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Por Cineteca Nacional
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Moacir, loco por la música
Brasileiro de nacimiento, Moacir dos Santos llegó a Argentina en 1984 en busca de oportunidades laborales que le aseguraran un futuro más próspero. Desempeñándose en pequeños trabajos y migrando de iglesia en iglesia para obtener comida
Por Cineteca Nacional
22 de septiembre, 2012
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Por: Israel Ruíz Arreola (@wacholicious)

Brasileiro de nacimiento, Moacir dos Santos llegó a Argentina en 1984 en busca de oportunidades laborales que le aseguraran un futuro más próspero. Desempeñándose en pequeños trabajos y migrando de iglesia en iglesia para obtener comida, Moacir terminó internado en un  hospital  psiquiátrico donde fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide. En ese periodo de encierro clínico conoció al director Tomás Lipgot, quien lo convirtió en uno de los personajes de su documental Fortalezas (2010). Su extrovertida actitud y peculiar comportamiento, hicieron que el documentalista se interesara aún más por su historia. Moacir siempre externaba su pasión por la música y el baile, y relataba anécdotas de su pasado, en las que, entre otras cosas, aseguraba que en el año en que llegó a ese país registró una docena de canciones de su autoría ante la Sociedad Argentina de Autores y Compositores. Sin embargo, su condición mental y económica no permitió que su sueño musical despegara un ápice de la tierra. Sin dar mucho crédito a lo que le decía, Lipgot corroboró la información y así fue como se hizo de las partituras del brasileño. Decidido a darle una sorpresa, el cineasta fue al reencuentro de Moacir, quien ya había sido dado de alta médica y consiguió un subsidio habitacional. Fue entonces que hicieron un trato: Moacir grabaría sus canciones de manera profesional mientras Lipgot filmaba el proceso.

El resultado es un sencillo pero honesto retrato de un personaje para quien  la música se ha convertido en el remedio natural para olvidar penas y derrochar la alegría que la vida le ha negado. A pesar de que su voz carece del más mínimo grado de afinación y sus falsetes ―si es que los podemos llamar así― no conocen de técnica ni control, la pasión con la que entona sus francas melodías está empapada de emotiva sinceridad. Sus letras son simples y repetitivas, pero al mismo tiempo desbordan pegajosos ritmos y colores. Sea una samba, tango o bossa nova, Moacir grita cantando y canta gritando como si estuviera en el más estridente de los carnavales de Brasil. Su innato talento no es  garantía para alcanzar el éxito, así que, para hacer realidad el sueño de Moacir, fue necesaria la intervención del músico Sergio Pángaro.

Moacir – Trailer from Javier Zevallos on Vimeo.

Tomás Lipgot aprovecha los intermedios entre la producción de las canciones para regresar al pasado de Moacir en el centro de salud y dejar que él mismo nos relate parte de su experiencia de vida, su devoción por la música, y la lucha que ha mantenido para sobrevivir en un país que ha adoptado como suyo.  Su estado psicológico lo orilla a realizar extravagantes comportamientos para la mayoría de la gente “normal”: sus efusivos saludos, los grandes trajes y pelucas lacias y rizadas son sólo algunos ejemplos, que, sin embargo, pierden impacto ante la inocencia de su persona. La única enfermedad de la que Moacir nunca podrá curarse es la del baile y la música, la cual contagia a todo aquel  que conoce.

 

Moacir forma parte de los estrenos de octubre en la Cineteca Nacional. Para ver sedes de exhibición y horarios revisa nuestra página: www.cinetecanacional.net

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