El movimiento que no existe (todavía) - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
El movimiento que no existe (todavía)
Por Onésimo Flores
26 de febrero, 2011
Comparte

Existe en México un movimiento social en ciernes. Sus miembros defienden proyectos diversos ante diferentes públicos, y por ello no han descubierto lo mucho que tienen en común. Atomizados y sin una estrategia conjunta, son tachados de idealistas y locos, y sus propuestas rara vez adquieren el arrastre necesario para pasar de lo deseable a lo posible. Ninguno de estos ciudadanos representa una fuerza política de cuidado, pues actúan principalmente de forma individual o en pequeños grupos. Sin embargo, si alguna vez trabajan por objetivos comunes, estos mexicanos podrían articular una visión capaz de transformar nuestras ciudades.

De distintos modos, estos mexicanos luchan por cambiar las prioridades de quienes nos gobiernan. Hablo de ciudadanos propositivos como aquellos que alguna vez sugirieron construir un parque lineal en los Arroyos Tórtola y Charquillo en Saltillo o una ciclovía ciudadana en Guadalajara. Me refiero a ambientalistas como los que exigen en Monterrey que no se destine parte de la zona de La Pastora para construir un Estadio de Fútbol, o a los que en Morelia siguen defendiendo la Loma de Santa María de quienes buscan construir una nueva vialidad exprés. Me refiero también a los grupos estudiantiles que protestan en muchas ciudades contra el mal servicio del transporte público y a grupos como Bicitekas, que sueñan con gobiernos que acepten y promuevan la bici como una alternativa real de movilidad.

Podríamos incluir a las personas con capacidades diferentes que demandan banquetas y accesos adecuados, y a tantos deportistas que ante la ausencia de instalaciones, transforman calles y baldíos en estadios domingueros. En este movimiento que todavía no lo es caben artistas locales y pequeños comerciantes, pues unos y otros requieren de espacios públicos abiertos y vivos, capaces de sacar a la gente de sus casas y coches.

Estos grupos aún no actúan en conjunto. Unos luchan por canchas y otros por parques. Unos se limitan a pedir rampas y otros a solicitar banquetas limpias y atractivas. Unos piden mejores servicios y otros mayor respeto al medio ambiente. Sin embargo todos son parte de una misma lucha –cada vez menos tímida- por un uso más democrático y sustentable del espacio público.

Lo que une a estos ciudadanos no es ni lealtad a un partido político ni identidad con una clase social. No se sienten representados por las organizaciones políticas tradicionales, y seguramente muchos de ellos consideraron anular su voto en la pasada elección federal. Distan de ser mayoría, pero a juzgar por lo que ocurre en otros lugares del mundo, representan el futuro. La misma globalización que ha herido gravemente a movimientos históricos como el obrero y campesino, fortalece y energiza a quienes abanderan la lucha por un mejor uso de los espacios en la ciudad.

Si estuviese organizado, este movimiento aplaudiría algunas acciones de algunos gobiernos. Obras y proyectos como las Rutas Recreativas en Saltillo, el Sistema Integrado de Transporte de León, la peatonalización de Avenida Madero y el arranque de Ecobici en el DF, pueden y deben celebrarse. De la misma forma, los posibles participantes de este movimiento se distinguen por nunca renunciar a su capacidad crítica y porque no se dejan apantallar por grandes obras de relumbrón o por tantos proyectos que con recursos públicos aceleran la pérdida de densidad urbana. Sus posibles miembros, cada uno desde su trinchera, ya perciben como en pocos años hemos perdido la escala humana en nuestras urbes… y el asunto les preocupa.

Los síntomas están por doquier: El automóvil es cada día más necesario para trasladarse eficientemente, y cruzar caminando una avenida es casi un deporte extremo. Muchos centros de nuestras ciudades están repletos de locales vacíos, mientras que los consumidores se vuelcan a los grandes centros comerciales. Ni el camión, ni la ambulancia, ni la patrulla llegan a tiempo, pues proveer servicios públicos en ciudades desparramadas es difícil y caro.

Todo lo anterior no es consecuencia del crecimiento natural de la ciudad, sino de una visión urbana promovida desde nuestros tres niveles de gobierno sin oposición alguna. Ocupados cada uno en sus batallas personales, los reclutas de este movimiento pierden la guerra por la sustentabilidad. No se conocen, no se apoyan, y perciben sus luchas como independientes entre si. Actúan como los pueblos bárbaros de la antigua Galia, que incapaces de construir un frente común, defendieron sus ciudades pero perdieron su país entero ante el poderío romano.

Sin un movimiento social vigoroso que alce la voz  y que suba a la agenda pública argumentos en contra de soluciones facilitas y vistosas, los políticos nunca dejarán de pensar en el corto plazo. Está claro que por si solos los estudiantes, los pequeños comerciantes, los urbanistas, los artistas, los deportistas y los ambientalistas ejercen una influencia muy limitada sobre la agenda gubernamental local. El gobierno no los ve, y la oposición no los busca. Quizá es tiempo de salir de twitter, organizarse e intentar algo distinto.

Imagen: http://www.habitants.org/

@oneflores

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.