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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
El número de mofles y el combate a la pobreza
Por Onésimo Flores
3 de abril, 2011
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En los últimos 10 años, la proporción de familias mexicanas que cuenta con automóvil creció del 32.5% al 42.2%. El dato adquirió notoriedad en días recientes, pues el Presidente Calderón decidió utilizarlo para defender a su administración del último ataque del líder nacional del PRI. La acusación es muy dura y Calderón no podía permanecer callado. Según Humberto Moreira, “Calderón ha generado cinco pobres por minuto”.

Bolas. Sabemos que la estrategia federal de combate al crimen no es precisamente popular. ¿Y encima arriesgarse a perder la batalla mediática sobre el combate a la pobreza? No, no, no. Imagino el intercambio de telefonazos y tarjetas en el primer circulo presidencial. “A ver, Secretario de Sabequé, páseme una carpeta con información para preparar la respuesta del Ejecutivo. La necesito para ayer. Vamos a callarle la boca a este “bato”.

Aparentemente, lo más contundente que pudieron encontrar los asesores presidenciales fue el Censo de Población y Vivienda 2010. El pasado lunes el Presidente Calderón utilizó los resultados definitivos de este Censo para construir la defensa de su gestión, afirmando que

“se han mejorado las condiciones de vida, sobre todo de las familias más pobres; se ha incrementado su acceso a servicios de salud, educación y vivienda”.

Para fortalecer el argumento, mencionó algunos datos concretos. Tras diez años de panismo, más mexicanos tienen televisión, automóvil, computadora y refrigerador:

Imagen: Excelsior

Entiendo la estrategia de control de daños y celebro el esfuerzo por explicar algo complejo (como la medición de la pobreza) con datos fáciles de entender (como la proporción de hogares con refrigerador). Sin embargo, al menos en lo que compete al automóvil, el argumento es problemático. El consumo de Gansitos Marinela y de chalecos anti-balas también creció en la última década, y no los utilizamos como indicadores de buena alimentación o de seguridad. ¿Por qué tratar de manera diferente al automóvil, declarándolo desde el púlpito presidencial como medida de bienestar? ¿En serio son “menos pobres” o “clasemedieros” quienes tienen automóvil?

Otra manera de plantear la pregunta es la siguiente: ¿Por qué, en los últimos 10 años, tantas familias mexicanas decidieron comprar un coche? ¿Por gusto o por necesidad?

Pienso en Beto, un obrero en la planta Chrysler en Derramadero, quien me dijo que compró coche porque de otra forma tendría que cambiarse de casa. O en Carlos, un oficinista que me explicó que tener auto es la única garantía de que su madre enferma llegará oportunamente al hospital en caso de una emergencia. O recuerdo a Francisca, una empleada doméstica que compró su vehículo para proteger su empleo, pues “en camión siempre llega tarde”.

Para todos estos mexicanos, el coche representa un verdadero sacrificio financiero. Hagan el cálculo. Según la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares 2008, un hogar ubicado en el sexto decil (es decir, con ingresos superiores al 60% de las familias mexicanas), tiene un ingreso total de $9,000 pesos al mes. Según la misma Encuesta, una familia de ese nivel de ingresos y que tiene auto desembolsa, en promedio, $2,971 pesos mensuales para pagar su vehículo, más $727 en “refacciones, partes, accesorios, mantenimiento, combustibles y servicio”.

Es decir, el “gusto” de tener automóvil implica un gasto mensual equivalente ¡al 41% de sus ingresos!

Y sorpréndanse más. La Encuesta subestima el costo real del automóvil. Por ejemplo, no considera gastos adicionales como las primas del seguro, la tenencia o el costo de estacionamientos, y asume que el auto será utilizado poco (¿cuántos tanques de gasolina puedes llenar con $727 pesos?). Pero incluso si damos la cifra por buena, ¿cómo entender que alguien gaste 4 de cada 10 pesos de sus ingresos en tener un auto?

¿Compran coche por gusto o por necesidad?

Sin duda hay mexicanos -como el personaje del video- que ven a su coche con otros ojos, y que están dispuestos a gastar lo que sea por el gusto de tenerlo. Sin embargo, mi impresión es que el segundo motivo es cada vez más determinante. Muchos adquieren su vehículo porque la ciudad que habitan no les deja alternativa.

En las últimas décadas, muchas de las ciudades de tamaño mediano en México han caído en lo que Todd Litman denomina “el ciclo de la dependencia automotriz“. Privilegiamos grandes autopistas urbanas, olvidamos las banquetas, exigimos una sobreoferta de estacionamientos, y continuamos autorizando usos de suelo segregados y de baja densidad. Como resultado, la opción de caminar, pedalear o moverte en camión es cada vez menos competitiva y más costosa en términos de esfuerzo físico, estrés o tiempo. Quien requiera navegar la ciudad con eficiencia, encuentra pronto que necesita un automóvil.

Hay excepciones, pero en esto tanto Humberto Moreira, como muchos de los alcaldes y gobernadores emanados del PRI, PAN y PRD parecen cortados con la misma tijera. Podrán discutir y pelearse frente a los micrófonos, pero lo cierto es que la mayoría de nuestros líderes políticos están de acuerdo en impulsar un modelo de desarrollo urbano que obliga a cada vez más mexicanos de cada vez menores ingresos a depender del automóvil.

Viéndolo cínicamente, la actitud de estos políticos tiene una explicación lógica. El siempre ascendente número de mofles les permite jurar que las cosas van bien y presumir que somos cada vez más ricos.

Desgraciadamente, podría ser al revés.

(Nota: Este artículo motivó una interesante discusión en twitter, por lo que escribí una “secuela” ampliando un poco los argumentos. Pueden leerla acá)

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