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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
Del microbusero al empresario
Por Onésimo Flores
16 de febrero, 2011
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La primera vez que las autoridades y los transportistas de León, Guanajuato viajaron a Curitiba, Brasil fue en 1993. Durante su visita, observaron como esa ciudad de tamaño mediano y recursos limitados había revolucionado su forma de crecer y moverse. Los visitantes pudieron constatar como las rutas de microbuses se coordinaban en lugar de competir entre si. Observaron como los usuarios podían cambiar de unidad varias veces en el mismo viaje sin tener que pagar transbordo. Vieron como la ciudad podía funcionar con menos camiones, incrementando los márgenes de utilidad para los operadores, mejorando el servicio que reciben los usuarios y reduciendo ruido, contaminación y congestión.

Como resultado de esta experiencia, las autoridades leonesas crearon el Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN), diseñado a imagen y semejanza del IPPUC brasileño, y se dieron a la tarea de sentar la bases de su Sistema Integrado de Transporte (SIT). El proceso fue arduo. Muchos de los trece grupos transportistas en León distaban de ser empresas, operando más bien como asociaciones de “hombres-camión”. Cada individuo compraba sus propias llantas y refacciones, guardaba y daba mantenimiento a su unidad, reclutaba y supervisaba a sus chóferes, defendía sus territorios y presionaba a la autoridad para extender sus derroteros. Los conflictos por el control de rutas, por obtener nuevas concesiones y por aumentar las tarifas eran cíclicos, y se resolvían bajo criterios más políticos que técnicos. La administración era tan desordenada y la relación con las autoridades tan conflictiva, que al final quedaban pocos recursos para mantener o reponer las unidades, y poca energía para pensar en mejoras.

Ser microbusero era más que un negocio. Como nos recuerda Gallo Show, era un estilo de vida…

… que quizá funcionaba para algunos ligues esquineros, pero que también lograba que “de las cosas detestables que tenemos, los camiones sean muy dignos de mención”

Pero en León, año con año, las autoridades y los transportistas fueron transformando el sistema. Reformaron el marco jurídico del transporte, para que fuese el municipio y no el estado quien rigiera el servicio. Ordenaron rigurosos estudios técnicos para entender los patrones de movilidad de la ciudad y para evaluar distintas alternativas para optimizar las rutas. En 1998 crearon un Fideicomiso de Modernización del Transporte, mediante el cual los transportistas se comprometieron a reservar $40 pesos diarios por cada unidad en circulación para un fondo de mejoras. Poco tiempo después, establecieron otro fideicomiso para posibilitar el cobro electrónico de la tarifa.

En el 2001, tras un viaje a Bogotá organizado para conocer el famoso sistema Transmilenio, las autoridades invitaron a los transportistas a dar el siguiente paso. Era el momento de implementar el sistema integrado de transporte que había inspirado tantos cambios. El plan incluía retirar el empalme de rutas en las avenidas principales, sustituirlas por corredores de autobuses articulados en carriles exclusivos, y convertir el resto de las rutas de la ciudad en alimentadoras. El gobierno prometía invertir en estaciones, pavimentos y en la construcción de grandes terminales de transferencia. Una vez instalado el sistema, los usuarios podrían transbordar de una unidad a otra por un mismo pago, y la compensación para los operadores sería por kilómetro recorrido y no más por el número de pasajeros levantados. Es decir, los transportistas de la ciudad dejarían de competir entre si, y en lugar de ello quedarían integrados en un sistema coherente y funcional.

Terminal de Transferencia San Jerónimo

El cambio fue muy complicado, pues el proyecto implicaba transformar los patrones de movilidad de toda la ciudad, así como establecer un esquema institucional y financiero mucho más robusto y centralizado. Los transportistas me relatan que en aquella ocasión el alcalde fue duro. Sin ambages, les advirtió que “el sistema será implementado con ustedes o sin ustedes”. Sin embargo los transportistas estaban listos. Las cuotas diarias que habían reservado años antes les brindaron la liquidez necesaria para dar el enganche de los nuevos camiones y comprar las instalaciones. El sistema de cobro electrónico tenía tal éxito, que su flujo de ingresos fue aceptado por los bancos como respaldo para autorizar sus créditos. Y para entonces el “hombre-camión” ya no era el esquema predominante, por lo que hubo menos resistencia a la sustitución de unidades y a la cancelación de algunas rutas.

Sobra decir que en León no hubo una licitación para seleccionar a los operadores del nuevo sistema. Hay quien me ha dicho que esta decisión fue producto de una “muy mexicana” tendencia a evitar el conflicto o a favorecer a los amigos. Por supuesto que la estrategia tuvo aspectos criticables, pero las cosas parecen estar funcionando. Quienes no quisieron o no pudieron adaptarse al nuevo modelo de negocio vendieron sus concesiones o se han asociado con otros inversionistas, y los estándares de servicio se han mantenido. Tan es así que hace un mes las autoridades y los transportistas de León fueron galardonados con el Premio Internacional de Transporte Sustentable por el arranque de la segunda etapa del Sistema.

Y lo cierto es que muchos de quienes operan el servicio siguen siendo los mismos que durante décadas ruletearon por las calles de León. Solo que ya no son “hombres-camión”, sino accionistas.

Ya no son microbuseros. Son empresarios.

Línea Centro-Garita, S.A.

Autobuses Urbanos y Suburbanos de León, SA de CV

@oneflores

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