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Cine Sapiens
Por Cineteca Nacional
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La batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas
Por Cineteca Nacional
11 de mayo, 2012
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Por: Gustavo E. Ramírez (@gustavlotwitt)*

 

Al más puro estilo del direct cinema —unos años antes revelado al mundo entero a partir de sendos documentales­ como Crisis: Behind a Presidential Commitment y Woodstock—, La batalla de Chile, primer largo del documentalista Patricio Guzmán, uno de las figuras más importantes del cine latinoamericano, hace de la observación cinematográfica en su modalidad más periodística una ilustración en carne viva de la dolorosa transición de Chile a la dictadura militar. Como ninguna otra película en su género, se trata de la radiografía puntual de una esperanza derribada a plomo, un filme-manifiesto de tres capítulos y casi cinco de horas de duración en el que los sentimientos y aspiraciones de los sectores populares y su gobierno democrático, encabezado por el presidente Salvador Allende, son registrados hasta sus últimas consecuencias a través de un relato lúcido y pluvial.

 

 

Llevó a Patricio Guzmán siete años de trabajo desde 1972, cuando la cinta empezó a ser filmada con película virgen en parte donada por el  icónico cineasta francés Chris Marker. Por entonces las reformas socialistas de Allende, electo un par de años atrás, eran estratégicamente bloqueadas por la oposición conservadora en alianza con la elite empresarial y un sector del ejército desleal al régimen. Tras una barricada de gafas oscuras y autos último modelo,  señoras y jóvenes de clase alta que circulaban por las calles de Santiago a pocos días de las elecciones parlamentarias de marzo de 1972, clamaban por el regreso de la derecha que durante años protegió sus privilegios de los ímpetus transformadores. Al mismo tiempo, con tácticas propias, cientos de personas en fábricas, talleres y barrios populares se preparaban para defender la legitimidad del gobierno socialista de lo parecía una inevitable confrontación.

Formado como cineasta en España en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, Guzmán y un reducido equipo integrado por el cinefotógrafo Jorge Müller Silva y el sonidista Bernardo Menz, registraron el proceso progresivo de organización de trabajadores, campesinos, amas de casa y estudiantes en apoyo al gobierno constitucional de Allende; a partir de un apasionado seguimiento de los hechos, también mostraron la sofisticación de una resistencia civil conmovedora e inamovible. Con un rigor documental que nos abre la situación a un plano general, lograron plasmar al mismo tiempo las estratagemas ideológicas y maniobras políticas que llevaron a la alianza de partidos opositores, sectores empresariales y grupos fascistas de choque a un golpe de estado que desde entonces podía percibirse en el enrarecido ambiente. El oscurísimo episodio que tuvo lugar meses más tarde, el once de septiembre de ese mismo año, marcaría el violento inicio de una de las dictaduras militares más cruentas del sur del continente.

 

 

Tras el golpe de estado, los rollos de La batalla de Chile tuvieron que ser extraídos del país en la clandestinidad por el propio Patricio Guzmán y su esposa, refugiados en Europa. De manera extraordinaria su postproducción en Francia, donde la cinta vio la luz en tres distintos episodios — La insurrección de la burguesía, El golpe de estado y El poder popular— entre 1976 y 1979, fue apoyada por el Instituto Cubano de Arte y Cultura Cinematográfica (ICAIC), aquel organismo de estado cubano que por la misma época era responsable de financiar prácticamente todas las producciones de la isla. Un dato extra: del camarógrafo Jorge Müller Silva, a través de cuyos ojos la cámara recorre rostros, movimientos y discursos, no se sabe nada desde de noviembre de 1974; al igual que varios miles de chilenos en resistencia durante el régimen de Augusto Pinochet, jefe de la junta militar que usurpó el poder, fue desaparecido por los instrumentos represivos del régimen.

Definido por muchos como el mejor documental de la historia de aquel país, La batalla de Chile concentra los sentimientos decantados de un pueblo que desde entonces (y aún a pesar de la simulación democrática del presente), nunca ha vuelto a ser el mismo. Tras la nostalgia idealista de imágenes y testimonios hoy quizá lejanos en el imaginario de nuestra generación, subyace, probablemente,  la clarividencia de la historia.

 

La batalla de Chile, la lucha de un pueblo sin armas es el filme seleccionado en mayo para nuestro Observatorio, cine de larga duración. Para mayor información visita nuestra página: www.cinetecanacional.net

 

*Gustavo E. Ramírez es antropólogo audiovisual. Colabora en distintos proyectos para Cineteca Nacional.

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