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Ciudad Posible
Por Onésimo Flores
Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Política... Fundador de Jetty, la plataforma de transporte colectivo privado en la CDMX. Maestro en Políticas Públicas y Doctor en Planificación y Estudios Urbanos. (Leer más)
La muerte prevenible
¿Qué tipo de ciudades estamos construyendo, donde las familias no pueden caminar a sus casas sin arriesgar la vida? ¿Cuántos accidentes graves resultan de las malas condiciones de la infraestructura peatonal? ¿Cuántas vidas nos ha costado colocar al peatón en el último lugar de las prioridades del gasto?
Por Onésimo Flores
14 de febrero, 2013
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El pasado martes, a las 6:30 de la tarde, un niño de siete años se cayó de un puente peatonal, quedando con fracturas en el cráneo, ambos brazos, pelvis, cadera y tobillo. Poco después perdió la vida. He leído la nota una y otra vez (aquí y acá), con una mezcla de indignación e incredulidad. El puente de doce metros de altura, que pasa por encima de las vías del ferrocarril y conecta a varias colonias populares con el centro de la ciudad, está profundamente deteriorado. La iluminación es insuficiente y faltan varios escalones, dejando peligrosos huecos. El niño tropezó y cayó por uno de ellos, sin que su madre pudiese hacer nada para evitarlo.

Foto: El Diario de Coahuila

¿Qué tipo de ciudades estamos construyendo, donde las familias no pueden caminar a sus casas sin arriesgar la vida? ¿Cuántos accidentes graves resultan de las malas condiciones de la infraestructura peatonal? ¿Cuántas vidas nos ha costado colocar al peatón en el último lugar de las prioridades del gasto? Señalar culpables respecto a este caso específico es necesario, pero insuficiente. Reparar el puente peatonal donde sucedió el accidente sería deseable, pero dicha acción tampoco debería satisfacernos. La situación es de tal dimensión y gravedad, que es urgente que las autoridades de nuestras ciudades hagan un alto en el camino y reevalúen las decisiones que han venido tomando.

De acuerdo con datos del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) (.doc), las ciudades mexicanas reciben al año aproximadamente $12 mil millones de pesos de fondos federales para financiar inversiones relacionadas con la movilidad urbana. Sin embargo, ejercen solo 3% de este monto para mejorar su infraestructura peatonal. Por algún motivo injustificable, los gobiernos locales consideran que la ampliación, mejoramiento y mantenimiento de las banquetas y puentes peatonales son un lujo que no podemos darnos. Año tras año deciden invertir la mayor parte de los recursos a su alcance en obras que benefician desproporcionadamente a la minoría que utiliza auto.dis

El caso de Saltillo, donde sucedió el accidente aquí descrito, es paradigmático. En los últimos 6 años, el Gobierno de Coahuila ejerció $1,500 millones de pesos en la construcción de 21 pasos a desnivel, y $1,200 millones más en un faraónico distribuidor vial (cuyo costo incluye por cierto una inmensa estructura de cemento en forma de “H”, inicial del inolvidable gobernador que promovió la obra). Si bien es cierto que dichos puentes ahorran algunos minutos de viaje a miles de automovilistas, es innegable que también han contribuido a la creación de un ambiente inhóspito y cada vez más peligroso para el peatón y el ciclista.

H en el Mega distribuidor

La comparación es obligada. ¿Cuánto dinero invirtió el gobierno en ese mismo periodo de tiempo para mejorar la red de transporte público? ¿Cuánto dedicó para ampliar la casi inexistente infraestructura ciclista? ¿Cuánto gastó para  mejorar la seguridad y la experiencia del peatón? No tengo datos a la mano, pero sostengo sin temor a equivocarme que el monto total invertido en estos rubros no alcanza ni siquiera al costo de uno solo de los pasos a desnivel construidos.

Lamentablemente, el actual Gobernador de Coahuila está decidido a continuar con la ruta de la inequidad. En diciembre de 2012, anunció la construcción de un nuevo distribuidor vial, que supuestamente servirá “para dar una solución vial y evitar una serie de embotellamientos que se están dando” (video). Iluso yo, pensando que para eso habían construido los 21 pasos a desnivel de la administración anterior. En fin.

¿Cuánto costará esta nueva obra? ¿No sería más oportuno, necesario y urgente invertir los escasos recursos disponibles para proteger la vida de los niños que aún se atreven a caminar por nuestras calles? ¿Cuántos kilómetros de banquetas y de ciclopistas, cuántas toneladas de señalizaciones, cuantos puentes peatonales y cuantas campañas de educación vial podrían financiarse con el presupuesto etiquetado para este nuevo distribuidor? ¿En serio es más importante evitarle a los automovilistas un semáforo que prevenir  tragedias como la ocurrida el martes?

Es tiempo de poner estas decisiones en una balanza crítica. Existe una inequidad sistémica en el destino del presupuesto disponible para la movilidad en nuestras ciudades, que lamentablemente comienza a reflejarse en vidas. Ya basta.

 

 

 

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