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Cine Sapiens
Por Cineteca Nacional
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Jean-Luc Godard y los Rolling Stones. Imágenes de contracultura
Por Cineteca Nacional
23 de marzo, 2012
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1968 condensó el contrapulso frenético de una fracción significativa, pero sobre todo visible de la cultura occidental, como Simpatía por el Diablo, icónico filme del emblemático realizador suizo Jean-Luc Godard, puede visualizarse como un collage fotosensible; una febril y caótica colección de ideas, intuiciones y travesías que conforman un organismo vivo y al final de todo desarticulado. En un contexto de movilizaciones sociales surgidas a escala global desde la clase media e impulsadas por un sector artístico e intelectual políticamente activo, el pensamiento marxista convivía con vanguardias literarias, musicales y cinematográficas emparentadas con orientalismos y exploraciones psicodélicas propulsadas por el uso de psicotrópicos como el LSD.

En el epicentro de esta caótica y no poco surreal guerrilla cultural a gran escala, las bandas de rock más influyentes de los países económicamente más influyentes marcaban el beat de la revolución veinteañera. Los Beatles transformaban el rock and roll y el pop de los primeros años sesenta en complejos y místicos tratados polifónicos. Álbumes como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) y The Beatles (conocido como el Álbum blanco), de 1968, saturaron de capas sonoras y letras enigmáticas los sencillos para radio que años antes sólo aludían a temas románticos. Jimmy Hendrix, Bob Dylan, The Who y los Doors entre otras agrupaciones e interpretes, brillaban en los escenarios de Estados Unidos.

Tras una oleada de éxitos que los convirtieron en una de las bandas de rock más importantes de la escena mundial, en marzo de 1968, los Rolling Stones ingresaron al estudio para grabar su álbum Beggars Banquet, con el que pretendían regresar a sus raíces de rhythm and blues después de haber experimentado con otros estilos musicales como el rock psicodélico y el country. Parte del proceso de grabación del disco fue registrado por Godard, quien basaría su película One plus One (más tarde llamada Simpatía por el Diablo) en la gestación, grabación y mezcla de la canción que abre el álbum, escrita por el líder de la agrupación, Mick Jagger, e interpretada por todos los integrantes originales de los Stones, incluyendo al guitarrista Brian Jones, quien un año después dejaría la banda debido a su comportamiento errático.

Los planos secuencia y tomas particulares que Tony Richmond, cinefotógrafo inglés empleado por Godard para este proyecto, realiza a lo largo y ancho del estudio de grabación —por el que deambula a placer sin que los miembros de la banda o el numeroso staff parezcan incomodarse— dan cuenta del ambiente a la vez armónico y desordenado que rodea este momento particular de la agrupación londinense, que cae en continuos errores de coordinación durante las sesiones. Provistas de una gran lucidez, estas secuencias documentales, a través de las cuales a menudo es posible percibir la mezcla de política (latente en las letras de Jagger) y actitud desenfadada en la que se funda el rock hippie de la época, son intercaladas con episodios de ficción en los que una serie de actores caracterizados de distintas maneras interpretan happenings metafóricos del agitado mundo político de su generación: un grupo de Black Panthers pronuncia radicales discursos revolucionarios mientras trafica armas y participa del asesinato de mujeres blancas en un deposito de autos abandonados; una bella chica, interpretada por la actriz alemana Anne Wiazemsky, se pasea por el claro de un bosque mientras es interrogada por los miembros de un equipo cinematográfico sobre cuestiones políticas. Otra joven escribe consignas conceptuales como “Cinemarxism” con pintura roja sobre los muros de concreto y los autos estacionados en las calles de Londres.

Probablemente el conjunto abigarrado de estos recursos narrativos nos parecerá inocente, gratuito e incluso pretensioso si optamos por juzgarlo desde la óptica de nuestro tiempo. Hoy, la idea de una revolución sensorial como la soñada por los jóvenes de finales de los sesenta parece haberse diluido en campo de lo llanamente panfletario a pesar de su innegable influencia profunda en el terreno de las dinámicas culturales. Encarnada en las formas de representación artística y cultural del mundo contemporáneo, la contracultura y su panteón sagrado, del que forman parte figuras sacralizadas como los Rolling Stones permanece en el imaginario urbano de nuestras sociedades.

No pienso redimir del todo la obra de Jean-Luc Godard, en la que sin lugar a dudas habitan un sinnúmero de contradicciones, sin embargo, su puesta en escena de un tiempo histórico en el que todo lo imaginable era considerado posible resulta fascinante para generaciones contemporáneas en las que el nihilismo y las contrainsurgencias mass-mediática y política han hecho bien su papel. Como las mismas utopías, el rock continúa siendo un ensueño.

Gustavo E. Ramírez

(@gustavlotwitt)

Simpatía por el Diablo (1968) forma parte del ciclo de Cineteca Nacional Historia del Cine Documental, que se lleva a cabo los jueves y viernes en el Museo Carrillo Gil. Para más información consulta nuestra página: www.cinetecanacional.net

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