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Cine Sapiens
Por Cineteca Nacional
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La lección de pintura, el aprendizaje reprimido
Por Cineteca Nacional
9 de junio, 2012
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Por: David Ramírez García*

En los últimos años, el cine chileno ha intentado expiar los pecados que le dejó la dictadura. Y lo ha hecho de diferentes maneras: desde documentales que tocan el tema de primera mano, hasta ficciones que, ubicadas en ese contexto, abordan el periodo como algo periférico al desarrollo de su trama.

Como parte del 32 Foro de la Cineteca Nacional nos llega La lección de pintura (Chile- México-España, 2011) el más reciente largometraje —basado en la novela de Adolfo Couve— del director chileno cuyo trabajo fue censurado durante la dictadura, Pablo Perelman. En él se relata la historia de Aguiar (Daniel Giménez Cacho), un boticario obsesionado con ser pintor, cuya rutina cambia drásticamente con la llegada de Elvira (Verónica Sánchez), una joven mujer que se ofrece a trabajar como su ayudante, y de su pequeño hijo, Augusto, quien tiene un extraordinario talento para el dibujo. Aguiar tratará de inculcar al niño el gusto por el arte y las diferentes corrientes pictóricas.

 

Películas de ficción como Machuca, Tony Manero y Post Mortem, nos han mostrado una mirada citadina de la realidad chilena de aquellos años: marchas, militares en las calles y represiones son constantemente llevadas a la pantalla por directores como Pablo Larraín. Algunas han llegado un tanto más allá, exhibiendo imágenes de ejecutados, morgues e incluso autopsias. En Lección de pintura, sin embargo, nos encontramos con el lado rural del conflicto, representado por hechos como las marchas de la reforma agraria de los años sesenta. De la mano de estas imágenes, representativas del ingrediente político presente en casi toda la filmografía de Perelman, vamos incursionado en el ambiente social a partir de distintos ambientes, ya sea a través de los noticieros radiofónicos que comentan los problemas de Salvador Allende en el poder, o de la rápida visita de los protagonistas a Santiago, donde atestiguan las movilizaciones sociales que tienen un papel central en otra películas.

Aunque la cinta tiene una importante carga político-histórica, es también un melodrama narrado por el propio Aguiar, quien además de fungir como descubridor del particular talento del joven Augusto (Juan José Susacasa), se vuelve parte importante en la vida de Elvira. Es él quien nos irá contando los detalles de cómo Augusto se va convirtiendo en la estrella del pueblo, al hacer retratos de la vida rural y más tarde, de las manifestaciones por la reforma agraria. Pero no solo vemos ese lado de la moneda: el boticario clasemediero se relaciona también con “la alta sociedad” del pueblo, lo que nos permite ver las dinámicas de poder entre distintos sectores y sus paralelismos con el movimiento político que comienza a cobrar fuerza.

 

 

El contenido dramático es manejado superficialmente, conforme la película avanza los elementos históricos se van apoderando de la línea narrativa. Algo queda en claro: a Perelman le interesa más explicarnos las particularidades de la resistencia política chilena que contarnos las vivencias del niño “genio”. A comparación de Tony Manero (Pablo Larraín, 2008), donde la historia del imitador es llevada a un primer plano, sólo contextualizado con algunos recortes visuales e imágenes del periodo dictatorial, el peso del acontecer político ostenta el papel protagónico.

Lección de pintura es una película fácil de asimilar, su estructura lineal nos conduce suavemente por la historia de los tres personajes principales. Se trata de un largometraje que tal vez no sorprenderá, pero que podrá ser disfrutado en la sencillez de su estructura y sus cálidas actuaciones.

No te pierdas La lección de pintura en el 32 Foro Internacional de la Cineteca. Fechas y horarios en la ciudad de México y circuitos nacionales aquí.

 

* David Ramírez García es parte del Centro de Documentación de Cineteca Nacional.

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