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Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
El arte de negar información pública
Por Onésimo Flores
23 de mayo, 2012
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Hace algunas semanas publiqué aquí un artículo relatando lo difícil que es lograr que un gobierno transparente sus gastos en publicidad oficial. La razón me parece obvia: Mostrar su contabilidad en la materia demostraría que nuestros funcionarios habitualmente hacen pagos que no pueden justificar en público. Es decir, los pagos por “publicidad oficial” y “comunicación social” incluyen tantos servicios paralelos (pégale a este, defiende a aquel, proyéctame a mi, no saques este dato, destaca esta nota, etc) que la contra-prestación resulta mucho más onerosa que lo que valen en el mercado los espacios publicitarios. Ningún funcionario podría transparentar sus listas de prestadores de servicios publicitarios y revelar los montos que pagaron sin arriesgarse al escándalo: Los acusarían de comprar lo que no deben comprar, o de pagar más de lo que deberían pagar.

La opacidad, pues, no sorprende. Sin embargo es cómico ver como los funcionarios de gobierno responden a las solicitudes de información ahora que se ha legislado tanto en la materia. Antes, solo apagaban la luz y listo. Aquí nadie sabe y nadie supo. Ahora tienen que emplear toda su creatividad para continuar siendo materialmente opacos sin dejar de ser formalmente transparentes. A quien pregunta lo traen dando vueltas, le entregan información incompleta, incomprensible o irrelevante, dicen que la información no está en sus archivos, o que es tanta que no tienen el personal para procesarla. Cuando el ciudadano se inconforma contra una solicitud ante los Institutos de Transparencia, vuelven a contestar con el mismo tono. Total, la resolución tardará meses y los Institutos de Transparencia tienen tan pocos dientes que a nadie espantan. Las estrategias son múltiples, buscando siempre contestar lo mínimo necesario parar ubicarse dentro de la Ley, pero al mismo tiempo para lograr derrotar al ciudadano por cansancio. En otras palabras, responder solicitudes de información se ha vuelto un arte.

Van tres ejemplos de los principales municipios de mi Estado.

a) Caso Piedras Negras:

“La información es confidencial”, “protegida por los secretos comercial, industrial, bancario y fiduciario”. Orale. Supongo que ya entrados en gastos también está protegida por el Secreto de Estado, ¿no? Y por si no fuera suficiente el charoleo de “secretos” me aclaran que entregar la información “implica la revisión abrumadora de documentos y expedientes causando un entorpecimiento abrumador de las actividades desarrolladas por esta Dirección”.

Me declaro abrumado por tan abrumadora respuesta.

(pueden pinchar en las imagenes para verlas en grande)

b) Caso Saltillo:

Tienen la información, y está disponible por supuesto… solo que “al tratarse de un alto volumen de documentación (210,000 aproximadamente) no se está en posibilidad de proporcionarla en la forma solicitada”. Ah, orale. Ojalá sean 210,000 hojas y no 210,000 cajas. Un resumen hubiera sido útil, pues Saltillo tiene solamente 7-8 periódicos, 2 canales de televisión local y unas 10-15 estaciones de radio, por lo que cada medio representa  miles de hojas (o cajas).

Me imagino la escena y sonrío… “Lupita, el alcalde quiere saber cuanto le debemos al medio fulanito de tal. Vaya a la bodega y saque de la caja número 76,767 las carpetas 15,234-B, C, D y E. Búsqueme las facturas número 24,922 a 45,899, y sume todos los montos pendientes”. Aparentemente es imposible picarle a la computadora e imprimir un resumen (para el alcalde o para el ciudadano), pues según contestaron, el desglose del gasto por medio de comunicación, “no se genera en los archivos como usted la requiere”.

210,000 gracias.

c) Caso Torreón:

“Si hay información 2005, 2006 y 2007”, y está disponible en 400 hojas en el Archivo Municipal. Orale, muchas gracias. Parece que Torreón es el municipio más transparente de Coahuila. ¡Pero también solicité la información correspondiente a los años 2008-2012! Ya sabe, incluyendo la información de los gastos contratados por el actual alcalde. ¿Esa no la tienen? Mmmm… no dicen que si, pero tampoco dicen que no. Es decir, a lo mejor quien sabe. ¿Se les habrá olvidado responder? ¿Y que pasó con el desglose por medio de comunicación que también solicité?

Vivillos, vivillos…

El Ayuntamiento de Piedras Negras aplicó la Abrumadorinha, el de Saltillo recurrió al bluff (“aviéntese un clavado en nuestro mar de hojas si está tan interesado”), y Torreón se llevó el campeonato, goleándome con la ya clásica Triquiñuela. Han pasado más de dos meses desde que presenté estas solicitudes, y la impugnación que recién interpuse ante el Instituto de Acceso a la Información contra estas respuestas tardará cuando menos dos meses más. Pasado ese plazo, seguramente tendré en mis manos nuevas respuestas que no responderán mucho, y que solo serán atacables con un costoso y lento amparo.

En otras palabras, los funcionarios saben navegar tan bien el sistema, que el resultado final casi siempre les favorece.  Paradójicamente, mantienen en secreto sus gastos publicitarios, ¡sin poner en riesgo su imagen pública como paladines de la transparencia! La estrategia parece imbatible. Pocos medios están dispuestos a criticarlos por este tema, o a transparentar de motu propio sus negocios con el gobierno. El ciudadano está solo. Puede reclamar, interponer un par de recursos, tuitear un poco, escribir editoriales y manifestarse en alguna plaza, pero difícilmente cambiará algo.

A menos, por supuesto, que sean tantas las voces que se pronuncien sobre el tema, que los medios y los políticos se vean obligados a tomar una posición clara e incontrovertible. Pareciera ser que esto está sucediendo, aunque todavía de manera incipiente. La transparencia en los gastos de nuestros gobiernos en los medios de comunicación fue tema en el pasado debate presidencial, y es una de las banderas principales del movimiento estudiantil que tomó las calles en días recientes. Quizá como resultado, algunos candidatos presidenciales comienzan a hacer planteamientos concretos al respecto. Que bueno.

Ojalá que este tema se mantenga en la agenda nacional tras la coyuntura de la elección. Ojalá que algo cambie, y que nuestros funcionarios queden liberados para aplicar sus talentos a otra cosa.

 

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