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Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Así es la democracia
Por Onésimo Flores
6 de julio, 2011
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Gustavo Díaz Ordaz ganó la Presidencia de México en 1964 con 89% de los votos y Luis Echeverría hizo lo propio en 1970 con 85%. En 1976 José López Portillo fue postulado por el PRI, el PARM y el PPS. En conjunto, su candidatura presidencial recibió ¡el 94% de los sufragios emitidos! En aquella ocasión la izquierda participó con un candidato sin registro y la derecha se abstuvo de presentarse. Tales eran los tiempos de la “dictadura perfecta” y de la “presidencia imperial”. Así se ganaba en esa peculiar “democracia” mexicana que no lograba despojarse del entrecomillado. En aquellos años, la evaluación ciudadana sobre el pasado y sobre el futuro importaba poco, y la oposición jugaba un papel meramente testimonial. No podía ser diferente. Los resultados de las elecciones estaban decididos de antemano.

La composición de la Cámara de Diputados en dichos periodos reflejaba fielmente esa hegemonía. Por ejemplo, en 1976, solo 20 de los 237 curules en disputa -8% del total- fueron ocupados por candidatos de partidos contrarios a López Portillo. El destino de aquellos legisladores era ser ignorados, pues finalmente no representaban a ninguna fuerza política validada en las urnas. Ni siquiera los diputados del régimen importaban mucho en lo individual. Formaban parte de una masa amorfa, conscientes de deber su puesto al Partido y al Presidente y resignados a saldar su deuda levantando el dedo cada vez que este fuese requerido.

Dada la ausencia de contrapesos, este tipo de resultados era habitual también en los estados: El Presidente escogía al candidato a la Gubernatura, quien ganaba con márgenes abrumadores y lograba siempre un firme control sobre el Congreso local. Por ejemplo en Coahuila, tanto Oscar Flores Tapia como José de las Fuentes como Eliseo Mendoza fueron electos como gobernadores con más de 80% de los votos. Independientemente de las muchas cosas buenas que hayan hecho al frente del gobierno, sus administraciones deben entenderse como producto de un sistema escasamente democrático.

Tanto ha cambiado el país desde entonces que sería injusto comparar lo que sucedía en aquellas décadas con el resultado de la jornada electoral del domingo. Por supuesto que persisten aspectos deleznables y resabios autoritarios que pudieron haber influido en el resultado, y es innegable la vigencia de diversas prácticas diseñadas para manipular voluntades desde el gobierno. Sin embargo, me parece inadmisible creer que los 700,000 coahuilenses que votaron por Ruben Moreira lo hicieron engañados. Más bien, creo que la gran mayoría de ellos recibió, valoró y dimensionó la información y argumentos disponibles, comparó las alternativas y tomó de manera libre su decisión.

La diferencia fundamental de lo observado el domingo con lo que ocurría en nuestro pasado pre-democrático es que en esta ocasión existieron alternativas competitivas en la boleta, que fueron tan sólidas y tan dignas de respeto que merecieron el apoyo de 440,000 ciudadanos igual de libres.

Esos votos -que no son pocos, pues rivalizan con la cantidad que en el 2005 hizo Gobernador a Humberto Moreira– fueron insuficientes para forzar un viraje en el rumbo del Estado. Dada su dispersión geográfica, ni siquiera alcanzaron para ganar un solo distrito. Sin embargo su mensaje fue claro, e ignorarlo sería un acto no solo irresponsable sino además profundamente autoritario. Si de verdad creemos que la democracia es algo más que elecciones periódicas, y si efectivamente la nueva administración pretende “gobernar para todos”, esos cientos de miles de votos deberían cuando menos invitar a la reflexión.

¿Cómo y dónde vamos a incorporar a la vida política de Coahuila los puntos de vista, los anhelos y las aspiraciones de quienes manifestaron su inconformidad con diversos aspectos de la alternativa moreirista? ¿Cuál será la plataforma para traducir sus críticas y señalamientos, muchos de ellos razonables y necesitados de atención urgente, en ajustes y correcciones a las políticas vigentes?

Dadas las reglas electorales vigentes, el Congreso local difícilmente podrá cumplir con esta función, pues la nueva Legislatura está condenada a enfrentar un grave problema de sub-representación política. Mientras que los 700,000 votos que se manifestaron a favor de “Más Moreira” se traducirán en 23 curules, los 440,000 votos que pidieron “Menos Moreira” solo alcanzarán para dos diputados.

Vaya cosa. Resulta que los votos de la oposición estaban mejor representados en el México autoritario de 1976 -aún perdiendo por default- que en el Coahuila democrático de 2011.

“Así es la democracia” dirán algunos, buscando desestimar la pluralidad que existe en mi estado. Así es la democracia iraní, contestaremos otros.

 

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