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Cine Sapiens
Por Cineteca Nacional
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Érase una vez en Durango, el cine dentro del cine mexicano
Por Cineteca Nacional
21 de julio, 2012
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Por: David Israel Ramírez* (@rackve)

 

Anteriormente el director Juan Antonio de la Riva ya nos había mostrado en Vidas Errantes (1984), su opera prima, la manera en que el cine era exhibido en el norte del país, ahora, con Érase una vez en Durango, nos cuenta también una de las tantas historias relacionadas con su producción en esta región de México. La película expone algunos aspectos las filmaciones de westerns en los sets que se encuentran en Durango.

Gabriel Nevárez, es un niño que ama el cine, todos los jueves asiste a la función del cinematógrafo itinerante que llega a su pueblo. Es fanático de las películas del oeste. Un día andando en bici por los alrededores de la localidad, encuentra lo que parece ser un pueblo fantasma, en realidad este lugar no es otra cosa que uno de los sets de filmación de las películas que tanto le gustan. Para insertarse en este mundo de fantasía e ilusiones Gabriel deberá hacerse amigo de del velador Antonio, un hombre amargado y retenido en el pasado.

Una parte de la historia del cine mundial y en especial del cine mexicano se encuentra en las rancherías de Durango; a través de éste su más reciente largometraje, de la Riva nos hace recordar el tipo de películas que nos hicieron sentir sheriffs o bandidos.

Las peculiares enseñanzas de Antonio al joven Gabriel, por ejemplo los trucos y pasos para poder ser un buen doble cinematográfico en una escena de acción, nos recuerdan y hacen referencia casi explícita a las películas de John Huston y Sam Peckinpah. Al igual que cintas de otros directores como El Hijo de Rambow (Son of Rambow, 2007) o Super 8 (2011), en las que los niños intentan llevar cabo sus propias películas de los géneros que aman y admiran, en Érase una vez en Durango, De la Riva pone de manifiesto su amor por el cine a través de las aventuras de su joven protagonista, quien poco a poco se irá adentrando en el mundo del cine.

De alguna manera todos los cinéfilos somos ese niño, sorprendiéndonos y admirándonos al ver las escenas de acción mientras, al menos de forma imaginaria, imitamos los golpes, las caídas y hasta las persecuciones de los personajes. Cuando nos enteramos de cómo se realizan las películas, esa magia que vemos en pantalla se vuelve real y entendemos entonces lo verdaderamente difícil que puede ser filmar una.

 

Aunque la película es un claro homenaje al cine western que se realizó en Durango, también es un homenaje al cine a la manera de Cinema Paradiso (1988): las secuencias del niño amante del cine que ayuda al exhibidor cuando lo deja entrar gratis a la función doble, por ejemplo, recuerdan a la película más popular de Giuseppe Tornatore. Pero también rinde tributo a los filmes de aprendizaje, como Karate Kid (1984), donde el hombre mayor enseña su oficio al más joven y lo ayuda a madurar.

Aunque incluso en Estados Unidos existe un premio para este gremio, pocas veces en las películas se reconoce la labor del doble de riesgo (stunt), parte importante de cine de acción. Antonio es un doble retirado que ahora se dedica a cuidar el lugar en donde antes hacía su trabajo; recorriendo los pasillos y las construcciones, recuerda el detrás de cámara de las películas en las que participó.

Erase una vez en Durango es un homenaje en el que el cine encuentra un lugar dentro del cine mismo.


 

*David Ramírez García es parte del Centro de Documentación de Cineteca Nacional

 

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