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Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
De asistente de profesor a profesor asistente
Por Onésimo Flores
21 de octubre, 2011
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Este semestre estoy combinando mis responsabilidades como estudiante con un trabajo como asistente de profesor. Muchos de mis compañeros lo hacen, pues esta actividad sirve de distracción de la tesis doctoral, genera un poco de ingresos, y brinda oportunidades de participar en conversaciones intelectualmente estimulantes. En la jerga académica, el “asistente de profesor” es el pez más chico de la cadena alimenticia, y no debe confundirse con el más distinguido cargo de “profesor asistente”. Nosotros preparamos las clases, revisamos las tareas, escogemos el material de discusión, nos reunimos con los alumnos y sugerimos las calificaciones. Pero no damos clase. Intervenimos, pero no damos clase. Ese honor, ese selecto honor, vendrá después, cuando nos graduemos de ser asistentes de profesor y nos convirtamos cuando menos en profesores asistentes.

Platico esto para compartirles lo que hago además de escribir editoriales. Vivo en Boston, y estoy en la última etapa de mis estudios doctorales. Llegué a esta ciudad con el plan de terminar una maestría y regresar a México lo más rápido posible. En cambio terminaré como doctor en planeación urbana pero mis planes, al menos por ahora, ya no van mucho más allá de eso.

Hace tiempo completé mis cursos y presenté mi examen calificatorio, en el que convencí a un Comité de que tengo dominio sobre los debates relevantes en mi materia. Los dejé tan convencidos que desde entonces el MIT me permite identificarme como “candidato a doctor”. Sonrío un poco al escuchar el título. Quienes me conocen de años, saben que no es precisamente el tipo de candidatura a la que yo aspiraba. Siempre he sentido gusto por ver las ideas reflejadas en acciones, y mis amigos saben que por ello he jugado con la posibilidad de hacer una carrera política o en el servicio público. Sin embargo en estos años he aprendido a valorar la independencia y espacio reflexivo que te brinda la academia. Quizá algún día surja la oportunidad de contribuir con mi país, y esto podría llevarme a retomar aquella ruta profesional… pero por lo pronto estoy satisfecho con mi candidatura, aunque sea solamente a doctor.

Pero regreso al tema. Si todo sale bien, este semestre defenderé mi proyecto de disertación, que es como llamamos a la tesis doctoral. No los aburro con detalles, pero tiene que ver con la re-regulación del transporte público en contextos donde el Estado previamente abandonó el sistema. Hablo de lo que sucedió en buena parte de Hispanoamérica, donde miles de microempresarios llenaron el vacío dejado por las viejas empresas públicas y privadas de transporte público, logrando establecer sus propias reglas y equilibrios. Sus micros, peseros, busetas, liebres y voladoras contaminan, atropellan y congestionan, pero de hecho cumplen una función social de alto valor. Llevan a la gente a donde tienen que ir, a un precio razonablemente barato, sin exigirle a nuestros gobiernos un subsidio público. El trato es tan atractivo que en buen número de nuestras ciudades los políticos les han permitido hacer lo que quieran a cambio de mantener tarifar bajas.

El reto es crear un sistema que brinde mejores resultados al mismo o menor costo. Para ello necesitamos menos unidades mejor distribuidas, y reglas claras que garanticen un mejor servicio y que permitan a los empresarios obtener una ganancia razonable. Es decir, debemos re-regular el sistema que previamente des-regulamos.

Mi estudio busca entender mejor los beneficios de refrendar la rectoría del Estado sobre el transporte urbano, y entender mejor las consecuencias de diferentes estrategias para lograrlo. Si vamos a re-regular, ¿cuáles son las consecuencias (buenas y malas) de incorporar o desplazar a los actuales microbuseros? ¿Cuáles son las consecuencias (buenas y malas) de reinventar el sistema de un jalón, o de avanzar por pequeñas etapas?

Estudio los procesos de implementación del Metrobús del DF, del Optibús de León, del Trolebús de Quito y del Transantiago en Chile para responder a estas preguntas. En los últimos meses he leído reportes, revisado contratos y conversado con distintos actores involucrados en cada uno de estos sistemas. Tengo ya algunas hipótesis al respecto, y solo falta que mis supervisores den el visto bueno a mis planteamientos. Si eso sucede, solo me restará escribir la gran obra que aplacará las preocupaciones de la civilización moderna (o al menos las de mis profesores).

Entonces seré doctor, y podré pararme frente a un salón de clase, y decidir si de verdad quiero ser profesor asistente. twitter: @oneflores

 

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