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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
La "ciclovía ciudadana" y el urbanismo desde abajo
Por Onésimo Flores
17 de enero, 2011
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¿Qué puedes hacer cuando el gobierno de tu ciudad toma decisiones que no compartes? ¿Cómo reaccionar cuando cientos de millones de pesos, de tus impuestos, son canalizados para obras sobre las que nadie te preguntó? No estoy hablando de las acciones de funcionarios corruptos o de administradores ineficientes. Me refiero más bien a lo que sucede cuando un gobernante toma decisiones dentro de la ley para implementar una “visión” que no refleja tus aspiraciones para el futuro.

Los economistas han pensado mucho sobre esto. Para algunos, como Tiebout, las ciudades no son sino amalgamas de preferencias individuales, y la gente toma decisiones sobre en cual ubicarse dependiendo de la canasta de bienes y servicios que estas ofrecen. Su respuesta a estas preguntas sería sencilla: Si no te gusta lo que ofrece tu ciudad, “vota con los pies” y múdate a donde seas mayoría.  Por ejemplo, si te disgusta vivir en una urbe cada vez más auto-dependiente, con escasos espacios públicos, sin diversidad de usos de suelo y con densidades cada vez más bajas, puedes mudarte hacia la Condesa.

Sin embargo la gente no migra tan fácilmente. Pocos pueden costear el cambio de residencia, además de que los trabajos, las escuelas, las viviendas, y las redes familiares y de amigos no pueden sustituirse así como así. La gente desarrolla hondas raíces en “sus” lugares, independientemente de que las constantes intervenciones en el espacio construido puedan volverlos irreconocibles. La mejor prueba de esto es lo sucedido en Nuevo Orleans después del Huracán Katrina. La ciudad que se ha levantado tras esa catástrofe es significativamente diferente, y sin embargo muchos de los vecinos son los mismos. Como muestra este video de PBS, filmado en el quinto aniversario de Katrina, muchos regresaron solamente porque esa ciudad es “su” ciudad.

Por supuesto que hay un grado de insatisfacción tras el cual mucha gente prefiere “votar con los pies”, pero el punto es que dicha decisión implica costos significativos. La alternativa para quienes no quieren o no pueden mudarse es levantar la voz: Participar en juntas de vecinos, escribir editoriales, plantear alternativas, pedir explicaciones. Movilizarse con sus vecinos para obligar, de cualquier forma posible, a que el gobierno se abra al debate y justifique sus decisiones.

Hacerlo es importante, pues una de las limitaciones de nuestra democracia es que cuando elegimos alcalde prácticamente firmamos un cheque en blanco. Mucho, muchísimo queda sin discutirse o sin especificarse en una campaña electoral. Votamos por ideas resumidas en un slogan (eg “seguridad y empleos”) o por un rostro que nos cae bien. Pero no es lo mismo votar por “seguridad” que estar de acuerdo en la instalación de cámaras en espacio públicos. No es lo mismo creer que un candidato representa la mejor alternativa disponible que estar de acuerdo con absolutamente todo lo que pretenda hacer en la ciudad. Dada la falta de especificidad, el ganador cuenta con un amplísimo margen de maniobra para “interpretar” su mandato. Algo pasa tras una elección, que de pronto el “votaron por mí” equivale a decir “votaron por mi autopista urbana”.

Guadalajara nos brinda un ejemplo valioso de lo que puede hacer un grupo de ciudadanos insatisfechos. Desde hace meses, diferentes organizaciones ciudadanas como “Ciudad para Todos” y “GDL en Bici” se han abocado a recordarle al Gobierno los compromisos asumidos en el Plan Maestro de Movilidad Urbana No Motorizada, que incluyen la construcción de 1,500 kilómetros de vías ciclistas y la recuperación de distritos para uso exclusivamente peatonal. Lo mismo han exigido alternativas a la “Vía Express”, el segundo piso que promueve el gobierno estatal, que han cuestionado la decisión de los alcaldes tapatíos de cancelar la Fase 2 del Macrobús, un sistema Bus Rapid Transit que ha merecido reconocimiento internacional. Estos ciudadanos han presentado argumentos, invitado expertos y establecido alianzas con vecinos. Siempre han privilegiado el diálogo, aunque este no siempre sea bienvenido.

El pasado 10 de enero estos ciudadanos decidieron evidenciar que lo que falta en Guadalajara es simplemente un poco de voluntad. Con $12,000 pesos recaudados, construyeron una “ciclovía ciudadana” de 5 kilómetros de largo.  Compraron brochas, hicieron letreros y pintaron las calles. No es que estos chavos sean unos impacientes revoltosos, sino que nadie salvo ellos parece tener prisa por implementar el Plan Maestro. Lo logrado puede parecer insignificante en una ciudad del tamaño de Guadalajara. Pero lo cierto es que con cuatro mañanas como esta podrían duplicar la totalidad de ciclovías construidas por el gobierno hasta la fecha.

Habrá quien considere a la “ciclovía ciudadana” como un acto de vandalismo, y quizá lo sea. Sin embargo, me convencen más los puntos de vista de Geraldine Juárez y de Alicia Ocampo. El resultado  es una “obra maestra del wikiurbanismo mexicano”, que promueve la construcción de una ciudad menos excluyente y que invita a nuestros gobernantes a una urgente reflexión. Queda claro que estos ciudadanos no están dispuestos a observar pasivamente como los partidos y los gobernantes ignoran sus propuestas. Ni van a “votar con los pies”, ni tienen por que esperar a que venga otra elección para votar con la boleta. Con argumentos y con organización, con propuestas y acciones, estos urbanistas ciudadanos demuestran que la ciudad democrática se construye todos los días, con la participación de todos.

(Por cierto, en estas ligas pueden seguir a Ciudad Para Todos y a GDL en Bici en twitter. Ah, y acá hay una nota sobre la Ciclovía Ciudadana publicada en Treehugger).

@oneflores

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