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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
La intención no es lo que cuenta
Quien anuncia una gran cosa y fracasa, eleva el grado de dificultad que enfrentará quien intente lo mismo en el futuro.
Por Onésimo Flores
14 de marzo, 2013
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Hasta las intenciones deben adaptarse al tamaño de la caja. Los soñadores, los visionarios y los iluminados enfrentan tarde o temprano a la pared de las urgencias, de los intereses encontrados, de la falta de recursos. Es bueno que de vez en cuando nuestros líderes eleven la mirada a las alturas, pero no que se olviden de que para abrir nuevas veredas necesitan orientar los ojos hacia el frente. No discuto el valor estratégico que puede tener el entusiasmo, ni la importancia que tiene la voluntad política como ingrediente para lograr un cambio. Tampoco ignoro que gobernar también es mostrarle a la gente que las alternativas existen y que incluso están a nuestro alcance. Lo malo es abandonar a la mitad del camino a quienes confiaron en el gran anuncio. Lo preocupante es sacar la idea del horno antes de cocinarla a punto. Lo terrible es prometer oro y solo enseñar el cobre.

Quien anuncia una gran cosa y fracasa, eleva el grado de dificultad que enfrentará quien intente lo mismo en el futuro. Quien prometiendo un resultado transformador se declara satisfecho con un puñado de migajas, regala argumentos a los críticos que exigían no intentar nada. Quien invitando a soñar solo incuba pesadillas, enseña a la gente a dormir con los ojos abiertos, desconfiando por instinto. Por supuesto que la experiencia del intento nutre, pero también deja cicatrices. No digo aquí que quien ejerce responsabilidades públicas debe hacer de la timidez, la mediocridad y el conformismo sus principales políticas. Por supuesto que necesitamos a los creativos, a los valientes y a los osados al frente. ¡Vale la pena aplaudir a quien se arriesga! ¿A qué ciudad no le encantaría contar con un Alcalde dispuesto a jugarse su carrera y su prestigio para dejar una transformación urbana perdurable y trascendente?

Critico más bien a quienes deciden gobernar a partir de arranques de obra, de presentación de prototipos, de marchas blancas y de firmas de convenios. Hablo de los que crean burocracia sin pensar en quien pagará los sueldos y de los que “modernizan” un servicio público sin discutir cómo fondearlo o regularlo. Me refiero a los vendedores de ilusiones, a los curanderos itinerantes, a los candidatos permanentes. Los observo en el tiempo, moderando y ajustando cada vez más sus grandes promesas. La gran muralla china que proyectaron pierde altura, grosor y belleza antes de que ellos logren colocar la primera piedra. Los descubro hablando más aprisa, como deseando que nadie les pida los detalles. Sin embargo, a veces son tan transparentes que ni siquiera hace falta interpelarlos. Entre frase y frase confiesan que su gran muralla tendrá huecos, que un tercero cobrará en la entrada y que el resultado no se parecerá en nada a la maqueta. Lo que construyen no es “gran”, ni es “muralla”, ni es “china”. A lo mucho dejan una pequeña cerca, que inauguran igual con fuegos artificiales.

Es cierto que hay obstáculos impredecibles. Nadie es capaz de anticipar al cien por ciento el tamaño y la intensidad de las resistencias. No es raro sobre-estimar nuestras capacidades y subestimar los costos. Existen tanto las traiciones inesperadas como las inocentes equivocaciones, y a veces la providencia se interpone a los planes con inusual vehemencia. Sin embargo, cuando perdemos la batalla a la mitad del camino, es mejor no envolver a quienes nos rodean con la bandera del engaño.  No es necesario ni deseable continuar gritando que el proyecto será único e histórico. No es ético ni razonable hipotecar la casa para poder presumir la foto. A pesar de todo el empeño, de todas las buenas intenciones, y de todas las batallas, a veces el visionario queda arrinconado por las circunstancias. Es entonces cuando toca ajustar los sueños al tamaño de la caja, y hacer todo aquello que esté a nuestro alcance para entregar una magnífica primera etapa.

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