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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
¿La línea 12 o $100,000 en tu bolsillo?
Por Onésimo Flores
16 de septiembre, 2011
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Encuentro un texto bastante provocador de Ed Glaeser. El economista de Harvard utiliza el caso de Nueva Orleans tras el Huracán Katrina para preguntarnos si los recursos públicos deben invertirse en la gente o en las ciudades.

Pregunta Glaeser:

“¿Debe el gobierno reconstruir Nueva Orleans, o simplemente darle un cheque a sus habitantes?

“Para darle un poco de contexto a las cifras, imaginemos que el gobierno fuera a invertir $100 billones de dólares en infraestructura para los vecinos de Nueva Orleans. Un destino alternativo para esos recursos sería darle a cada uno de los vecinos un cheque por un poco más de $200,000 dólares.

El ingreso per cápita anual en esa ciudad es menos de $20,000 dólares, así que este cheque sería equivalente, en promedio, a entregarles sus ingresos de diez años -una cantidad nada despreciable, potencialmente suficiente para transformar la vida de muchos ciudadanos. La cantidad es suficiente para mandar a varios hijos a la universidad, para comprar una casa modesta, y/o para reubicar y reiniciar un negocio .

Si el dinero fuese repartido entre los 1.33 millones de habitantes del área metropolitana de Nueva Orleans, cada habitante seguiría recibiendo $75,000 dólares, todavía suficiente para comprar una casa en muchas áreas de los Estados Unidos.  

¿Acaso los beneficios que genera la reconstrucción de infraestructura son superiores a los beneficios que obtendrían los habitantes de esa ciudad si recibieran de golpe su sueldo de tres o diez años de trabajo? La duda queda”.

(acá el texto completo del artículo, en pdf)

La discusión es relevante. Pienso por ejemplo en las delegaciones centrales del Distrito Federal o en muchos centros históricos de la provincia, que han perdido población en las últimas décadas. ¿Vale la pena “pimpearlas” para detener su abandono, o hacerlo equivale -como piensa Glaeser- a una especie de soborno para mantienerlas artificialmente con vida?

Pienso también en programas dirigidos a lugares, como el de “Habitat” de Sedesol. ¿Tiene sentido mantenerlos, o sería más eficiente incrementar los recursos de programas dirigidos a personas, como Oportunidades?

Muchos urbanistas chocan con la opinión de economistas como Glaeser. Finalmente, fue la misma Jane Jacobs la que nos sugirió que el entorno físico influencia profundamente el comportamiento humano. Según la autora de ¨Vida y Muerte de la Gran Ciudad Americana¨, hay que promover y proteger ciertos tipos de entornos urbanos, pues de ellos depende generar comunidades seguras, amables y vibrantes.

Sin embargo, las predicciones de Jacobs no siempre se sostienen, y en todo caso su visión es insuficiente para atender las preocupaciones de Glaeser. Si los barrios que idealiza Jacobs son tan hermosos y deseables, sus habitantes utilizarán sus cheques para quedarse en ellos. ¿No?

Por supuesto, existen argumentos para rebatirle a Glaeser. Algunos son de tipo práctico, como señalar que las inversiones en ¨lugares¨, como la construcción y mantenimiento de parques, escuelas y servicios públicos producen beneficios sociales que no podrían generarse simplemente con transferencias económicas a individuos. La pobreza no se resuelve solamente mejorando el ingreso, sino también mejorando el entorno.

Aunque un vecino reciba un cheque, finalmente tendrá que decidir donde ubicarse. Si asumimos que la vivienda está segregada por nivel de ingreso, el nuevo barrio no será fundamentalmente distinto. Ahí también harán falta inversiones para el lugar, que no necesariamente serán absorbidas por los individuos: como es el caso de escuelas, parques, seguridad pública, etc.

El mismo argumento puede aplicarse para las obras públicas que posibilitan la actividad productiva. Por ejemplo, ni siquiera Glaeser duda que hay que reponer el puerto de Nuevo Orleans y las carreteras que conectan a esta ciudad con sus vecinos. Pocos inversionistas tienen el capital o el incentivo para rescatar estos activos por sí mismos, pero sin duda dichas inversiones valen la pena. Finalmente producirán un retorno deseable en el mediano plazo.

Además, sería difícil delimitar a quien precisamente darle los cheques. Por ejemplo, el FONDEN calcula gastar $17,000 millones de pesos en la reconstrucción de Monterrey, tras el devastador paso del Huracán Alex. Dada la importancia económica que tiene la Sultana del Norte, ¿entre qué población habría que repartir ese recurso? ¿Entre los vecinos de áreas afectadas, entre los habitantes de Monterrey, de su Zona Metropolitana, de Nuevo León o de todo el país?

A pesar de todo, haríamos bien en valorar los argumentos de economistas como Glaeser. Antes de embarcarnos en proyectos de gran envergadura, tendríamos como mínimo que considerar los usos alternativos que pueden darse a los recursos públicos disponibles.

Por ejemplo, ¿qué es mejor? ¿Gastar $37,000 millones de pesos en la línea 12 del Metro (19 mmdp en la construcción y 18 mmdp en los trenes), o entregarle un cheque por $100,000 a cada uno de los 367,000 pasajeros que se supone utilizarán sus servicios?

Yo, por supuesto, prefiero el metro, pero la respuesta no es tan obvia.

¿Ustedes que opinan?

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Twitter: @oneflores

facebook/ciudadposible

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