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Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
En Coahuila ganó Peña y perdió Moreira
Por Onésimo Flores
4 de julio, 2012
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Fue notoria la decepción de muchos en mi Estado ante el probable resultado de la elección. Mi timeline sufría, regañaba, lloraba:  “Los coahuilenses no tenemos memoria”, “vivimos en Pendejistán”, “ahora si, Villarreal y Chaires celebran con caviar”.

El domingo entero flotaba en el ambiente una especie de desanimo colectivo, que pronto se transformó en incredulidad y molestia. A media mañana Humberto Moreira acudió a la casilla 997 a votar, declarando que “no había hecho nada malo”, que Coahuila “sería de uno de los Estados que mejores resultados le va a dar al PRI” y coqueteando públicamente con la idea de postularse nuevamente para la alcaldía de Saltillo. Según el ex-Gobernador, sus críticos se llevarían una sorpresa: “después de toda la guerra de soquete y lodo, ¿cómo es posible que la colonia donde vive el ex-gobernador sea la de los mejores resultados? Vamos a arrasar en la colonia, en el distrito, y en el Estado”*. 

Sin embargo, en la medida en que avanzó la noche y los datos alimentaron al PREP, comenzó a dibujarse una historia alternativa:

En Coahuila ganó Peña pero perdió Moreira.

IFE, Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP)

De hecho, me aventuro a plantear que Enrique Peña Nieto triunfó en Coahuila a pesar de los Moreira y no gracias a ellos. En el Estado hubo un voto diferenciado lo suficientemente grande como para hacer ganar al candidato presidencial, sin dejar de propinarle una dolorosa derrota a los candidatos Moreiristas al Congreso. Contra todos los pronósticos, y manteniendo el mismo número de votos que en el 2006, el PAN ganó el Senado y conquistó 3 de 7 diputaciones (III-Monclova, VI-Torreón y VII-Saltillo).

Es particularmente difícil entender el triunfo de Luis Fernando Salazar sobre Hilda Flores (al Senado) y de Esther Quintana sobre Enrique Martínez (en el Distrito VII, Saltillo) sin considerar el contraste en sus posturas ante el escándalo del Moreirazo. Ambos candidatos panistas crecieron políticamente al alzar fuerte la voz contra el manejo financiero del Gobierno Estatal mientras que los priístas se desinflaron al avalar y justificar el refinanciamiento desde sus curules en el Congreso Local (contrasten por ejemplo esto y esto contra el min. 3:13 de esto). Por su parte, la izquierda -que no tiene una presencia local significativa- creció hasta alcanzar la misma votación del 2006, sumando el apoyo de priístas inconformes con el control político y manejo administrativo de los hermanos Moreira.

¿Cómo pudo suscitarse esta derrota en el “estado más priísta de México”? Hasta ahora, la única respuesta ofrecida por las autoridades del gobierno y del partido es que los electores son tontos:

Buscando explicaciones

Según calculan, un número significativo de ciudadanos habría anulado involuntariamente su boleta al marcar simultáneamente la opción del PRI y del Verde (que no iban coaligados en Coahuila). Supongo que esto es plausible, y quizá de para plantear una impugnación que permita salvar la cara, pero lo cierto es que este razonamiento enfatiza lo marginal sobre el problema de fondo:

En la elección de Julio 2012, el PRI obtuvo en Coahuila 300,000 votos menos que los logrados en la elección local de Julio 2011.

Mi hipótesis es sencilla: No es que los electores sean tontos y se hayan equivocado al emitir su sufragio, sino que son tan listos que decidieron no equivocarse de nuevo. En Coahuila esos votos huyeron del priísmo local, espantados tras conocer como gobiernan realmente los Moreira. Aún así, muchos votaron por Peña,  pues ni AMLO ni Josefina lograron convencerlos. Lo que dicen los números es que lo único que Enrique Peña debe agradecer a los gobernantes de Coahuila es que el margen de su triunfo se haya reducido.

Desde hace más de seis años, el PRI en Coahuila fue colonizado por una familia. La lealtad mal entendida y la disciplina abyecta sustituyeron al talento y al compromiso cívico como criterios para construir carreras ascendentes en el servicio público. El partido se detuvo en el tiempo, y quizá retrocedió varias décadas de avance democrático. Nunca antes hubo tantos recursos disponibles, ni tanta discrecionalidad en su manejo, ni tanta opacidad en las cuentas. Gobernar en esas condiciones sin contrapesos significativos, cultivó una cultura de desorden y dispendio, con los resultados que todos conocemos.

Mientras Humberto Moreira encontró “hallazgos financieros” para mantener vigente su fórmula de gasto y opacidad, la maquinaria electoral a sus órdenes no dejó de crecer. El punto de partida es el 2005, cuando fue electo Gobernador con 480 mil votos. En el 2008, el PRI ganó todos los distritos locales del Estado, triplicando los votos del PAN. En las elecciones celebradas en el 2009, el PRI ganó los siete distritos electorales federales con 509,000 votos y 33 de 38 Ayuntamientos con 568,000 votos. Finalmente, en julio de 2011 el hermano mayor de Humberto refrendó la Gubernatura y el PRI ganó todos los distritos locales con 721 mil sufragios. Había obras, había gasto social, había mantequilla para todos los panes. Los resultados en la casilla 997, donde vota Humberto Moreira, reflejan bien el resultado: Ahí, en el epicentro de su poder, el PRI registraba diferencias de tres a uno.

¿Cómo pudo pasar tanto tiempo sin que nadie exigiera detalles sobre el origen del dinero? No tengo una buena respuesta. En el 2010, aquel que preguntara sobre la salud de las finanzas del Estado, recibía respuestas tan mágicas como estas (vean a partir del minuto 4:05):

(La entrevista es del Periódico Zócalo, Noviembre 2010. Hasta ese momento, la opinión pública desconocía que el Gobierno del Estado había contratado previamente a esa fecha, cuando menos, 6 créditos por un total de $11,459 millones de pesos, además de los 3 créditos por un total de $5,000 millones adicionales (quizá los mencionados en la entrevista), que se concretarían en diciembre).

Así, Humberto Moreira pudo despedirse de Coahuila con 90% de aprobación,  y entrar a la política nacional por la puerta grande. Bastaron sin embargo unos cuantos meses para que el castillo que levantó sobre cimientos de cristal  se derrumbara. El costo de sus “hallazgos financieros” se volvió insostenible, hubo que acumular los pasivos de tipo diverso que tenía el Estado y los bancos exigieron autorización legislativa para refinanciar los $36,000 millones de pesos que habían sido gastados discrecionalmente sin autorización ni conocimiento del Congreso. Hubo que recortar programas, desocupar burócratas y subir impuestos de urgencia. Nuestros hijos y nietos terminarán de pagar la bancanal de ese periodo.

Cuando por fin pudieron revisar la contabilidad real del gobierno, las calificadoras crediticias Fitch y Standard and Poor’s degradaron cinco calificaciones de un solo golpe a la entidad, destacando no solo el elevado nivel de deuda, sino también la “falta de claridad en políticas y prácticas en los temas de endeudamiento y su registro contable; así como falta de transparencia en la información relacionada con la deuda pública”.

(Por cierto, escuchen el minuto 6:45 de la entrevista de arriba para recordar lo que pensaba Humberto Moreira en Noviembre de 2010 sobre la calificación crediticia A+ que mantenía el Estado a base de maquillar sus cuentas. El reporte de abajo es de Septiembre de 2011, un día después de que se aprobó la restructura de la deuda y se conocieron los números:)

Ante todo esto, no es casual que EPN impulsara la salida de Humberto Moreira del CEN del PRI y vetara su posible candidatura al Senado. Es posible por supuesto que estas decisiones fueran motivadas solamente por presiones de coyuntura electoral, pero la evidencia acumulada dejó en claro que el estilo de gobierno que personifica Moreira es disonante con el proyecto de nación que Peña prometió impulsar. Todos los partidos tienen impresentables, pero ninguno puede sostenerlos en la primera fila de las decisiones.

Los resultados de la elección demuestran que el costo político del Moreirazo es real. De 721,000 votos obtenidos en la elección de Gobernador en julio de 2011, el PRI retuvo solamente 453,000 para Peña y 400,199 para sus candidatos al Congreso, una cantidad de votos inferior a la que registraba el PRI al inicio de la burbuja Moreirista. De haber estado en juego la Gubernatura, el PRI habría perdido Coahuila, como por cierto perdió en la casilla 997, ubicada en la colonia en que vive el ex-gobernador:

"Vamos a arrasar en la colonia, en el distrito, en el Estado"

Este domingo los coahuilenses dieron el beneficio de la duda a Enrique Peña, pero castigaron claramente a los Moreira. Una vez que las instituciones electorales de nuestro país despejen cualquier duda asociada con la elección, los priístas deberán concentrarse en analizar los mensajes que ha enviado el electorado con sus votos. Al menos en Coahuila, espero que los resultados del domingo sirvan para que el ex-gobernador reconsidere su intención de postularse a la alcaldía, para que EPN reafirme su compromiso de hacer un gobierno donde “no tendrán cabida ni la corrupción, ni el encubrimiento y mucho menos la impunidad”, y para que los priístas libres de Coahuila entiendan que es posible y necesario diferenciarse del grupo que manda en el Estado.

* La cita fue registrada por Iveth Hernández, reportera del Periódico Vanguardia de Saltillo, en un artículo que lamentablemente no está en versión web. Para los interesados, el pdf está disponible en esta liga.
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