo. Leí  El gigante egoísta a mis hijos cuando eran pequeños y siempre quise hacer una versión realista y contemporánea de la historia. Trata el peligro de excluir a los niños, lo que se pierde cuando se les aparta, cuando no se reconoce su valor. Matty y su amigo eran dos niños al margen de una comunidad ya de por sí marginal. Así que sabía quiénes serían los niños, pero tenía problemas para identificar al gigante. Matty y su amigo recogían metal con un carro y un caballo, como hacen muchos adolescentes de Bradford. De ahí saqué la idea de que el gigante fuese un chatarrero». .

La crudeza e inteligencia con las que la directora retrata el entorno en el que viven las familias de la clase baja inglesa y en el que crecen sus nuevas generaciones, es un reflejo de lo que le preocupa. Su formación se refleja en este largometraje, su primero de ficción, donde el tono es muy apegado al neorrealismo italiano y a la tradición realista del cine inglés en un estilo semidocumental, como en las mejores películas de Ken Loach.

Así pues, su tono pesimista queda retratado en cada detalle. Desde los escenarios en Huddersfield, al oeste de Yorkshire, donde una de las actividades económicas es la industria textil, como en la fotografía de Mike Eley, quien a través de filtros azules y la típica neblina londinense resalta los rasgos tristes de la historia. Aspectos todos físicos que son símbolo del paisaje emocional en el que sus protagonistas habitan, rodeados por adultos siempre fríos, ajenos a sus problemas.

Llegados a este punto, salta el título de la obra, que a su vez sirvió para inspirar a la cineasta. Un cuento que la mayoría de los mexicanos conocemos por los textos de primaria: un gigante que no quiere compartir su jardín con los niños, hasta que un día abre los ojos sobre la fatalidad en la que su hogar cae luego de ser tan egoísta. En esta propuesta, también Barnard muestra a los niños que viven alrededor del gigante que los provee de dinero, entre ellos Arbor y Swifty, quienes van recogiendo pedazos de basura por toda su comunidad para llevar un poco de “felicidad” y “tranquilidad” a sus hogares. La tranquilidad que da el dinero.

Ambos protagonistas, principalmente Arbor, se empecinan en hallar el bienestar a través de lo que ellos interpretan utópicamente como la paz para sus familias y, en ese esfuerzo por encontrarla, se involucran en situaciones ilícitas y peligrosas que los adultos a su alrededor se limitan a prohibir con ojos ciegos, gritos e insultos. Óscar Wilde nos recordaba en sus cuentos lo que realmente tiene valor en la vida. Sus escritos no sólo están llenos de un hermoso lirismo que llena nuestros ojos de lágrimas cada vez que repasamos sus líneas, sino de fuertes contenidos sobre la avaricia, el egoísmo, la soledad o la banalidad. Y aunque El gigante egoísta, publicado en 1888, tiene un final liberador para su gigante, Barnard no es tan condescendiente con el suyo y nos da una dura lección sobre lo que puede suceder si egoístas y ajenos a nuestra realidad, nos obstinamos en mantener los ojos cerrados.

Quizá por ello fue la primera película británica en competir como finalista por el premio LUX del Parlamento Europeo, otorgado por los diputados de la Unión Europea desde 2007. Este reconocimiento se da a aquella cinta seleccionada entre varias de todo el continente que represente mejor el espíritu del multilingüismo, diversidad cultural y que refleje la realidad social de sus países.Y aunque no obtuvo este galardón, El gigante egoísta ha sido reconocida con el premio Label Europa Cinemas en el Festival de Cine de Cannes 2013 y con el Directores a seguir en el Festival de Cine Internacional Palm Springs 2014 para ClioBarnard, así como una Mención del Jurado en el Festival de Cine de Londres 2013 para los dos jóvenes protagonistas, ConnerChapman y Shaun Thomas.

Un filme imperdible que todavía puedes disfrutar en el circuito externo de la 56 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.

 

 

Ficha técnica

El gigante egoísta

The Selfish Giant, Reino Unido, 91 min.

Dirección: ClioBarnard. Guión: Clio Barnard basada en el cuento El gigante egoísta, de Oscar Wilde. Fotografía en Color: Mike Eley. Música: Harry Escott. Edición: Nick Fenton. Con: Conner Chapman (Arbor), Shaun Thomas (Swifty), Ralph Ineson (Johnny Jones), Sean Gilder (Kitten), Ian Burfield (Mick Brazil).

 

El gigante egoísta se exhibe como parte de la 56 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, para conocer sobre fechas y horarios, revisa nuestra página aquí.

 

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